Ally esperó a que la nana de Astrid llegara dos días después al residencial. La mujer, la cual tenía la cara llena de preocupación, se mostró un poco decepcionada y apenada por las cosas que pasaron en esa casa. La pobre mujer solo quería ayudarle a su jefe a que tuviera una novia, esposa y compañera de vida, puesto que ella no podría quedarse todo el tiempo con Astrid debido a su edad y sus compromisos.
—Buenos días, señora Tracy —Ally sonrió—. Mi estancia aquí terminó.
—Lamento todo lo que sucedió —la mujer tomó asiento a su lado—. Mi niño es un poco tonto después de todo.
—No se preocupe por eso, ya es algo que viene de familia eso, sin duda —sonrió un poco con desgana—. Usted puede quedarse tranquila; la verdad es que perdí mi tiempo con él —tomó las manos de la mujer—. Pero Astrid me hizo ver las cosas de forma distinta y es bastante bueno.
—Ella es un amor y cuando hablaba con ella, pensé que era con otra persona por su felicidad desbordante que tenía actualmente.
—Me alegra escuchar eso —Ally suspiró y apretó los labios unos segundos—. Me iré pronto a mi país, puesto que aquí no tiene sentido que me quede, pero deseo de todo corazón que cuide bien de ella como hasta ahora, por favor.
—Claro, para mí será todo un placer hacerlo. —Tracy le dio unas palmaditas en las manos—. La he tenido conmigo en todo momento desde que era una bebé y cuando me dijo con su inocencia que te quería como su mamá debido a algunas cosas que encontró en el cuarto de su padre, pues me sorprendí un poco.
—Creo que hasta yo lo hice —quiso reírse ante eso—. Yo igual imaginé que podría tener una relación con Druso, pero las cosas no siempre salen como tenemos planeado y él me dejó a un lado por otra mujer y es lo que más me duele en este momento.
—Lamento eso; sin embargo, Druso es un hombre que no es que haya tenido mucho amor para recibir en su vida y es una pena que haya dejado perder a una mujer tan valiosa como lo eres tú.
—En eso sí que le doy la razón. —Ally asintió y se puso de pie—. Iré arriba; si necesita algo, me dice.
La mujer asintió con una sonrisa cálida y Ally fue a prepararse para la cita que tenía en unas horas con Alariel. No estaba feliz de salir con él, pero era mejor que quedarse encerrada en esa casa todos los días y hacer absolutamente nada. Aun así, Druso cumplió su promesa y el dichoso video que él había dicho que iba a eliminar, pues ya estaba eliminado, pero era obvio que una que otra persona iba a tenerlo por ahí para su uso personal en realidad.
Revisó los vuelos hacia Londres en los próximos días y en su mayoría, todos estaban cancelados debido a las tormentas que estaban azotando ambos países. Sin querer le dio clic a un anuncio, mejor dicho, a una página de deportes, y le apareció el momento en el cual Druso se ponía de rodillas y le pedía matrimonio a esa mujer iracunda que le caía pésimo.
Esperaba que la prueba de ADN saliera positiva y que Astrid fuera su hija, porque no sabría qué haría sin ella cuando se fuera…
—Buenos días —Druso entró a su habitación sin tocar—. Te traje algo de comer.
—No es necesario que hicieras eso —ella bloqueó su celular—. Iba a hacerme algo de comer.
—No importa ya —Druso dejó la bolsa con la comida en la mesita—. ¿Vas a salir?
—Saldré a hacer unas compras para mi viaje —mintió descaradamente—. Estoy terminando unas pulseras.
—Entiendo…
Ally vio que él conservaba todavía en su muñeca la que le robó en Seattle y que suponía que sería para Astrid, y ahí se preguntó si era que a esa mujer no le importaba que Druso estuviera usando esa pulsera, que tuviera tatuajes con el significado que giraba hacia ella y que el número de su camiseta en el equipo era su fecha de cumpleaños.
—¿Quieres algo?
—Que no es necesario que regreses a Londres. —Druso apretó el puño—. Yo sé que estuvo mal todo lo que hice, que te mereces todo lo bueno de la vida, pero, por favor, no te vayas…
—Druso, no es el momento para que te comportes de ese modo tan lastimero —susurró sentándose en la cama y mirándolo un poco preocupada—. ¿No estás durmiendo?
—Es lo de menos ahora. —Él dio unos pasos hacia la cama—. Tú eres la persona que quiero en mi vida…
—Pero yo no quiero ser esa persona en tu vida —respondió de vuelta—. Ya fueron demasiados años sufriendo por tu familia y por ti —pasó un trago amargo mirándolo fijamente—. Aparte de eso, ya se me informó que Willow llegó a salvo a Londres y que Niklas se hizo cargo de llevarla a un lugar para su comodidad.
—Sí, le pedí que, como estaba allá en Londres, se hiciera cargo y que mis padres o abuelo no se enteraran —él le explicó—. Me gustaría ir a visitar su tumba…
—Puedes ir cuando se te dé la gana —respondió bajándose de la cama—. Es tu hija y nunca podría decirte que no estuvieras con ella o algo por el estilo —murmuró incómoda—. Sobre lo de tu compromiso, espero que todo salga bien y que puedas solucionar tus problemas actuales para que logres ser feliz.
—Te dije que solo contigo quiero ser feliz…
—Y yo te dije que no quiero eso para mi vida —cruzó los brazos en su pecho y levantó el mentón—. Te agradezco un montón que me hayas permitido quedarme en tu casa después de todo el escándalo, pero estando aquí no lograré tener mi trabajo.
—Puedo…
—No quiero que hagas absolutamente nada, por el hecho de que cada vez que haces algo, la única persona que sale perdiendo en todo este lío soy yo —señaló con el ceño fruncido—. Prefiero que cada uno se mantenga al margen del otro para evitar malentendidos.
—Pero ya te expliqué todo…
—Pudiste haberme dicho que todo era una mentira, que solo estabas con esa mujer fingiendo y así yo me evitaría llorar frente a millones de personas como una amante patética —rio carente de humor—. Lo que viste ahí fue algo que ni siquiera quiero recordar o ver.
—Ya mandé que quitaran todos esos videos…
—Puedes quitarlos, claro que sí —rio carente de humor—, pero hay personas que descargan esas cosas para hacer memes, maldades y entre otras cosas —se mordió el labio inferior—. Hubiese preferido que todo fuera como el día que nos conocimos —sonrió un poco—. Tú estás iniciando con devorar el universo del hockey y yo iniciando con mis sueños de ser azafata —apretó los labios—. Éramos jóvenes, pero teníamos todo en nuestras manos.