
En Minnesota.
Hazel tomó sus pastillas a regañadientes y gruñó al no poder contactar a Druso. Este la dejó en ridículo; quería morirse y matar a cualquier persona que estuviera en su camino. Tampoco sabía de esa mujer, y por cómo iban las cosas, supuso que él se fue con ella a Londres. Su padre le había dicho que era imposible entrar ahí sin que se dieran cuenta y ella quería hacerlo.
Ahora, tenía que pasar esas fiestas sola porque su padre no la quería con la nueva esposa que tenía, puesto que su oportunidad de pasar tiempo con la mujer que le quitó a su padre era con Druso.
—Papá tiene que quererme. —Hazel se mordió el pulgar—. Druso es mío y yo soy de ella —se limpió la nariz—. Me dejaron sola… como papá y mamá —se dijo a sí misma—. Ahora…
—¿Qué estás haciendo, maldita loca? —Richard entró a la casa—. ¿Qué te he dicho?
—Es que nadie quiere pasar tiempo conmigo —sollozó y fue a abrazarlo; sin embargo, este le dio un empujón—. Papá…
—Escucha lo que te diré. —Su padre le pasó unas bolsas—. No irás a ninguna parte, puesto que Druso no aparece y mi esposa no sabe de tu existencia como mi hija.
—Podemos decirle…
—¡No le diremos nada! —gritó enojado—. ¡Eres una estúpida! —le dio dos golpecitos en la frente—. Eres una persona que no sabe pensar como se debe, alguien que no tiene conocimiento de que las cosas se salieron de control en algún punto —le señaló—. Teníamos a Druso en nuestras manos.
—Esa mujer es quien se lo llevó…
—Ella se iría para siempre, porque me encargué de eso —masculló su padre chasqueando la lengua—. ¿Qué crees que pasará si Drusos se va del equipo? —preguntó irónico—. Se nos acaba el dinero; los patrocinadores, las apuestas, otras cosas se irán y tú perderás todo.
—Perdí a mi bebé…
—No perdiste a tu bebé —chasqueó la lengua—. Lo mataste al entrar en razón y darte cuenta de que no era de Druso, porque eres una imbécil —se pasó una mano por el cabello—. Estábamos tan cerca, tan…
—Puedo arreglarlo…
—La niña no te quiere. —Gruñó—. Quedaste en ridículo en la reunión de padres. Astrid es el arma que necesitábamos para que Druso se quede con nosotros…
—Él cree que es mi hija —justificó—. Podemos dejar salir la noticia.
—Eso podría hacer que regresara a los partidos —Richard apretó el puente de su nariz—. No va a venir hasta después de las fiestas —dijo pensativo—. Aunque estamos casi en las clasificatorias.
—Yo…
—Haz lo que te pido, Hazel —siseó—. No salgas de aquí, tómate tus medicamentos o yo mismo me encargo de que jamás vuelvas a respirar —sentenció—. Debí hacerlo cuando le hiciste eso a tu madre, debí quitarte del camino y no tener que verte jamás en mi vida.
—Lo siento, lo siento —se arrodilló—. Ellos me dijeron que lo hicieran…
—Sí, claro —respondió su padre con asco—. Le dije a tu madre que eras lo peor que nos podía haber pasado en ese momento y siguió con querer tenerte; ahora tengo que cargar contigo.
—Lo arreglaré, te lo juro.
—Espero que lo hagas y deja el tema de la revelación para después —ordenó mirándola desde arriba—. Hay mucho en juego estos días y ya jodiste todo por no saber pensar con claridad.
Hazel asintió y su padre salió dando un portazo. Un grito de enojo escapó de sus labios al darse cuenta de que esa mujer continuaba en su vida, molestando en todo momento. Quería desaparecerla y, en cuanto la viera de frente, no dejaría pasar la oportunidad.
En alguna parte de Inglaterra.
Levantó la cámara y le tiró un par de fotos a Druso y Astrid mientras estaban sobre el hielo. Habían ido a un lago con un bosque privado en una de las casas de Niklas en ese país y estaban todos reunidos ahí para pasar esos días en familia, lejos de la ciudad. Ella no estaba del todo de acuerdo; sin embargo, la casa estaba siendo remodelada y las cosas de sus padres se encontraban en una bodega para cuando ella quisiera buscarlas o verlas.
Se quedó solo con algunas fotos de ellos y pequeños objetos de valor que no podía tirar en el olvido. Niklas había insistido en que fueran todos a esa casa a pasar el rato, a olvidar los males por unas horas, y ella no podía estar más de acuerdo con eso. Le resultaba placentero ver a su hija disfrutar de esos momentos hermosos antes de que supiera que su padre las dejaría en ese país por los próximos meses.
Druso y ella se hicieron las pruebas de ADN; los resultados Yilda se los enviaría por correo o en el laboratorio, puesto que ella también se tomó esas hermosas vacaciones como era debido.
—¿En qué estás pensando? —Nancy se puso a su lado, pasándole una taza caliente de chocolate—. ¿Te molesta pasar tiempo con él?
—No es eso —la tomó con cuidado—. Druso me dejará quedar con Astrid —le dio un sorbo—. No sé si habló con tu esposo, pero la escuela la terminará aquí.
—Oh, es algo bueno que lo haga. —Nancy asintió—. Niklas pondrá a tu disposición guardias para cuidarte las veinticuatro horas del día.
—No es necesario que lo haga…
—Sabes que eres familia y que mi esposo conocía mucho antes tu pasado que yo —le recordó su amiga—. Niklas es buen hombre y ayuda a los suyos —le guiñó el ojo—. No importa nada del pasado y más ahora que te has vuelto de gran ayuda hasta para su hermana.
—Lys es hermosa, mira su cabello tan blanco.
Las dos le prestaron atención a Lys, la cual estaba aprendiendo a patinar con la ayuda de Niklas y Druso. Las únicas que no estaban en la nieve eran Nancy y Ally. Nancy no podía por su embarazo y ella se propuso tomar fotos. Sariel se había ido con la familia de su novio a pasar esas vacaciones y se verían para Año Nuevo o algo así.
Ella levantó la cámara y tomó las fotos. Cuando pensó que era su turno al fin, se la pasó a Nancy para que ella se quedara sola por andar embarazada; luego fue hacia donde estaban los demás con sus patines ya colocados y con la taza de chocolate a medio acabar. Druso había estado haciendo ejercicios; se levantaba temprano, algunas veces lo hacía casi al anochecer, y ella lo veía a lo lejos con las piernas apretadas y con la sensación de que ese hombre era demasiado bueno para ese mundo.