
Druso detuvo sus movimientos cuando las cámaras enfocaron a la persona que menos quería ver en ese momento. Sus ojos se encontraron con los de Ally y la vio llorar. Los comentarios de los periodistas acerca de la mujer que lloraba en las gradas fueron mucho peores de lo que imaginó. Se puso de pie, pasando saliva en seco y, antes de que pudiera ir con ella, Hazel se la plantó en frente.
—Será mejor que no intentes hacer nada estúpido —masculló la mujer con la mirada nerviosa—. Ponme el anillo y dame un merecido beso como Dios manda; no querrás verme enojada por algo que hiciste.
Druso la observó detenidamente y le puso el anillo. Los aplausos no se hicieron esperar y cuando ella quiso que la besara en los labios, dejó un beso en su mejilla.
—Haré de tu vida un infierno —la abrazó con un poco de fuerza—. Si creíste que podrías salirte con la tuya, es que no sabes quién soy —acercó sus labios al oído de la mujer, sintiéndola temblar—. Dile a tu padre que se ande con cuidado, porque ahora más que nunca sus vidas están en mis manos y no me importará pegarte un tiro entre las cejas a cambio de que nadie sepa que Astrid es tu hija —dejó un beso en las mejillas de la mujer—. Cuídate, Hazel.
La llevó de regreso a su asiento y vio en ese instante cómo Ally desaparecía con su hija hacia la salida. Su mirada se posó en su entrenador, el cual se encogió de hombros y ese sería el primero en caer en cuanto tuviera oportunidad inmediata.
Fue hacia donde estaban sus compañeros, los cuales se quedaron pensando algunas cosas de lo que acaba de hacer.
—No pensé que te casarías con esa mujer. —Alariel frunció el ceño—. A decir verdad, todos pensábamos que Ally y tú…
—Deja el tema para cuando sea prudente.
El partido continuó de forma normal, pero en sus oídos lo único que se podía escuchar era la forma en la que hablaban de su próxima boda. De vez en cuando miraba hacia las gradas por si veía a Ally con Astrid, pero las miradas de ambas fueron extremadamente dolorosas para él. Había bloqueado con ayuda de un hacker ciertas entradas en el celular de Ally para que no viera absolutamente nada y pensaba que no pasaría a mayores, que tendría tiempo de decirle todo.
Ganaron muy a regañadientes, y ese triunfo no se sintió como algo que quisiera en realidad.
—No te acerques —Druso gruñó hacia su entrenador—. Juro por Dios que te mataré por esto.
—Sí, claro que no lo harás —Richard se encogió de hombros—. No eres más que un hombre que está en mis manos y que, en realidad, todo lo que le pasa es porque no tiene la más remota idea de cómo salir del lío.
—Créeme que las únicas personas que en este momento necesitan de mí son ustedes —señaló—. Sin mí, no habría equipo y sin mí, tú no vivirías con lujos —se acercó a él con pasos decididos—. ¿Crees que no sé exactamente lo que haces con el dinero que se supone que debe ser para mí o el equipo?
—Estás delirando…
—No, no lo estoy; desde que vi que trajiste a Ally para que viera esa porquería, supe la clase de persona desmedida que eras —le señaló—. Me largo de aquí y espero que se mantengan alejados de mi familia por mucho tiempo, o yo mismo me haré cargo de que sepan las clases de personas que son.
—Tienes una hija…
—Astrid es mi hija y si tengo que desaparecerlos a ti y a toda tu familia esta noche, lo haré sin pensarlo dos veces —masculló antes de darse la vuelta e irse a las duchas.
Sus compañeros hablaban entre ellos; sin embargo, no comentaron algo más acerca del dichoso compromiso con el que él ni siquiera estaba de acuerdo del todo. Sus sentimientos y falta de interés en tener algo con ese hombre eran tan…
Sacudió la cabeza y marcó el número de Ally, de su casa y del personal de la entrada del residencial, y estos le dijeron que ella había llegado con su hija en un taxi.
Esquivó a los reporteros, los cuales le hicieron preguntas de su compromiso y del porqué no estaba con su futura esposa. Sus hermanos lo iban a llamar al día siguiente, eso sin duda, y su hermano Azriel era el que más le preocupaba en realidad, ya que estaba pasando por una mala situación.
Volvió a marcar el número de Ally, pero esta, al parecer, de paso lo bloqueó también y eso lo exasperó todavía más. En cuanto su auto se estacionó frente a su hogar, dejó el auto en la vereda y entró rápidamente a su casa, sintiendo que el corazón le latía todavía fuera de órbita.
—¿Ally? —la llamó al verla en la cocina con una taza humeante de alguna bebida—. Tenemos que hablar…
—Hoy entendí por qué razón no podía ingresar y ver algunas noticias tuyas —ella le mostró los documentos frente a él—. Hiciste que un hacker bloqueara ciertas páginas de chismes… Fue esa vez cuando me dijiste que harías cualquier cosa para que no sufriera leyendo cómo me destruía la prensa.
—Todo tiene una explicación, te lo juro que es así. —Druso negó con la cabeza—. Las cosas que dicen ahí…
—Son tan reales, que tú eres el único mentiroso en todo este lío —levantó ambas cejas—. Me mentiste mirándome a los ojos durante todo este tiempo… Yo creía en tus palabras al grado de que me fui perdiendo poco a poco. Ahora me doy cuenta de que nunca me quisiste en realidad.
—Yo sí te quiero —dejó sus llaves en una mesita y se acercó a ella—. Te juro que todo esto es un plan.
—¿Un plan dices? —ella dejó salir una risa seca—. Un plan para humillarme —sacó su celular y le mostró las fotos—. Soy el hazmerreír de todos y con esto nuevamente mi trabajo queda descartado —sus ojos se llenaron de lágrimas—. ¿Quién me va a contratar después de esto?
Druso tomó el celular de Ally y vio todas las fotos que había en las redes. Aunque su nombre estaba con números y signos, era obvio saber que se trataba de ella. La mujer que se emocionó de más al saber que el jugador estrella se casaría. Sin embargo, cuando bajó la pestaña de las notificaciones, vio el mensaje que obviamente la había destruido.