Desastre en el hielo

62. Noticia en el mundo del deporte

«Lo primero que a Druso le pasó por la cabeza fue quedarse en su casa los próximos días, pero las excusas de su partida fuera del país se estaban acabando. Richard le había dicho que a primera hora debía irse a verlo de inmediato, ya que las cosas se estaban poniendo color de hormiga por el hecho de que él decidió correr lejos en el primer segundo.

Así que fue al estadio, justamente donde se encontraba el entrenador. Pudo ver a alguno de sus compañeros, los cuales lo miraban de reojo.

—Veo que al fin tienes deseos de presentarte —Richard levantó la mirada de sus apuntes—. Has perdido demasiados juegos y los patrocinadores buscan una respuesta del porqué el equipo ha estado bajando.

—Necesitaba unas vacaciones con mi hija —tomó asiento frente al hombre—. Aparte de eso, dijiste que sufrí una fractura…

—Algo que es mentira, porque necesitaba tener una excusa para todas tus ausencias —siseó—. Estás suspendido hasta nuevo aviso y no podrás jugar con los demás.

—Okey —se encogió de hombros—. Me da igual lo que digas —se cruzó de brazos—. Sabes que solo hago esto porque me quieren quitar a mi hija, pero pensándolo bien, ustedes son los que me necesitaban, principalmente tú —señaló—. Sabes que sin mí no tienes equipo, porque mi familia quitaría su dinero, los patrocinadores se irían y yo también buscaría…

—Cállate.

—Es la verdad, sabes que sin mí no comes y yo me estoy cansando de tu hija —ladeó la cabeza—. Dile que deje de ser tan intensa, porque fácilmente puedo decir que nunca estuve en ninguna cena con ella o que compartí siquiera un abrazo en Año Nuevo —sentenció—. Hago esto porque me tienen hasta el cuello con mi hija, pero si busco un poco más, estoy seguro de que encontraré pruebas de muchas cosas.

—Controla tus palabras, porque si hice que esa chica quedara sin trabajo, puedo hacer que tú te quedes sin nada más que migajas —movió la cabeza hacia otro lado—. Dile a tu hija que se mantenga alejada de mí y que no diga estupideces en las redes sociales, porque a mí no me gusta salir en fotos y mis fanáticos lo saben.

—Es tu novia.

—Mi única novia se quedó en Londres —siseó—. Hazel no lo será jamás y es algo que se deben grabar en la mente —sonrió ladino—. De mí jamás tendrán una boda o algo parecido.

—Sí, habrá una boda —Richard chasqueó la lengua—. Es lo mínimo que debes hacer…

—No.

—Eso está por verse. —Él se puso de pie y apoyó ambas manos en el escritorio—. Me lo debes por todo lo que he hecho por ti a lo largo de los años —le recordó—. Tienes toda esta fama por mí, porque nadie tenía fe en una persona que venía de una cuna de oro.

—Me lo gané yo solo, porque trabajé por ello desde el inicio y, si dicen lo contrario, son sus problemas, no los míos —imitó su acción al colocarse de pie—. Dime qué sigue, porque no me quedaré mucho tiempo respirando el mismo aire que tú en esta oficina».

Druso se replanteó la situación en su vida desde ese día; no cabía duda de que Richard no se quedaría de brazos cruzados y en cada partido lo dejaban en la banca. Richard no lo llamaba y sus compañeros sabían que algo iba realmente mal porque el jugador estrella estaba en la banca desde su regreso en Año Nuevo.

Cuando Ally lo llamó el día anterior, imaginó tantos escenarios, pero al saber que fue por algo tan trivial, se la imaginó con mucha vergüenza en ese momento. Ally amaba llamarlo a cualquier hora con la excusa de que se trataba de su hija, pero era bien sabido que esa excusa la usaba más para ella que para otra persona.

—¿El entrenador te levantará la falta para los Juegos Olímpicos o no? —preguntó Alariel tomando un poco de agua—. Como ahora te tiene en la banca.

—Ojalá que no —masculló—. Quiero irme de aquí lo antes posible.

—¿No quieres seguir jugando?

—Sí, es por lo cual vivo —se movió un poco para que se sentara el otro jugador—. Sin embargo, mi contrato vence pronto y tengo que buscar otro equipo personal de imagen.

—Comprendo. —Alariel asintió—. Espero que lo que encuentres sea realmente bueno para ti y tu hija.

—Lo será —hizo una pausa—. ¿Has estado hablando con Ally?

—Sí, todos los días hablamos. —El otro arrugó la frente—. Incluso, antes del partido estuvimos hablando acerca de sus planes y me comentó que un amigo le ayudará a regresar a su trabajo en Londres.

—Eso es genial, supongo —Druso sintió un puñetazo en el pecho—. La relación entre ambos debe ser bastante buena como para que se cuenten todo.

—Se puede decir que un poco. —Alariel se encogió de hombros—. Ella es una buena chica y a los del equipo les cayó bien durante el tiempo que estuvo con nosotros —se aclaró la garganta—. A ti era que no parecía caerte bien y notamos que le hablabas pésimo hasta que…

—¿Hasta qué?

—Hasta que ella se quedó sin trabajo —el otro jugador lo miró fijamente—. Fue como si te alegraras de eso y nos preguntamos por qué la contratarías como niñera de tu hija si podrías arreglar el problema que tenía encima.

—¿A dónde quieres llegar?

—El problema de que pensaran que era una acosadora inició por ti y todos se preguntaron por qué razón nunca saliste a defenderla —completó por él—. La verdad es que fue algo extraño y que, de un momento a otro, las fotos desaparecieran, pero el daño ya estaba hecho.

—Yo…

—Escucha —Alariel lo interrumpió—. Si te quedaste con ella viviendo en la misma casa para que fuera la niñera de tu hija, lo entiendo, pero…

—Dejemos el tema —Druso lo cortó cuando vio a Richard acercarse a ellos.

Richard llamó a Druso para que hiciera el cambio y este levantó ambas cejas antes de ir hacia la pista de hielo.

Rodó los ojos cuando vio a Hazel en la primera fila y supo que todo era un plan macabro de Richard para tenerlo quieto, pero él tenía otro más bajo la manga que lo dejaría iracundo y fuera de base.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.