Desastre en el hielo

48. Calma

Druso arrugó la frente cuando fue a la habitación primero y la encontró con seguro. Se pasó una mano por el cabello, porque Ally quizás lo había dejado afuera. Aun así, esperó un par de minutos antes de volver a intentar entrar a la habitación y encontrarla sin seguro. Ella estaba amarrando el cabello con un paño, algo que había dejado de hacer cuando llegó a Estados Unidos meses antes.

Era tan extraño dormir en la cama de sus difuntos suegros, pero todo lo hacía por ella.

—La puerta estaba cerrada —dijo Druso para romper el silencio—. No pensé que me dejarías dormir contigo esta noche.

—Bueno, no es que sea lo mejor del universo —Ally levantó ambas cejas—. Dormir contigo en la misma cama ya es demasiado malo para mí —se encogió de hombros—. Puedes usar el baño, está limpio.

—¿Quiénes vinieron a limpiar la casa?

—Seguro mis amigas o tu hermano enviaron a algún personal para hacerlo —ella movió la mano para restarle importancia al asunto—. Supongo que eso estuvo bien, porque con el tiempo que tardé fuera de la casa, ya las cosas deberían estar llenas de polvo.

—Tienes un punto. —Fue hacia su maleta para buscar un pijama—. Iré al baño.

Ally hizo un sonido afirmativo antes de meterse debajo de las sábanas. Se dio un baño, pidiéndole permiso de paso a sus suegros por usar su ducha y, una vez que estuvo listo, bañadito y fresquesito, entró nuevamente a la habitación.

Ella estaba dándole la espalda, manteniendo un lado de la cama para él, y se cuestionó seriamente cómo una cama podía ser tan grande en una habitación así. Ally era hija única; la pérdida de sus padres fue extremadamente dolorosa para ella en su momento, y ni hablar de que la otra parte de su familia le dio la espalda cuando supieron que debían al menos ayudarla con los gastos fúnebres de sus padres.

—Lamento que la cama de mis padres no sea igual de cómoda como la que tienes en Minnesota.

—Está bien, tampoco es que sea la gran cosa —se metió debajo de las sábanas también—. Cuando llegué a Minnesota no tenía mucho conocimiento de los condominios, así que dormía literalmente en el piso.

—¿Y no podías pagar un hotel? —ella preguntó con incredulidad—. No seas mentiroso.

—Mi padre me quitó el dinero en cuanto supo que el tercero de sus hijos no quería ser un empresario —masculló—. Sobreviví gracias a Niklas y Azriel —confesó—. Ya te puedes ir sabiendo todo lo que mi padre me hizo pasar.

—Tu padre es una mierda de persona y más porque nunca se atrevió a no decir nada con las cosas que le hacían a tu hermana —se giró para verlo—. Ustedes también lo son.

—¿Nosotros?

—Sí, porque pudieron ayudarla a salir de ahí en su momento, pero se quedaron quietos, viéndola marchitarse poco a poco y eso no es algo de hermanos —Ally le apuntó con el dedo—. Era una niña cuando ella comenzó a vendarla para cerrar tratos; ha de saber Cristo si en algún momento tuvo alguna infección o qué sé yo.

—Ally…

—Déjame terminar —masculló la chica irritada y se dio la vuelta para verlo—. Fueron una familia horrible y yo, si fuera Lys, los mandaría a la mierda a todos, pero como ella es tan buena, cree que sus hermanos son lo mejor de lo mejor.

—Lys es una persona bastante buena como para odiar a las personas de su alrededor —Druso apoyó la mejilla en la palma de su mano para verla—. Ella ahora está bien.

—Pero no precisamente porque quiera hacerlo por ustedes, lo hizo más por ella misma —señaló los hechos—. La verdad es que ustedes dejan mucho que desear.

—Lo sé y más por la crianza que tuvimos todos —Druso asintió—. Estudiábamos carreras que jamás quisimos y al final nos fuimos hacia otro lado.

—Tú estudiaste Ingeniería Mecánica e Ingeniería Aeroespacial casi al mismo tiempo que estudiabas Finanzas…

—Estudié dos carreras aquí y la otra cuando me fui a Minnesota —asintió—. Aproveché el tiempo que estuve solo, sin ti, e hice algunas cositas mientras cuidaba de mi hija.

—Supongo que fue para ti una locura…

—Fue adrenalina en su momento, porque la única persona que sabía que estudiaba dos carreras en universidades distintas era Niklas —chasqueó la lengua—. Además, tú…

—Yo nada y buenas noches —masculló ella apagando la luz de la lámpara.

Drusos suspiró largo y tendido y se acostó nuevamente con la vista en el techo, que parecía hasta ser reparado. La casa era tan distinta a lo que recordaba; esa sensación de paz que los padres de Ally le dieron en su momento todavía continuaba con vida y maldijo a Celia por haberle quitado a su familia.

Giró la cabeza hacia Ally, viéndola con la vista al techo y con los puños apretados contra las sábanas.

—Lo siento.

—Ya duérmete, hombre —Ally bufó—. Déjame pensar.

—¿En qué estás pensando? —cuestionó seriamente—. ¿Por qué fuiste a ese laboratorio?

—Quería saber si tenía alguna enfermedad, porque últimamente tenía migrañas, mareos y me molestaba caminar —musitó—. No es nada del otro mundo.

—¿Segura?

—Sí, por favor, ya duérmete.

Druso hizo un sonido y le dio la espalda. Ya investigaría por sus propios medios qué tanto le ocultaba Ally. Ni siquiera supo en qué momento se había quedado dormido, solo que los movimientos a su lado fueron sutiles en cierto modo, puesto que Ally casi no durmió esa noche y él solo quería saber qué tanto le estaba ocultando.

Al cambiar de número de teléfono, nadie lo molestaría y ya se podría imaginar cómo estaría Hazel buscándolo por todos lados, ya que no llegó a la cena y mucho menos pasaría el resto de esos días navideños con ella.

Cuando despertó al día siguiente, Ally ya no estaba con él en la cama, y cuando la buscó en el baño, se encontró con que ella se había dado una ducha y que eran más de las diez de la mañana. El hecho de estar en otro país le estaba pasando factura, puesto que no se acostumbraba a esos cambios tan repentinos a la hora de dormir, por así decirlo.




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