Desastre en el hielo

60. Despedida

Druso empacó todo con calma y vio a Ally sentada en la cama. Temía que ella decidiera cortar cualquier tipo de relación con él después de que le dio el anillo que había escogido especialmente para ella hace años.

—Dejé todo listo para que puedas estar con ella y te enviaré dinero para sus gastos —cerró la maleta—. Buscaré un buen horario para hablar con ella y que no perturbe su sueño debido al cambio de horario que tendremos.

—Está bien. —Ally metió las manos en los bolsillos de su abrigo—. Es una pena que te vayas así como así.

—Tengo que volver al equipo, ya que me he ausentado en tres juegos seguidos —caminó hacia el baño—. Espero que no te importe que nuestra hija te tome el celular de vez en cuando para llamarme. Pero para que no sea un impedimento, le compraré uno con el control parental.

—Ya le has comprado muchos dispositivos electrónicos a Astrid. —Ally negó con la cabeza—. Irá a tomar clases con sus primos cuando salga de la escuela, y solo usará esas cosas para cuando sea necesario.

—De acuerdo. —Él tomó un par de cosas del tocador—. ¿Me acompañas al aeropuerto?

—Sí.

Druso sintió un enorme alivio ante eso, porque al menos ella quería ir con él para despedirse de una vez por todas. Ella salió de la habitación cuando él culminó con los arreglos de la maleta y fueron por su hija, la misma que ya esperaba la despedida que iba a tener con su padre.

Astrid miró la maleta y asintió como si supiera que ya no había más regreso en que ellos pudieran estar bien después de todo lo vivido durante esas pequeñas vacaciones de Navidad.

—Te llamaré todos los días —prometió Druso—. Irás a la escuela con tus primos y tu madre me dijo que irás también a tomar clases con otros niños durante el tiempo que estés libre en las tardes.

—Está bien, papi. —Astrid se pasó la mano por la cara—. No dejes de llamarme. Te voy a extrañar mucho y también a la nana.

—Haré que no me extrañes mucho con las llamadas y en verano vendré a visitarte —se agachó para tomarla en sus brazos—. Serán unos pocos meses y tú podrás ir también a verme cuando tengas vacaciones.

—Iré a verte.

Druso le dio un pequeño beso a su hija en la mejilla y la dejó en el asiento trasero del auto. Ally entró en el asiento del copiloto como si estuviera en automático y tratara de no tener emociones. Le mandó un mensaje a su hermano de que ya se iría para el aeropuerto por si quería despedirse de él, y este le dijo que estaría allá para poder también despedirse de su hermana Lys.

Lys ya solo iría periódicamente a la clínica de ser necesario después de sus evaluaciones, por lo que, gracias a Dios, ya no iba a tener que verla sufrir cuando se despedían. Buscaría unos buenos profesores para que le dieran clases y que ella pudiera culminar sus estudios como era debido.

—Te dejaré mi teléfono. —Druso lo sacó de su bolsillo—. Puedes eliminar las aplicaciones que están ahí si quieres.

—No…

—No me importa —negó con la cabeza sin dejar de ver el camino—. Es solo un aparato que es reemplazable. No te preocupes por el dinero, compraré otro estando allá o puedes tomarlo para que Astrid hable conmigo de vez en cuando de ser necesario.

—Voy a trabajar en algún momento —Ally le recordó—. No dejaré que tengas todos los gastos de nuestra hija.

—No es que puedas impedir que pague dinero por el bienestar del pequeño ser humano que trajiste al mundo —la miró brevemente—. Es nuestra hija y merece todo lo bueno y bonito.

—Pero si no te olvidas de mí, no importa, papá —Astrid habló desde el asiento trasero—. Quiero que tú siempre estés conmigo.

—No dejaré de estar contigo por nada del mundo.

Astrid asintió, pero no dijo nada más al respecto. Llegaron al aeropuerto, en donde dejó el auto en el estacionamiento del mismo, pasándole las llaves a Ally, de que se hicieron cargo de la entrega cuando saliera de allí o que ella misma le informara si lo usaría para algo más.

—¡Tía, Lys! —Astris la abrazó—. Te voy a extrañar mucho.

—También te voy a extrañar. —Lys le dio una vuelta en el aire—. Te llamaré cuando pueda.

—Más te vale que lo hagas. —Astrid le dio un sonoro beso en la mejilla—. Cuida mucho de mi papá ahora que te vas a quedar en la casa con él.

—Sí, en cuanto me den el alta completa estaré con tu papá.

Ally se quedó a una distancia prudente de todos ellos. Druso tomó su maleta y les indicó que fueran hacia el área de espera de que su vuelo saliera. Arrastró su equipaje y no le diría a la mujer que tenía caminando detrás de él que dejó ropa en su casa y que por eso andaba tan liviano, aunque lo más seguro es que ya ella lo supiera desde hace tiempo.

—Miren qué bonito te ves. —Azriel se burló de él y le pasó unos sobres—. Yilda te los envió para que no le estés molestando.

—Los fuiste a buscar para que no tenga ningún contacto con tu prometida. —Druso tomó las pruebas de ADN—. Descuida, la llamaré todos los días para recordarle que todavía puede huir de tu lado siempre que quiera.

—Sí, eso no pasará —le sacó la lengua.

—Tu vuelo despega en una hora —Niklas los separó—. Deben ir a registrarse y al chequeo.

—Está bien, de acuerdo —se giró hacia Ally—. ¿Pueden ir adelantándose con Astrid en lo que hablo con Ally? —preguntó sin dejar de mirarla—. No me tomará mucho tiempo.

—Sí, ve.

—Supongo que ahora podemos decirnos adiós —Ally sonrió tensa—. Espero que te vaya bien en tus juegos.

—Lo has dicho varias veces —Druso sonrió de lado—. Yo… —Pasó saliva—. Espero que seas feliz y que me perdones por todo lo que te hice pasar anteriormente —dijo sincero—. Sé que no fue la manera de hacer las cosas, pero entré en pánico cuando esa mujer me dijo que Astrid era su hija.

—Lo sé —Ally lo interrumpió—. Ambos somos culpables de nuestros errores.

—Arreglaré las cosas y… y cuando lo haga —pasó saliva—. Quiero que me des una respuesta de lo que te dije.




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