Desastre en el hielo

45. Vuelo a Londres

Ally se aclaró la garganta y tomó uno de los paños que se encontraban en la guantera del auto de Druso. Tenía que pensar las cosas con mucha calma de ser necesario, porque no sabía qué hacer en ese momento en específico.

Hicieron una pequeña parada en la clínica de rehabilitación en donde se encontraba Lys, ya que, al ser de forma involuntaria que ella estaba ahí, pues le quedaba poco menos de un mes o tal vez dos para que pudiera salir de ahí.

Lys se veía sumamente cambiada a como era la niña de hace unos meses. Estaba más sonrojada; su cabello blanco hacía un hermoso contraste con su peso actual, que había estado ganando en ese lugar. Tenía apenas diecisiete años, por lo que cuando supo todas las cosas que esa mujer llamada Celia le hizo a su hija años atrás…

—Hola —Lys subió en el asiento trasero—. ¿Nos vamos?

—Hola, hermanita. —Druso se giró un poco para verla—. ¿Todo bien?

—Sí, todo bien. —Su hermana dejó un beso en la mejilla de la pequeña saltamontes—. Mira qué callada está esta niña.

—Es que pasan unas cosas en los asientos de adelante que uno debe mantener silencio. —Astrid rio—. Te ves tan bonita —tocó el cabello de Lys—. Quiero tener tu cabello.

—Vaya… —Lys hizo un puchero—. Y yo que quiero tener tu cabello.

—Tu cabello es hermoso —Ally extendió su mano hacia ella—. ¿Lista para regresar?

—Sí, estoy lista. —Lys estrechó su mano.

Druso nuevamente emprendió la marcha hacia el aeropuerto y todavía continuaba estando con el corazón en la boca, por así decirlo. La verdad es que se sentía muy mal por lo que descubrió; sin embargo, la parte que estaba llena de maldad lo haría sufrir un poco más.

Llegaron a su destino y, como era de esperarse, ya Druso tenía todo cubierto. Un carrito para todo el equipaje que llevaban fue instalado para su servicio, y otro más para los regalos que compraron para pasar la Navidad.

—¿Estás segura de que estás bien? —Druso volvió a preguntarle cuando dejaron el auto en el estacionamiento—. No has parado de llorar desde que entraste.

—Tengo una enfermedad terminal…

—¿Qué? —Druso y Ally se quedaron en shock.

—Es una broma —ella rio—. Vamos, nos esperan unas largas horas y creo que llegaremos de noche.

—No vuelvas a decirme esa clase de cosas —Druso susurró apagando su celular y sacó otro de su bolsillo—. Usaré este para nuestro viaje.

—Hombre precavido —Lys le dio unos golpecitos en la espalda—. Así nadie molesta.

—Ni modo.

Subieron al avión y fueron directamente al área de primera clase. En donde fueron recibidos como reyes por el personal. Ally miró a Druso cuando el personal indicó sus lugares correspondientes, ya que por alguna razón estaba sentada con él en ese sitio.

—¿Por qué conmigo y no con tu hija? —preguntó Ally, tomando asiento—. Druso…

—No te preocupes —él ladeó la cabeza—. Vamos a tardar unas once horas aquí o tal vez doce —se encogió de hombros—. Astrid estará en el asiento de atrás, y nosotros por aquí.

—Tienes todo calculado —murmuró haciendo una mueca—. Eres una basura andante.

—No digas esas cosas —tomó asiento a su lado—. Vamos a…

—Agradezco estas puertas. —Ella le cerró la puerta en la cara—. Gracias por tan hermoso gesto.

—Eso no me detendrá. —Druso bajó la pequeña pared de metal—. Vamos, no seas así.

—Voy a ponerme mis audífonos para dormir; aléjate de mí.

Druso se entretuvo con su hija cuando esta lo llamó y ella aprovechó para ponerle el seguro de su lado en la puerta. Les mandó mensajes a sus amigas de que solo esperaba que el vuelo despegara para poder pasar la Navidad con ellos, pero que iría a su casa, ya que deseaba estar ahí.

Tomó la manta que le ofrecía la azafata y esta al parecer la reconoció, puesto que era un vuelo muy largo y deseaba poder descansar un buen rato sin nadie que la molestara. Aun así, el hombre a su lado parecía estar en su contra, ya que comenzó a hablar por teléfono lo suficientemente alto como para que toda la tripulación lo escuchara.

Cuando se le indicó que podían ya despegar, se ajustó el cinturón de seguridad, fingiendo demencia alguna con el hombre a su lado en la cabina. Por suerte, antes de viajar del auto, se aseguró de que nadie viera la prueba que tenía en su poder…

—¿Vas a estar todo el viaje sin hablarme? —Druso cuestionó estirando su mano para abrir la cabina—. Es un vuelo bastante largo.

—El avión va a despegar y no quiero hablar contigo ahora —volvió a cerrar la pared de metal con cuidado—. Aléjate de mí.

Druso no hizo ningún movimiento para decirle que debía estar con él hablando en sí. Aparte del tiempo que tardarían de viaje, quedaban muchas cosas más por hacer y decir durante ese trayecto. Ella trató de dormir, pero el movimiento del hombre a su lado fue una complicación sin precedentes.

—Como te seguía diciendo —Druso bajó la pared de metal y luego quitó el seguro de la puerta—. Vamos a estar once horas en un vuelo, llegaremos en eso de la medianoche a Londres…

—No es mi problema. —Ally tomó un antifaz y se lo puso—. Voy a dormir todo el viaje; puedes hacer lo que quieras, pero lejos de mí.

—Bueno, ya que estamos en esa —Druso le quitó el antifaz—. Vamos a hablar entre nosotros un buen rato, por favor.

—Ve a hablar con tu hija, por el amor de Cristo —se quitó el antifaz—. No tenemos nada de qué hablar nosotros…

—Astrid se está poniendo al día con mi hermana. —Él apoyó la mejilla en la palma de su mano—. Tomé estos asientos solo para nosotros… —Enarcó una ceja—. Podemos pasarnos todo el viaje hablando entre los dos, poniéndonos al día.

—Bueno, ya que hiciste… —Ally se aclaró la garganta—. Alariel me dijo que podíamos tener una cita de esas virtuales, ya sabes…

—No, me refiero a eso —chasqueó la lengua—. Lo que quiero es que tú y yo hablemos de nosotros —aclaró—. Digo, ahora que sabes que mi supuesto matrimonio es una mentira, podemos llegar a un acuerdo.




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