Desastre en el hielo

43. Compras sin control

Mordió su pulgar observando a Druso moverse por la casa y se la ponía difícil. Ese hombre se tomó muy en serio el hecho de arruinarle cada cita con Alariel, pero no le daría el gusto. Ya de por sí, cada uno de sus vuelos nuevamente fue cancelado y, aparte de eso, parecía ser que el universo la odiaba de por sí.

Sus amigas le dijeron que la esperarían, ya que se haría una enorme cena familiar de Nochebuena en un buen sitio por primera vez y, aparte de eso, estarían celebrando algunas cosas más. Por lo que supo, las cosas iban muy bien por allá y la única que tenía el mundo de cabeza era ella en sí y nadie más.

—Ally —Astrid tomó su mano—. ¿Irás conmigo a desayunar?

—Ya tengo planes, pero podemos cenar —comentó ajustando su bolso—. Digo, si tú quieres.

—¿Podemos tener una cena en el jardín? —hizo un puchero—. Menos mi papá.

—Claro que sí, no te preocupes —sonrió—. Me iré ahora; ya me están esperando.

—¿Ahora saldrás todos los días con él? —Druso secó sus manos con un trapo después de salir de la cocina—. Alariel y tú salen muy a menudo.

—Menos a partir del veintitrés —echó su cabello hacia atrás—. Ya que nos iremos a Londres esa fecha, o eso quiero creer, ya que como mis vuelos se están suspendiendo…

—Ya es mañana…

—Pues sí —Ally levantó la mano para despedirse—. Adiós.

Druso frunció los labios viéndola salir de la casa y luego se puso mucho peor cuando vio que Alariel estaba frente a su casa. Al menos, ese sujeto se iría a Los Ángeles y él se largaría por unos buenos días a Londres sin decirle a nadie.

—¿Cómo estás? —preguntó Alariel abriéndole la puerta de copiloto—. Me imagino que Druso echa humo por cómo me ve en la ventana.

—Déjalo que se atragante con su veneno —susurró ella—. Tiene una futura esposa, que vaya a amargarle la vida a ella.

—Creo que tú se la amargas.

Ally no tuvo tiempo de responderle ante eso, puesto que Druso se estaba tomando muy en serio el hecho de querer arruinarle cada cita. Alariel la llevó a la misma cafetería de la vez pasada en el centro comercial, en donde ella tomó algunas fotos de la decoración para mantenerla como un buen recuerdo en caso de que no volviera jamás a ese país en sí.

—¿Ya tienes todo listo para tu viaje a Londres?

—Sí, tengo todo listo —asintió moviendo la pajilla en el vaso—. Espero no regresar nunca a este lugar.

—Auch, me acabas de romper el corazón. —Alariel se llevó una mano al pecho y ella rio—. Aunque con todo lo que has pasado, no te echo la culpa por no querer quedarte en un lugar como este en realidad —estuvo de acuerdo—. No sé cómo alguien como tú pudo aguantar tanto de personas que a duras penas conoces.

—Ni que lo digas —sonrió a medias—. Me quedé sin trabajo; con lo único que sobrevivo es con lo que pude ahorrar durante el tiempo aquí trabajando como azafata y niñera —hizo una mueca—. Aparte de los ahorros que tenía antes de venir.

—Debió ser duro tener que ser niñera.

—Al inicio consideré que sería lo peor, pero Astrid es un amor y es muy aplicada en todo —levantó la mirada hacia él—. Es una niña de la que te encariñas rápido si la conoces bien.

—No puedo decirte eso, porque Druso la protege de todos y ahora que estás en su vida es que salieron fotos de ella —el jugador levantó las manos—. No sé bien cómo ha sido su vida, puesto que después de tantos años en el equipo, ahora es que se abrió más con nosotros.

—Fue porque le aconsejé que se uniera más a ustedes, por el hecho de que estaban en el mismo equipo —dejó salir un pequeño suspiro—. La verdad es que me sorprende todavía que tengan tantos años en el mismo equipo y ni hayan salido de fiesta, copas, comidas o esas cosas.

—Druso es más solitario que una solitaria. —Ambos rieron ante eso—. Sin embargo, no sé bien su historia familiar, sus traumas y ahora que me estoy viendo contigo en plan de amigos, creo que se alejará del equipo o de mí.

—¿Qué? —Ally dejó de mover el líquido en el vaso—. Lo lamento tanto.

—No, está bien —aclaró Alariel—. Escucha, no es tu culpa si él se aleja de mí o de alguien en el equipo, es más por lo que te dije, seguramente —reconoció—. Druso no era muy hablador en plan de amistad, pero las veces que le ha tocado ser capitán del equipo, hemos ganado.

—Bueno, la verdad es que no quiero meterme en líos extraños porque bastantes cosas tengo encima en estos momentos como para que se me sume otro más —levantó ambas cejas—. Aun así, espero de todo corazón que ustedes como equipo puedan salir adelante.

—Esperamos eso y más, que estamos a un paso de llegar a las semifinales.

Ally asintió ante eso y alguien había llegado para pedir sus órdenes al fin. No cabía duda de que ese lugar era muy acogedor y que Alariel sabía qué palabras decir en momentos como esos.

El desayuno fue muy bueno, y le tomó fotos a los platos para, si en el futuro no volvía a funcionar como azafata, pues le serviría estar de influencer. Alariel le propuso caminar un poco por las instalaciones del centro comercial y que no se preocupara en lo más mínimo, puesto que era difícil que ahí se viera con personas indeseables.

Una vez que terminaron de desayunar, aceptó su invitación, mientras veía los mensajes que Druso le enviaba para preguntarle si iría a comer más tarde o no la esperaba. Su respuesta fue que se vería en la cena con la pequeña Astrid y eso era todo.

—Tengo que comprar algunos regalos para mis amigas —le dijo a Alariel—. Ellas amarán este tipo de lugares.

—Ya me puedo imaginar.

—¿En dónde pasarás Navidad?

—Iré a Texas con mis padres —musitó—. Hace tiempo que deseo hacerlo.

—Estás un poco lejos de casa y el que estés jugando aquí…

—Es debido a que fue el único equipo que vio mi potencial, por así decirlo. —Alariel rio entre dientes—. Recibí muchos rechazos y, cuando inicié, este equipo no tenía muchas victorias. Daba asco verlos jugar, hasta que llegó Druso y, como has estado viendo, viajan muchas personas solo a verlo sobre el hielo.




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