Druso pensó que Ally iba a querer marcharse, pero le dijo que buscara el pequeño colchón inflable para tener un momento en familia en ese lugar. Con el colchón sobre sus hombros, fue hacia donde se encontraban esas dos, y lo dejó caer de forma que se fuera desinflando poco a poco. La nieve estaba por derretirse, por lo que ese colchón que ella había tenido en su casa era la mejor opción.
—Era la comida que más degustaba cuando estaba embarazada. —Ally abrió el arroz con pollo—. Lo probé por una vecina durante mi embarazo, me gustó la receta y desde ahí no paré de comerlo.
—¿Y cuando estabas cruzando la frontera? —Druso abrió la botella que contenía el jugo—. Fueron días complicados.
—Lo fueron —asintió—. Muy poco, a decir verdad, porque éramos muchas personas intentando cruzar y ni hablar de que teníamos que comer tanto. Pude volver a tener mi peso ideal cuando regresé a Londres y comencé a trabajar para pagar las deudas.
—Entiendo —Druso asintió—. Supongo que, al final de cuentas, eso que viviste en ese lugar fue lo peor que te pudo haber pasado.
—No tienes idea —Ally le sirvió un poco de comida—. Hasta me había parecido un poco extraño el hecho de que me hayan dicho que mi hija había muerto en el parto —confesó—. Estaba tan sana, que fue por lo cual decidí emprender ese viaje y los médicos creo que fueron comprados por ese hombre.
—La maldad de algunas personas es algo que no tiene límites —él sacó los cubiertos—. Ahora que todo está en su lugar…
—No todo está en su lugar. —Ally lo miró brevemente—. Tú sigues siendo el hombre que más me hizo sufrir en su momento y, personalmente, prefiero mantener mi distancia contigo.
—En ese caso, me temo que tendré que luchar mucho para tener tu perdón —Druso hizo una mueca—. Me hubiese gustado que me dieras otra oportunidad ahora que ya sabemos que Astrid es nuestra hija.
—Ni loca te doy otra oportunidad —ella sonaba segura de sus palabras—. Cuando te la doy, destruyes todo a tu paso y no quiero pasar por una situación en la que mi vida y la de mi hija estén en peligro.
—Ya te dije que fue un error del momento y que iba a solucionarlo —Druso chasqueó la lengua—. No seas codiciosa, por favor.
—No lo soy —Ally negó con la cabeza—. Simplemente, soy una persona que busca cómo solucionar su vida en sí.
—Ally…
—Papá —Astrid lo llamó—. Estamos en la tumba de una niña que perdió a sus papás, no seas molesto ahora —bufó—. Ahorita, cuando lleguemos a la casa, puedes seguir andando detrás de mamá y ella te va a decir que no.
Ally detuvo sus movimientos con las manos, ya que estaba terminando de servirle a Druso, cuando escuchó que Astrid la llamó mamá. Su corazón latió con tanta fuerza que parecía que se le iba a salir del pecho en cualquier momento.
—¿Me dijiste mamá? —la voz de Ally sonó tan baja que casi ni se escuchó—. Yo…
—Eres mi mamá. —Astrid frunció el ceño confundida—. Te tengo que decir, mamá, a ti y no a la otra mujer que quiere casarse con mi papá.
—Es que es tan…
—Acostúmbrate —Druso intervino—. Las cosas serán de ese modo, porque no habrá nadie que le impida dejar de decirte así.
—Bueno, es que soy su hija y tengo que decirle de ese modo —la pequeña sonrió—. Vamos a comer y a darle gracias a Willow, porque no es hija de Ally y yo sí.
—Eso sonó un poco fuera de lugar, cariño —Ally se aclaró la garganta—. Ella murió, tú no.
—Es la verdad…
Druso negó con la cabeza antes de ponerse a comer lo que Ally había preparado con tanto esmero. Sin embargo, en medio de su degustación en la comida, tuvo que detenerse, ya que le dijeron que debía orar primero y servirle un plato de comida a la niña que había muerto.
A su mente llegó que la única persona que podía darle información de hasta el primer papa que existió en ese planeta era su abuelo Gian, pero ese hombre no le daría nada porque no era su favorito y porque desde hace años que dejó de hablarle por estar solapando cada porquería de sus padres.
Le pediría de favor a su hermano Niklas, ya que él podía investigar a fondo acerca de Richard, su hija y el resto de su familia. Volvió a leer el nombre de la niña que estaba en esa tumba y le dio mucho pesar. Ally pensó que su bebé había muerto hace años, que unos seres desalmados no hicieron su trabajo a la hora del parto y resultó ser un cambio de bebés.
—Creo que en algo tuviste razón —Druso rompió el silencio—. Esa niña tuvo una madre y un padre, y ha de saber Cristo quién era, pero estoy seguro de que tiene que ver con Richard y su hija.
—En eso tienes razón —Ally limpió los labios de Astrid—. Pero no quiero pensar en eso ahora, prefiero mejor tener mi mente ocupada en nuestro día.
—De acuerdo.
Hicieron un brindis en ese mismo lugar y le desearon una buena fortuna en el más allá. Una hora más tarde, se despidieron de la pequeña Willow, prometiendo que encontrarían a sus familiares para que reclamaran su cuerpo y, si no lo hacían, pues se quedaría siendo la hija de Ally de todos modos.
Él desinfló el dichoso colchón, ensuciándose en el proceso debido a la humedad de abajo del mismo, y supo que tendría que llegar a la casa de su hermano para cambiarse de ropa.
—Hola —Niklas les abrió la puerta—. Qué bueno que vinieron.
—Te dije que íbamos a regresar. —Druso dejó que Ally y Astrid pasaran primero—. Ahora, mi hija tiene muchas cosas que hablar con tu hijo y nosotros con ustedes.
—Los demás no han venido. —Nancy abrazó a Niklas por la espalda—. Dijeron que iban a pasar el día en familia, porque para todos es la primera Navidad con sus parejas.
—No sé por qué siento que acabas de darme una indirecta bien directa —Druso entró y cerró la puerta detrás de él—. Hay una noticia que tenemos que darles a los dos.
—Ya Sariel lo sabe —Ally sonrió—. Vamos a la sala, porque no quiero que mi buena amiga termine por completar su embarazo antes de tiempo.
Joshua había bajado las escaleras corriendo y Lys estaba en la sala leyendo un libro. En cuanto vio a Druso, sonrió hacia él y dejó lo que estaba haciendo para presenciar la reunión familiar que se había formado.