Desastre en el hielo

54. Solo una noche

Druso apartó a su hija tomándola en sus brazos cuando vio que Ally le dio tremendo golpe a su madre en la cara. Celia no se esperaba eso, mucho menos pensaba que la chica que años atrás había despreciado se atreviera a tanto realmente. Ally era de armas tomar, una mujer que no se andaba con más rodeos y ella lo sabía.

—¿Qué demonios? —su padre la levantó del suelo—. ¿Qué es lo que ocurre?

—Ocurre que su mujer es una asquerosa narcisista. —Ally miró a Aurel—. Y usted es peor porque lo sabía.

—¿De qué estás hablando?

—De que Astrid es mi hija —Ally comenzó a respirar de manera forzada—. Usted lo sabía.

Aurel se quedó en silencio ante lo que ella dijo y Druso se sintió todavía peor de lo que ya estaba. Su padre siempre supo de las fechorías que hizo su madre; era obvio que iba a saber que Astrid siempre fue su hija biológica.

—Papá…

—Hijo…

—No, cállate. —Druso tensó la mandíbula—. Pensé en un millón de cosas antes de venir aquí, incluso me imaginé que mi padre todo este tiempo te estuvo usando en realidad y nunca lo supiste, pero ahora me doy cuenta de que siempre fuiste la persona que le favoreció en todo.

—Tu padre no lo sabía —Celia habló mientras tenía la mejilla tapada con la palma de su mano—. Nunca se lo dije.

—¿De qué estás hablando? —Aurel miró a su esposa sin reconocerla—. ¿Qué fue lo que hiciste?

—Hace años, su mujer, para alejarme de su hijo, decidió pagarle a un actor para que fingiera conmigo tener una relación de amantes —su voz se quebró—. A cambio de eso, me ayudaría con la cirugía de mi madre, pero fue una mentira, porque la mató e hizo lo mismo con mi papá —la señaló—. Nada de lo que venga de esta mujer es coincidencia, nada.

—Celia, ¿qué hiciste?

—Te lo iba a contar —ella sollozó—. Te lo juro.

—¿Cuándo se lo ibas a decir? —Druso rio—. ¿Cuándo ya no tuvieras nada que perder? ¿O cuando todos se dieran cuenta de que eres una basura?

—No, no es eso… —Celia trató de justificarse—. Fue un error que cometí, lo sé.

—Un error que me costó cinco años —Ally se puso junto a Druso—. Porque sabías de mi embarazo desde el primer momento e hiciste que me vetaran de Estados Unidos y cuando Richard me vio llegar, hizo… —Su voz se quebró nuevamente y las ganas de llorar se instalaron en ella—. Me hicieron creer por cinco años que mi bebé había muerto, que me entregaron a una niña que no era mía, y tú estuviste consciente de que esa niña no era mi hija.

—Yo no sabía que Astrid era tu hija; Richard no me lo dijo y dejé de hablar con él hace muchos años…

—Mientes…

—No miento. —Celia negó asustada—. Luego de que ella perdiera a su bebé por complicaciones médicas, no hice preguntas. Lo dejé estar como estaba y él me dijo que Druso se quedaría con él el resto de lo que quedaba de su contrato.

—No te creo nada…

—Es la verdad —ella cayó de rodillas y Ally se alejó—. Te lo juro, veía tus partidos, luego a Ally aquí trabajar y ya. Nunca me metí con ella después de que terminaron.

Ally dejó salir el llanto y las lágrimas que estaba reteniendo desde hace rato. Celia había hecho cosas horribles y jamás iba a poder perdonarla. La separó de su hija, mató a sus padres…

—Ya no quiero estar aquí —Ally apretó el abrigo de Druso—. Lo siento, pero no puedo perdonar jamás a esa mujer. Tampoco quiero hacerlo en algún momento de mi vida.

—Sí, nos iremos —Druso la rodeó con su brazo—. Lamento las molestias —miró a sus hermanos y a sus parejas—. Regresaré a casa con Ally.

—Puedo llevarme a Astrid y a Yoman —propuso Niklas—. Así pasan noches de primos.

—¿Quieres ir con ellos? —le preguntó Druso a su hija y esta asintió—. Está bien.

Druso salió con su familia de esa casa mientras escuchaba a su padre destruir todo a su paso dentro de la sala. Acomodó a su hija en el asiento trasero del auto de su hermano, diciéndoles que debía conducir con cuidado porque llevaba a su princesa.

Ally se despidió de ellos con un ademán de manos y esperó pacientemente por Druso en el auto. Tenía miedo de todo, pero más de las cosas que no podía hacer. Se metió al auto y emprendió el viaje hacia la casa de Ally, escuchando los pequeños sollozos que salían de sus labios.

—Quería matarla —confesó ella después de unos minutos—. Deseaba quitarla de este plano terrenal.

—Nadie te echaría la culpa si lo haces. —Druso negó con la cabeza—. Puedes estar tranquila.

—Verla otra vez me da la sensación de que nunca cambiará y que solo usa este teatro por pura conveniencia hacia tu padre. —Ally hizo una mueca—. No debí reaccionar de ese modo delante de nuestra hija.

—Descuida —tomó su mano con cuidado y besó sus nudillos—. Iremos a comprar algo para cenar en la casa. Conozco un lugar.

—Está bien.

Ally apoyó la cabeza en la ventana y, sin soltar su mano, Druso condujo todo el camino hacia un restaurante donde tuvo que esperar media hora para que le dieran el pedido. Ya en la casa, le ayudó a quitarse el abrigo.

Él buscó unos platos, porque no iba a dejar pasar la oportunidad de estar con ella esa noche sin que desee clavarle el cuchillo en el cuello. Fue hacia el comedor, dejando todo en su lugar antes de que ella llegara.

—Gracias. —Ally tomó asiento en una de las sillas—. Lamento que no sea así de grande como el que tienes en tu casa.

—No tienes que disculparte, ya que no me importa en lo más mínimo el tamaño del mueble en el que comemos —movió el plato hacia ella—. Come, por favor.

—Está bien.

—Mañana hablaré con mi abuelo para que me dé información acerca de Hazel y Richard —comenzó diciendo para romper el silencio—. Él puede ayudarnos de una u otra manera.

—¿Crees que nos ayude?

—Tiene que hacer o, en dado caso, le pediré ayuda a Niklas en eso —asintió—. Aun así, me haré la prueba de ADN en el hospital en el cual Yilda trabaja; ahí pueden acelerar el proceso y darnos una respuesta para colocarla en el expediente.




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