
Druso tuvo que pensar seriamente en su vida después de esa noche, ya que tenía un enemigo mortal sin conocerlo y todo por culpa de la mujer que tenía sentada a su lado. Los chismes entre amigas eran una locura y él estaba en medio de todo ese lío solo por hablar con Ally, por así decirlo.
Ally tenía un vestido y la calefacción de la casa estaba bastante bien esa noche.
—Entonces —Astrid comenzó hablando—. ¿Puedo quedarme a dormir aquí?
—No —dijeron todos los adultos.
—Nos iremos a dormir a mi casa —Ally intervino—. Hay muchos días para disfrutar con tus primos antes de que regresen a Minnesota.
—¿No volverás con nosotros? —Astrid logró que toda la mesa se quedara en silencio en ese momento—. Pero dijiste que íbamos a estar juntas…
—Sí, pero tengo que quedarme aquí para trabajar, porque el aire no se come y allá no tengo permitido hacerlo —le limpió los labios con cuidado—. No obstante, hablamos de eso después, ahora no.
Astrid parecía no estar muy de acuerdo con esa respuesta, pero no hizo más preguntas acerca de eso. Druso, por su parte, se le quedó mirando unos segundos, sabiendo que ella se quedó sin trabajo por su culpa y que, en cualquier caso, andaba vetada en cualquier lado por Richard.
La cena transcurrió entre charlas acerca de la salud de su hermana Lys, la cual comía con más soltura, sin deseos de vomitar o querer salir corriendo por cosas sin sentido que le decía su madre y que nadie en la mesa le decía que era mentira.
—Quiero iniciar la escuela —Lys interrumpió la conversación y todos dirigieron su mirada hacia ella—. Mi terapeuta dijo que podía salir ya de la clínica, porque estoy evolucionando bien y que, si era permitido, podía iniciar el último año ahora, siempre y cuando tenga profesores que validen que estoy capacitada para estar en el último grado de secundaria.
—¿Estás segura de que ya quieres iniciar? —indagó Druso—. Sé que te dije que podías hacerlo; aun así, creo que es mejor esperar.
—Sí, voy a tomarme estos meses de reposición y quiero comenzar mi último año pronto, porque no sé siquiera cómo es ir a la escuela o tener amigos —ella se mordió el labio inferior—. Quiero hacerlo.
—¿Quieres estudiar aquí? —Niklas preguntó con cautela—. Hay buenas escuelas.
—No, aquí no quiero volver después de que me vaya con Druso —negó rápidamente—. Minnesota me gusta.
—De acuerdo —Druso se aclaró la garganta—. Haré algunos trámites y tendrás a esos profesores pronto para que te den clases y buscaremos universidades.
—Me parece una buena idea —Ally intervino—. Ella se encuentra mejor allá que aquí y sería perjudicial para su salud tener que lidiar aquí con las malas vibras de ciertas personas.
—Opino lo mismo —Yilda se metió también—. Yo no me creo ese cambio de Celia ahora que vive en la precariedad.
—Buen punto.
Todos estuvieron de acuerdo en eso. La cena culminó con un pequeño brindis por parte de Nancy, en el que les agradecía mucho que estuvieran ahí en su primera cena como familia; sin embargo, Niklas culminó con que no los quería ver otra vez en su casa en ninguna otra celebración. Aunque lo había dicho en broma, era lo justo, ya que ahora iban a tener dos miembros más en la familia y cada persona ahí tenía otros planes.
A lo mejor Azriel y Yilda querrían tener más hijos en lo que transcurría el año o algo así.
—¿Por qué no me habías dicho que te querías ir? —Druso tomó su mano y la llevó hasta el jardín—. Se supone que vinimos juntos.
—Lo mejor es que me quede sin que nadie se moleste con mi presencia —Ally se soltó de su agarre—. Amo estar aquí, amo estar en un avión, amo poder ser libre y allá sabes mejor que nadie que estaré en tu sombra, que las personas me van a mirar mal en todo momento y que sabrán sobre todo que yo…
—Que tú eres la mujer que amo —Druso confesó—. Sé que hice mal, que no debí ocultarte eso, pero yo te quiero conmigo.
—Druso…
—No, cállate. —Él casi eleva la voz y ella cerró la boca—. Estoy cansado de que me trates de ese modo; estoy harto de tener que lidiar con las personas que me quieren quitar a mi hija por gusto.
—Yo…
—Te dije que te callaras, porque es mi turno de decir todo lo que llevo atorado desde hace tiempo —sentenció y ella se paró recta como si fuera un cadete—. Las cosas por las cuales he pasado últimamente me tienen harto, estresado, con mal humor y con deseos de querer mancharme las manos de por vida con sangre —masculló—. He tenido que soportar cómo te mensajeas con Alariel, cómo mis compañeros de equipo me dejan de lado por cosas que no hice.
—¿Qué no hiciste? —ella no se contuvo más—. Ni siquiera investigaste nada cuando pasó lo de hace años con tu madre; ese chico murió persiguiendo sus sueños y ha de saber cuántas personas tu madre mandó a asesinar como si nada —fue enumerándole—. Tu familia es despreciable, tus padres y abuelo lo son… —Su voz fue bajando—. Cada vez que tenemos una conversación normal, terminamos discutiendo. ¿Es lo que quieres todo el tiempo?
—No, no es lo que quiero y sé que mis padres y abuelo no fueron los mejores del universo y que jamás lo serán —aclaró con seguridad—. Sin embargo, yo no soy así. Siempre has sido tú la persona que he querido en mi vida.
—Sí, claro.
—Lo eres y lo sabes, porque cuando estuvimos juntos la primera vez, te dije que nunca había tenido intimidad con ninguna otra persona que no fuera contigo —él recordó y vio que las mejillas de Ally se ponían rojas de la vergüenza—. Tampoco estuve con otras mujeres durante este tiempo que no nos vimos a la cara, porque yo sí te veía en las redes.
—¿Qué?
—Yo siempre buscaba tus fotos, porque si le preguntaba a mi hermano, sabría todo lo que pasamos juntos en su momento, pero…
—Hablemos después —pidió levantando las manos—. Nos esperan adentro y…