Desastre en el hielo

49. Momento entre amigos

Ally estaba terminando de ponerse el abrigo cuando escuchó la voz de su amiga entrando a la casa gracias a la llave que tenía. Le había escrito que podía ir con la ayuda de la llave sin la necesidad de que tuviera que tocar la puerta.

—¿Cómo lo llevas? —le preguntó Sariel cuando salieron al patio—. Lamento si el jardín no quedó impecable.

—Descuida, es lo normal en estos casos —sonrió como pudo—. Quiero gritarles a todos que es mi hija, que esa mujer no es su madre, pero temo por su seguridad.

—Yo haría lo mismo que tú. —Sariel tomó su mano con cuidado—. Y lo mismo que Druso, pero tienes que decirle que ella es hija de ambos y que esas personas lo están usando.

—¿Y qué pasa con la niña que iré a ver mañana en el cementerio? —suspiró—. No sé qué hacer, si esa niña tuvo una madre, si la están buscando, si…

—No puedes echarte esa cruz sola. —Sariel miró hacia la casa—. Druso es el padre, tiene contactos, ayuda y…

—Es una porquería de vida —rio con sarcasmo—. Se lo diré mañana o posiblemente después de Año Nuevo —levantó ambas cejas—. Tuve que ir con datos falsos a ese lugar. Espero que sí me crea cuando le diga que es mi hija y que decida ir a un laboratorio de aquí o donde sea.

—Lo hará en cuanto le hables con cuidado —su amiga sonrió un poco más—. Ese hombre te mira como si fueras su mundo, su único universo, y me imagino que ese hombre haría lo que fuera por ti.

—No lo hizo en su momento hace años, menos lo hará ahora —estiró los brazos—. Hoy siento que esa cena será una locura.

—Ya me estoy oliendo el drama que armará Celia al ver que sus hijos se casaron o están enamorados de mujeres pobres. —Su amiga rio—. Con eso de que Azriel le pidió matrimonio a Yilda por todo lo alto, no me quiero ni imaginar lo que hará.

—Este año ha sido una locura —Ally metió las manos en los bolsillos de su abrigo—. ¿Sabes si alguna aerolínea estará contratando?

—Niklas te ayudará a que regreses —Sariel le mostró una pequeña sonrisa—. Ahora vamos, tenemos muchas cosas que hacer para ayudar a nuestra pobre amiga embarazada.

—Nancy está muy redonda —caminó de regreso a la casa—. Niklas no perdió el tiempo en hacerle dos niños así de golpe.

—Es que el hombre anduvo cinco años de migajero detrás de nuestra bebé.

Entraron a la casa y Druso tenía en el sofá un pequeño bolso con los cambios de ropa de los tres. Greg mantenía una distancia prudente con ese hombre, ya que con la única persona que mantenía una relación de amistad era con Niklas y no quería nada más con ese sujeto en caso de que las cosas se salieran de control.

—Mi papá se enojó —Astrid se acercó a Ally—. Parece que va a matar al tío Greg.

—No es tu tío.

—Puedes decirme así —intervino Greg—. Y me caes mal.

—No puedo caerte mal…

—Me caes mal debido a todo lo que he escuchado de ti gracias a las conversaciones que mi novia tiene con su amiga —señaló Greg—. Si me permites, si ella te odia, yo también.

Drus arrugó la frente y enarcó una ceja observando a Sariel, y ella hizo una línea recta con los labios antes de encogerse de hombros y tomar del brazo a su novio para dirigirse a la casa de Nancy para ayudarla con los preparativos de la cena.

Les hizo una seña a las dos personas que se le quedaban mirando antes de que las cosas se salieran de control en ese momento. Druso sacó el auto del garaje en lo que ella aseguraba la casa de los vecinos ladrones, porque no había revisado nada desde su llegada y temía que algunas cosas de valor ya no estuvieran en su lugar.

La casa de Nancy y Niklas, aunque quedaba un poco lejos de la suya, le dio el chance de poder aclarar sus pensamientos de lo que haría el día siguiente. Porque esperaba que el idiota que tenía a su lado pudiera creerle cuando le dijera que esos análisis que hizo tenían hasta un nombre falso.

Ya en la casa de Niklas se encontraban Greg y su hermano Azriel, por lo que cuando Astrid bajó del auto no se lo pensó mucho antes de correr literalmente hacia ese lugar y sentirse lo más libre posible con sus primos.

—Mira qué bonitas estás. —Ally abrazó a Nancy—. Qué pena que ahora tendrás que estar más de un año en la casa.

—Eso le estuve diciendo a Niklas; sin embargo, estoy por considerar seriamente que desea verme en la casa todo el tiempo.

—Con lo que le pusiste al pobre hombre a luchar por ti, hasta yo lo haría. —Yilda se les unió—. Hola, cariño —besó su mejilla—. Te ves…

—Horriblemente con sueño —hizo un puchero—. Mira lo grande que es ese anillo —tomó la mano de su nueva amiga—. Dios mío, te amo un mundo.

—Sí, mi novio me sigue regalando rosas que valen millones de euros —la doctora levantó y bajó las cejas—. Ven, ya vamos a comenzar con la preparación.

Ally se quitó el abrigo y lo dejó en la entrada. Llamó a Astrid para hacer lo mismo, ya que la niña se mantenía con sus primos poniéndose al día con los chismes de la alta sociedad, como ellos mismos le pusieron a sus reuniones. Escuchó a su amiga Sariel decir que ya era momento de que ella también quería tener bebés, porque tenía que verlos a todos ellos jugar.

—Hola —Lys entró a la cocina—. ¿Puedo unirme?

—Claro que sí. —Yilda la rodeó con su brazo—. Mira qué bonito cabello tienes.

—Tu cabello rojo también es bonito —Lys mencionó tímida—. Con razón mi hermano se enamoró de ti.

—Imagínate que tengamos una bebé así de bonita como nosotras…

—Tendría la mitad de tu cabello y la mitad del mío —la hermanita de los tres locos le siguió la corriente—. Hasta el color de ojos…

—Y las pecas…

—¿Ya son lesbianas? —Nancy bromeó—. Ya me imagino a Lys en el futuro con un macho alfa detrás de ella.

—Nadie sabe si pasa al revés. —Ally levantó ambas cejas sacando la carne de la nevera—. Hoy en día, veo que es de familia andar de migajeros…




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