Desastre en el hielo

63.

La noticia de que Richard era el padre biológico de Hazel corrió como pólvora, no podía creer que Druso en verdad se hubiera dispuesto a ventilar cada jodida cosa de esa mujer y que lo haya hecho sin remordimiento alguno. Observó el anillo que este le había dado y luego miró a su hija, que estaba alistándose como si nada para ir a la escuela.

—Mami —Astrid la llamó para sacarla de sus pensamientos—. Ya estoy lista para la escuela.

—Claro, vamos —guardó el celular—. Yo tengo que ir a buscar algunas cosas y luego buscar mis resultados.

—Vamos.

El camino hacia la escuela de Astrid fue entre charlas. Su hija le dijo que estaba feliz de estar con sus primos y que se portaría bien para poder alcanzarlos o al menos a Joshua, ya que este, al ser un pequeño ser dotado, pues parecía ser la cosita más sincera de todas al momento de hablar. Grabó un video que le haría llegar a Druso para que lo viera en cuanto tuviera oportunidad, por el hecho de que después de su última charla, este le dejó en claro que se fijara bien en los cambios de horario que los dos tenían en sí.

Se despidió de su hija después de hacerle una pequeña sesión de fotos, tanto de ella como de sus primos, y le envió todo a Druso. Este ni le respondió; tampoco era que esperara que lo hiciera después de lo que pasó con ambos antes. Druso era un hombre que sabía bien lo que hacía y el hecho de que le estuviera ayudando para que su nombre no saliera en ningún lado o fuera rastreado, ya era mucho.

Fue hacia el hospital en busca de sus resultados, enviándole un mensaje a Nancy de que estaría ahí para comer y hacerle compañía. La pobre mujer estaba tan sola desde que quedó embarazada, que Niklas tenía que llamarla cada vez que aterrizaba, ya que debía saber cada movimiento de ella.

Entró a la sesión de noticias y Richard estaba tratando de minimizar el asunto con que todo era una vil trampa, que nada estaba pasando o cosas así, pero era inevitable que las personas no se dieran cuenta de que era verdad si estaban las pruebas y en dónde podían buscar si querían saberlo.

—¿Ally Cooper? —la llamó una enfermera y ella levantó la mano—. Por aquí, por favor.

Pensó que solo sería la entrega de los medicamentos, pero la enfermera la llevó directamente hasta lo que parecía ser un consultorio de ginecología. Su ceño se frunció notablemente ante eso, ya que no se esperaba bajo ninguna circunstancia que le fuera a realizar algún tipo de estudio extra o que tuviera alguna enfermedad contagiosa.

La única persona con la que ha estado en toda su vida ha sido con Druso y con nadie más.

—Toma asiento, por favor —pidió la mujer al otro lado del escritorio—. Esto es algo para que entregues por el momento en tu trabajo.

—No entiendo…

—Bueno, según se me informó —ella revisó los documentos que tenía enfrente—. Usted entraría a trabajar en el aeropuerto esta misma semana, pero es algo que no podrá ser posible debido a su estado.

—¿Mi estado?

—Sí, usted está embarazada según las pruebas de sangre.

El mundo en los pies de Ally se tambaleó ante esas palabras, ya que no podía ser posible que en verdad estuviera embarazada en ese momento. Es que ni al caso con lo que su mente estaba tratando de procesar.

—¿Embarazada? —susurró sin poder creerlo—. Yo no…

—Sí, está embarazada.

Tuvo que mirar a la mujer para poder creer todavía que en verdad estaba embarazada, porque para ella era una vil mentira.

—¿Puedo saber cuánto tiempo tengo? —su voz se perdía con cada sílaba—. Es una emergencia.

—Claro que sí.

La mujer le preguntó algunas cosas de su estado, a lo que ella le respondió con calma que su último periodo fue antes de Navidad, mejor dicho, antes de viajar desde Minnesota hasta Londres. Si sus cálculos eran buenos, pues a lo mejor ella estaba en cita desde esa vez que Astrid durmió fuera de la casa y fue hace casi un mes.

Un poco más adelante le indicarían el tiempo exacto que tenía, pero se llevarían en sí por el tiempo de su último periodo, porque ella había tenido intimidad con Druso durante el tiempo que estuvieron en la cabaña y también en su casa.

La mujer le dijo que todos sus estudios estaban en orden, que no tenía ninguna condición de salud, pero que tenía que entregar sus pruebas a la administración para que no tuviera problemas en un año cuando se acabara su baja por maternidad, que era el tiempo establecido por la ley en ese país.

—Soy una imbécil —susurró—. ¿Cómo no recordé que ya no tenía el método colocado? —sollozó apoyando la frente en el volante—. ¿Qué haré ahora?

Golpeó un poco más su frente contra el volante al sentirse un poco perdida en ese aspecto, porque ella quería regresar a trabajar lo antes posible, pero en ese momento, la vida parecía tener otros planes para ella.

El sonido de la llamada le hizo salir de sus pensamientos y vio que se trataba de Nancy. Le respondió rápidamente que iría a su casa para hablar de algo importante y condujo rápidamente hacia su hogar. Nancy, al verla tan pálida cuando llegó a su puerta, no dudó en hacerla pasar y que tomara asiento.

—No podré trabajar —Ally dejó salir el llanto—. Estoy embarazada de Druso.

—¿Qué?

—Sí, me acabo de enterar —asintió rápidamente—. Me siento tan perdida, no sé si decirle, porque él tiene un plan, esperar o…

—No, no, eso no —Nancy tomó su mano—. Piensa bien lo que quieres hacer —acarició su mejilla—. Si decides no tener al bebé, no te juzgaré en lo absoluto, pero es un tema que tienes que pensarlo bien.

—Soy una completa imbécil. —La abrazó y su amiga acarició su espalda—. No recordaba que no tenía el método colocado y me dejé llevar.

—No te preocupes ahora de eso, cariño —Nancy le habló con calma—. Fue irresponsable, claro que sí —le dijo y ella se sintió mal—, pero es algo que a cualquier mujer le puede pasar y más si tiene problemas encima que conllevaron al olvido de ese anticonceptivo.




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