
Estaba sentado en el asiento trasero mirando las redes sociales. Se sentía como cuando era pequeño y Niklas era quien conducía con Azriel en el asiento de copiloto. Desde que cada uno tomó su rumbo en la vida en cada ámbito laboral, dejaron de hacer esas salidas en familia. Sin embargo, los dos sujetos que iban delante de él estaban muy comprometidos con la vida, tanto con sus parejas como con sus hijos.
Sacó un poco de fritura de la bolsa, llevándosela a la boca mientras pasaba las noticias de su supuesta lección. No había subido fotos por respeto a Ally y a su hija. Sus redes sociales estaban con los comentarios desactivados, pero leía los mensajes de sus fanáticos siempre para saber si ellos estaban bien o no.
—¿Cuándo regresan a molestar a sus casas? —Niklas continuó conduciendo—. Digo, con eso de que son jugadores…
—Cuando aceleres el paso para comprar las cosas que nos faltan —masculló Azriel—. Debiste darme el volante —se pasó una mano por el rostro—. Conduces como abuela de la décima edad.
—Aquí no andamos para matarnos en curvas inexistentes —Niklas murmuró—. Además, estoy conduciendo rápido, no veo el problema.
—Es que ya me estoy durmiendo… —Azriel miró a Druso—. ¿Qué estás haciendo?
—Olvidándome de tu existencia y la del sujeto que me hace dormir —respondió sin mirarlos—. Y viendo mis redes sociales.
—Bueno, vi que tu novia puso que estabas con tu madre —Niklas comentó—. Esa novia es un grano en el culo.
—Ni que lo digas, es realmente molesta. —Druso leyó las noticias—. Le decían pronta recuperación a la mujer que me arruinó la existencia.
—Celia nos arruinó la vida a todos en su momento. —Azriel negó con la cabeza—. La persona que quiero que se muera es Gian, pero como Niklas no quiere que se vaya con San Pedro, pues resulta ser difícil.
—Gian es buena persona —Niklas lo defendió—. Me ayudó en un momento crítico.
—Te ayudó porque eres el único nieto que quiere verlo aparte de Roman, porque ni sus hijos quieren saber de su existencia. —Druso continuó comiendo—. Debe estar muriéndose de la rabia al pasar esos días con Celia.
Druso rio ante eso y negó con la cabeza. Aunque su entrenador no tenía su número de teléfono ahí, era seguro que buscaría la forma de querer saber en qué estaba y, al no encontrarlo cerca de la casa de Ally o en sus alrededores en esos días, pensarían que salieron del país junto con sus hermanos.
Llegaron al pueblo al fin y él pudo estirar las piernas. Las carnes se estaban terminando, puesto que no contaron en sí con qué comerían tanto, y Niklas le dijo que las especies se acaban de igual modo. El hecho de que las personas en esa casa comieran diferentes comidas era demasiado para todos ellos. Lo más chistoso es que ninguna de las mujeres que estaban en la casa quería salir de ahí para comprar las comidas con la excusa de que los hombres debían comprarlas por una buena causa.
—¿Con hueso o sin hueso? —Azriel mostró dos cortes de carne—. A Yilda le gusta lamerlos.
—Lleva los dos —Niklas rodó—. Mete diferentes cortes de carnes en tu carrito y cómpralos. Yo iré por las frutas y vegetales —tomó otro carrito—. Druso que vaya por el aceite, los jugos y las especies.
—Sí, señor.
Druso fue a buscar las cosas de la lista que dijo su hermano, y agregó otras más que este no mencionó, pero que serían de utilidad en el transcurso de los días que pasarían ahí. Incluso, imaginó en su momento que Sariel iría con ellos al igual que su novio, pero preferían quedarse con sus familias y no les echaba la culpa. Ellos sí tenían familia.
Los Lemann en Londres no conocían esa palabra. Llegó al área de los dulces y no se lo pensó dos veces antes de agarrar los helados favoritos de Ally, Astrid y Lys. Le daba igual que su hermano se quejara; de todos modos, Niklas pagaría.
—¿Y eso dará para todos? —Azriel llegó a su lado cuando fueron a pagar—. Son pocos…
—Solo tomé el helado favorito de Ally, Astrud y Lys —lo apartó—. Ustedes pueden tomarse los suyos.
Azriel farfulló una muerte en palabras y fue a buscar los postres.
La verdad es que estaba realmente cansado y le dolían los pies mientras hacía la fila. Con razón a Ally no le gustaba estar haciendo ese tipo de cosas todo el tiempo y compraba las carnes para cocinarlas y que duraran mucho tiempo.
—¿Ninguno de ustedes piensa pagar?
—¿Desde cuándo los invitados en una casa pagan? —Azriel puso azúcar y sal en el carrito—. Creo que ya.
—No me digas que llamaste a Yilda —Druso frunció el ceño—. Se ve que hiciste un par de llamadas para preguntar qué cosas nos faltaban.
—Bueno, es que no todos los días se hacen estas reuniones y ellas saben más que uno —Azriel se defendió—. Yo no volveré a andar en el auto con Niklas. Conduce demasiado lento y mis piernas se duermen.
Niklas fue colocando la comida y de inmediato, los empacadores se acercaron al ver todo lo que tenían ahí. Nunca se había visto tanta comida y una compra tan grande entre las personas en el supermercado del pueblo.
Tuvieron que buscar otro carrito más para meter las cosas restantes y, por suerte, Azriel se acordó de que se cocinaba con aceite y otras cosas más. De regreso a la casa, estaban seguros de que tendrían que ponerse a cocinar también ellos mismos.
—Veo que trajeron muchísimas cosas —Nancy acarició su vientre apenas abultado—. ¿Y vamos a durar tanto tiempo aquí?
—Una semana —Niklas informó—. Ya después nos iremos.
—Es una pena que Sariel haya decidido no pasar el resto del año con nosotros. —Ella le dio un pico en los labios—. Entren todo.
Druso escuchó la risa de Ally desde la puerta antes de perderse en la casa. Se estaban burlando de que les tocó hacer las compras y que les tocaría cocinar. Una vez que organizaron todo, Azriel se dispuso a cocinar con la ayuda de su prometida, al igual que Nancy y Niklas. Los niños estaban en el lago patinando como cada día que pasaba y le daba cierta risa en ese momento que pasara su hija cayéndose o demostrando que era la mejor sobre la pista de hielo.