Desastre en el hielo

64.

Druso revisó las fotografías que Ally le envió y, aunque tenía una rueda de prensa para dar supuestamente el apoyo a Richard, él ya tenía otros planes. Sonrió ante la foto que estaba y su hija, en tamaño, a comparación con esos dos niños, era la más grande. Joshua era más por la medicación temporal que tomaba, pero Yoman era otro asunto.

—¿Viste las noticias? —preguntó Alariel pasándole una botella de agua—. Richard quiere que hablemos bien de él, porque los patrocinadores están en busca de quedarse.

—Por mí que se vaya —masculló—. No es mi problema —le restó importancia al asunto.

—Ha sido nuestro pilar…

—Alariel —lo detuvo con seriedad y quitando la tensión en él—. Nosotros hemos estado trabajando a lo largo de los años, pero te aseguro que si él se va, seguiremos adelante, porque Richard solo nos ve como mercancía desechable —le recordó—. El año pasado sacó a cinco jugadores solo porque no le estaban dando los patrocinios y ellos apenas tenían pocos meses aquí con nosotros.

—Tienes razón, recuerdo esos momentos. —El otro asintió y miró hacia la pista de hielo—. Supongo que es el momento de detenernos lo suficiente para saber que Richard hizo muchas cosas mal.

—Las hizo. —Druso tomó un buen sorbo de agua—. Ahora que salga solo de su lío en el cual se metió solito, porque nosotros no lo vamos a ayudar en nada más que en la separación de nuestros contratos.

—El tuyo finaliza pronto. —Alariel frunció el ceño—. ¿Qué harás?

—Buscaré otro equipo, agente y personal de publicidad —se encogió de hombros—. Ya tengo algunos contratos y agentes que quieren que firme con ellos.

—Y todavía tiene el descaro de decirlo de una forma tan fácil. —Alariel rodó los ojos—. Ya veremos cómo nos trata la vida a partir de hoy.

Fueron con los demás a entrenar, dejando de lado la conversación, ya que al día siguiente tenían un partido y era el momento que se les estaba permitiendo a todos poder hablar por un rato con sus familias.

Horas más tarde, estaba de camino a su casa escuchando algo de música y vio a su hermana Lys estudiando. Su pequeña hermana se encontraba adaptándose a la vida lejos de unas cuatro paredes, con medicamentos controlados y con la fuerza de voluntad que antes no tenía.

Celia debería estar retorciéndose en su tumba o en la cama por las cosas que les hizo a todos.

Habló un poco con su hija, poniéndose al día con las cosas que le pasaban en la escuela, y al día siguiente, antes del partido, fue igual. Astrid estaba emocionada porque más niños se le acercaban para ser su amiga y él no pudo sentirse más feliz que nunca por ella, ya que en Minnesota ella siempre estaba sola y no tenía compañeros.

Hazel no salía de su casa; la escuela la suspendió hasta nuevo aviso y él ya tenía programada la próxima bomba que saldría a la luz pronto. Sin embargo, era seguro que él saldría embarrado en todo momento en cuanto diera las declaraciones pertinentes.

El partido no fue el mejor de todos, perdieron 0-2, algo que ya él se esperaba porque todos tenían los pensamientos en el futuro del equipo, mientras que él se encontraba pensando qué haría cuando Ally lo perdonara.

—¿Sabes algo de Ally? —Druso se metió en su auto y puso el altavoz—. No sé nada de ella desde hace unos días y no me responde.

—Creo que ha estado tomando unas clases en línea —Niklas comentó haciendo una pausa—. Ha venido a mi casa para hablar con mi esposa, pero no sé qué tanto hacen.

—¿Y no tienes cámaras para saber qué hablan entre ellas? —farfulló comenzando a conducir—. Ahora parece que me odia por algo que no hice.

—Druso —Niklas le habló serio—. Dijiste que le darías tiempo a la pobre chica, que la dejarías en paz por un tiempo, pero parece ser que tú tienes otros planes.

—La verdad es que sí la dejaré tranquila por un tiempo —respiró hondo—. Solo que quiero saber qué está haciendo, por qué no me llama y que con la única persona que hablo es con mi hija.

—Seguirá así, y es lo mejor por el momento —su hermano suspiró—. Puedo cuidarlos, buscar protección para ustedes, mover mis contactos; no obstante, ella está desempleada…

—Puedo…

—Ni lo digas, porque cuando dije eso una vez, Nancy me dejó dormir fuera y fue lo peor del mundo —Niklas lo detuvo—. Decirle a una mujer independiente que le gusta trabajar, cuidar de sus hijos y no depender de un hombre, que deje de trabajar para ser ama de casa, es lo peor del universo.

—Entiendo —frunció los labios—. Supongo que ahora ella tiene que estar emocionada por viajar.

—Sí, eso creo —su hermano hizo una pausa—. Vi que perdieron y que estás haciendo las cosas de acuerdo a tu plan.

—Lo hago. —Druso se detuvo frente a un semáforo—. Le daré su espacio, pero no dejes de hablarme sobre ella, por favor. Necesito saber qué le ocurre y creo que estaré incomunicado el mes que viene por un juego que hay en Toronto.

—Veré qué puedo hacer.

Niklas terminó la llamada y él solo se quedó mirando por unos segundos el celular antes de seguir con su camino a la casa. La prensa estaba fuera del residencial, tratando de tomar fotografías de los jugadores que iban entrando.

Dejó la ropa del juego en la lavadora, ya que él mismo debía hacerlo. Richard los obligó a lavar sus uniformes años atrás como parte del entrenamiento y luego lo dejó de ese modo como parte de un presupuesto que él se robaba. Les quitó el empleo a una docena de personas por sus arrebatos y faltaba poco para que también les quitara el puesto a los de la limpieza.

Revisó su celular y no había nada de Ally. Sin embargo, lo que sí encontró fue un enlace a una entrevista en vivo de parte de Richard.

Sonrió, porque era lo que necesitaba antes de que la próxima bomba explotara.

—Desde hace días se han estado moviendo imágenes de expedientes que no tienen caso alguno acerca de mi vida privada —Richard miró las cámaras—. No ha sido más que una blasfemia, por el hecho de que ahora que el equipo de Minnesota ha estado en los primeros lugares, hemos ganado los últimos campeonatos de forma consecutiva y el equipo es el que más patrocinadores ha tenido.




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