Desastre en el hielo

66. Equipo unido

Druso leyó los expedientes que estaban frente a él y eran las personas que con él llegaron a un acuerdo para no ir a prisión. No rompería su palabra, pero de una u otra manera era algo que le debía a Ally. Tomó el que su abuelo le había dado y era todo lo que podía hacer como un nuevo golpe.

Aunque mirándolo de otro modo, era lo mínimo que podía hacer por Ally después de lo que le hizo por no confiarle su plan desde el inicio. Aunque, en los últimos días, la notaba distante después de ir a visitar al hospital para ver sus resultados, temía que algo malo le estuviera ocurriendo. En su casa había puesto una que otra cámara debido a la seguridad que debía mantener, pero nada malo pasaba.

Movió el cuello de un lado y le dio a enviar la información que estaban pidiendo, sabiendo que solo era un pasito a la vez que andaba logrando después de todo.

Estaba en Canadá para dos partidos que tendría en ese lugar y no podía pensar bien las cosas. Sentía que le estaba fallando al equipo, porque los fanáticos de Richard no podían ver en lo más mínimo lo que hacía para liberarlos.

Tenían un entrenador temporal, lo que hacía las cosas más fáciles, pero si seguían así, pues no iban a durar mucho como equipo. Él ya tenía la edad para retirarse, pero quería hacerlo cuando cumpliera los treinta y cinco; aun así…

Sacudió la cabeza y fue a cambiarse de ropa para ir hacia el estadio. Alariel se sentó a su lado y fue como un fuerte golpe a su ego, porque entre sus contactos, vio a Ally, quien le envió un mensaje temprano y a él lo tenía en el limbo. Cruzó los brazos en su pecho enojado, porque ella se estaba vengando desde la distancia por las cosas que antes le hizo cuando estaba de novio con Hazel. Iba a morirse en cualquier momento por su culpa de ser así.

Llegaron al estadio y, aunque la prensa estaba ahí para sacarles fotos, para saber más del chisme que tenía el equipo encima, desde que Richard estaba en prisión y era lo de menos. Esa noche saldría otro más y le daba lo mismo que supieran al fin que la pequeña que adoptó hace años era su hija biológica.

Los del otro equipo los miraban esperando alguna mala reacción de su parte, pero no iban a conseguir nada más que cosas sin sentido de su lado, porque ellos estaban realmente preparados para esos momentos así.

—¿Hablas mucho con Ally? —preguntó Druso colocándose las rodilleras—. Digo, con eso de que vi una foto en tu perfil…

—Hablo con ella todos los días y me actualiza de cómo van las cosas en su vida de mami. —Alariel asintió—. Es una buena chica.

—¿Tienen una relación? —siguió indagando—. Con eso de que son amigos ahora y uno nunca sabe qué puede ocurrir.

—No, somos amigos, pero me dijo que iba a venir cuando tuviera un pequeño espacio. —Alariel se encogió de hombros—. No ha podido estar un momento tranquila por nada del mundo en los últimos meses y eso es preocupante…

—¿Sabes si está trabajando?

—No, no ha podido conseguir un trabajo, porque su única referencia es la aerolínea y el trabajo en la cafetería no es que le ayude mucho como otra referencia —él chasqueó la lengua—. Es una pena, porque con el tremendo chisme que se armó, seguro podía regresar a su trabajo como azafata del equipo —se puso de pie.

—Sí… puede regresar —sonrió a medias—. Gracias por decirme que hablas con ella.

—No es nada… —Hizo una pausa—. ¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro —imitó su acción y se puso de pie.

—Supe que tu hija fue sacada rápidamente de esa escuela… —Ladeó la cabeza—. ¿La llevaste a un sitio seguro?

—Sí, lo hice.

—Bien hecho, porque yo hubiera hecho lo mismo por mi familia.

Druso chocó los puños con él y fue con el resto del equipo para jugar uno de los partidos más decisivos de su carrera, ya que estaban bajando mucho en puntos en la tabla de posiciones y todos hablaban de ellos.

Dieron todo lo que pudieron en el hielo, pero terminaron perdiendo ese equipo 4-3. El entrenador anotó un par de cosas y les dio la seña de despedirse del otro equipo como era debido. Terminó casi lanzando todo lo que encontraba por delante al sentirse tan mal por esa pérdida.

—Estuvieron horribles en el último minuto —el entrenador llamó su atención—. Quiero suponer que es porque no están acostumbrados a viajar tan lejos o el antiguo entrenador que tenían no ayudaba en nada, pero no me gustaron los pases que hicieron y hay que mejorar.

—Sí, señor.

—He visto que la prensa está muy al pendiente de ustedes y, por favor, eviten los líos desde ahora, porque no estoy dispuesto a soportar algo en la boca de esas personas —señaló a los reporteros—. Richard hizo un buen trabajo en su debido momento…

—Sí, claro —dijo uno en voz baja—. Tan buen trabajo que ahora nos metió en este lío.

—Eso es cierto —el entrenador lo escuchó—. Aunque soy alguien temporal, quiero hacer pequeños cambios y espero que no afecte al equipo cuando estamos a poco tiempo de clasificar —asintió mirándolos a todos—. Vayan al hotel a descansar y mañana nos vemos a primera hora para partir a Montreal.

Druso terminó de empacar sus cosas y dejó el uniforme con los demás para que el personal encargado hiciera la limpieza correspondiente. Sintió que su celular comenzó a sonar en su bolsillo con un montón de notificaciones y efectivamente era lo que esperaba. Sus compañeros no perdieron el tiempo en ver las noticias ese día y él también.

Lo primero que salió fueron los contratos abusivos de algunos de ellos; otros, la forma en la que eran tratados y, de forma anónima, favores íntimos que muchos tuvieron que hacer para tener un patrocinador. Aunque no se mencionaron nombres, Druso sabía quiénes eran. Incluso, en ese momento, vio los rostros de muchos de ellos estar con deseos de querer llorar o de decir algo, pero solo bloquearon sus celulares y giraron sus rostros hacia otro lado.




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