Desastre en el hielo

38. Las cosas en su lugar

Druso rompió sin mucho cuidado el vaso de cristal que tenía en las manos luego de ver la foto que Alariel subió a su red social, luego de haber tenido lo que parecía ser una cita con una mujer misteriosa de la que solo se le veía la espalda caminando por el centro comercial, pero él conocía bastante bien ese cabello, ese caminar y ese abrigo. Era el mismo que Ally había usado ese día antes de salir y, a pesar de que era entrada la tarde, la mujer no había dado señales de vida.

Incluso, su celular sonaba apagado y no sabía qué hacer. Ahora que veía las fotos que Alariel subió a sus historias, se daba cuenta de que Ally estaba ahí con él.

Antes de que pudiera llamar a su amigo, recibió una llamada grupal de sus hermanos y eso no era bueno. Tenía planes ese día para salir y uno de ellos era visitar a su hermana; sin embargo, con lo que ocurría, lo que menos quería era tener que verla triste por algo.

—Ahora te vas a casar. —Niklas lo miró con una mueca en sus labios—. No sé qué es peor, si mamá fingiendo morirse o tú haciendo este tipo de cosas.

—Lo de Celia es personal —Azriel bufó—. Pero eso de casarte es algo fuera de lugar y más si es con una mujer que no quieres.

—Es algo temporal este compromiso —caminó hacia la cocina, dejando a su hija en la sala haciendo sus tareas—. Digamos que actualmente la necesito para acabar con el imperio que ha estado teniendo mi entrenador a través de mí a lo largo de los años —abrió el grifo del agua—. He hecho varias pruebas de ADN, y creo que…

—Que ella es la madre…

—En cierto modo, no —Druso metió las manos bajo el agua—. Conociendo a Richard, supongo que ya debió hacer hasta lo imposible para que saliera que era su hija.

—¿No quieres que te ayude? —Niklas se ofreció—. Puedo hacer que desaparezcan…

—Todavía no —se fue quitando los trozos de vidrio de las manos—. Matarlos ahora sería muy fácil; quiero verlos caer lentamente.

—Tengo entendido que Richard sigue viéndose con su exesposa y que de ahí nació Hazel…

—Fácilmente con eso podría decirle al mundo que es su hija de no sé dónde y que fue mucho antes de su matrimonio —dejó que el agua hiciera su trabajo—. Ally me odia.

—Hasta yo te odio. —Azriel torció los labios—. Si no le dices las cosas como son, se sentirá mal siempre.

—Lo dice el hombre que comete más errores en la vida real que llegando a una carrera de autos —murmuró y cerró el grifo—. Ya veré qué hacer; estoy esperando que llegue para explicarle, pero anda en una cita con otro hombre.

—Yo sí me moriría si Nancy estuviera en una cita con otro hombre…

—Tú no sabes vivir sin tu esposa. —Druso caminó hacia donde había colocado el botiquín anteriormente—. Y menos ahora que la embarazaste.

—Y de gemelos —Niklas chasqueó la lengua—. Volviendo al punto, sabes que puedes decirme que te ayude y lo haré. Si tengo que viajar…

—No es necesario que lo hagas —vendó su herida después de colocarse un ungüento—. Haré todo a mi manera; luego podrán unirse.

—Habla con Ally entonces —Azriel propuso—. Ella no merece tantos secretos; la verdad es que estoy sorprendido contigo, ya que cuidas con tu vida a nuestra hermana, has tenido una hermosa hija a tu lado oculta de nuestra familia, pero en esto no estás siendo lo más inteligente en Minnesota.

—Supongo que tienes un punto —ajustó la venda en esa área—. Voy a pensar en algo ahora, porque necesito tener la mente en pausa por un tiempo antes de morirme.

—Comprendo —Azriel asintió—. Espero que te vaya bien en tus próximos juegos.

—Espero lo mismo.

Se despidió de sus hermanos al cabo de unos minutos y recogió los cristales del piso para que su hija no fuera a caminar descalza como siempre hacía por esa área. Astrid estaba ya guardando sus útiles escolares cuando Ally entró a la casa con unas bolsitas en las manos y luego Astrid fue hacia ella para recibirla.

—Hola, mi amor —Ally desarregló su cabello—. ¿Cómo estás?

—Bien —Astrid sonrió de oreja a oreja al ver las bolsitas—. ¿Regalos para mí?

—Sí, son regalos para ti que compré —le pasó dos bolsas—. Estas son para hacer algunas pulseras.

—¿Me harás a mí?

—Así es. Son para que las tengas como un buen recuerdo —ella levantó la vista hacia Druso—. ¿Me dejas hablar un momento con tu papá, por favor?

—Claro que sí —la pequeña fue por su mochila—. Te espero arriba.

Druso vio que su hija ordenaba el área en la que antes estuvo haciendo las tareas; luego de eso, Ally dio unos pequeños pasos hacia él, deteniéndose lo suficiente para quitarse el abrigo y sacudirse un poco la nieve.

—¿Estabas con Alariel? —fue lo primero que se le ocurrió preguntar al ver el abrigo—. Tu teléfono…

—Lo vi por casualidad en el centro comercial —ella dejó las bolsitas en la mesita del centro—. Cambié de teléfono, al igual que el número.

—¿Por qué no me dijiste?

—Prefiero que manejemos todo como jefe y empleada —Ally cruzó los brazos en su pecho—. Si te soy sincera, tuve que cerrar todas mis redes sociales, cambiar mi correo y hacer un montón de cosas —se encogió de hombros—. Como solo me queda menos de una semana, no veo caso de intercambiar números.

—Ally… lo que viste no es real, y te juro que jamás me casaré con esa mujer —intentó explicarle de la forma más calmada que podía—. Solo es un plan.

—De un plan que de seguro te salió del culo. —Ella rodó los ojos—. Hazme el favor, ya no creo en nada de lo que dices…

—Ella es la madre biológica de Astrid —sus labios se movieron en automático al decir esas palabras y ella lo miró sin poder creerlo—. Hazel me amenazó con que me la quitaría si no aceptaba sus términos.

—¿Crees que voy a creerte?

—Tienes que creerme, por favor. —Druso dio unos pasos hacia ella—. Hazel es la madre de Astrid; no puedo dejar que me la quiten por nada del mundo. Es mi hija, la he criado durante estos años, la oculté de mi familia para protegerla y a esa mujer…




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