
Ally dejó a su hija en la escuela y emprendió el viaje hasta el hospital que estaría llevando su embarazo. Tenía una cita rutinaria ese día para hacerse una ecografía un poco más exhaustiva, debido a que la última vez ella no tuvo tiempo de hacérsela y quería tener ese recuerdo como lo había hecho con su pequeño años atrás. El cumpleaños de Astrid se acercaba, algo sin precedentes, puesto que su hija estaba igual de emocionada que ella en ese momento porque sería el primero que celebrarían en familia.
Vio a Yilda caminar vistiendo ropa de cirujana y con una bata por encima, como si esperara algún paciente para iniciar con su día laboral como los demás.
—¿Yilda? —la llamó Ally manteniendo su distancia.
—Hola —ella se alejó un poco de sus estudiantes—. Iré en un momento.
—Sí, directora.
Los estudiantes se fueron por otro lado. Yilda la llevó hacia un pasillo que parecía dar especialmente al área de ginecología y obstetricia.
—Creo que vienes especialmente para un chequeo —Yilda habló primero—. ¿Druso ya lo sabe?
—Iré a decírselo cuando tenga mi ecografía en las manos —se mordió el labio inferior—. Es su cumpleaños dentro de poco y le quiero dar esa sorpresa en uno de sus partidos.
—Comprendo. —Yilda sonrió feliz—. Seguro que ahora podrán estar juntos los tres, y con esos bebés que vienen en camino.
—Sí, es que siento que, como no se dejó ver bien en mi primer estudio, hay algo que no está del todo bien —hizo una mueca—. Quiero pensar que es solo un susto y ya este bebé anda haciendo de las suyas.
—¿Quieres que te acompañe? —preguntó la doctora—. Sé que no somos las mejores amigas, que nos conocimos hace poco en una boda y que estoy comprometida con el hermano del hombre que…
—Ya entendí —Ally rio—. Sí, te lo agradecería, porque aparte de ti, no tengo a nadie más con quien hablar de mis cosas en este momento.
—Me siento fatal. —Yilda rio—. Dame un momento y envío un mensaje para que alguien se haga cargo por mí en lo que estoy contigo.
Ella asintió y fue a pasarle su tarjeta, al igual que la documentación, a la persona que estaba ahí. Tomó asiento para esperar a Yilda y que llegara su turno. Druso le envió un mensaje hace unas horas, pero no lo había abierto porque estaba esperando que al menos terminara de salir el sol en Minnesota por la terrible diferencia horaria.
Yilda llegó unos pocos minutos después y ambas esperaron a que llegara el turno. Incluso, esta quiso hacerle pasar antes que muchas de las que estaban ahí, pero no se lo permitió. No deseaba ser de quien hablaran tan temprano en la mañana.
Cuando llegó su turno, entró asustada en el consultorio y la mujer al otro lado del escritorio se puso de pie en cuanto vio a Yilda.
—Oh, no sabía que se conocían… —La doctora se disculpó con la mirada.
—Le dije que podía hablar por ella, pero es una buena mujer. —Yilda tomó asiento luego de ella—. Haga de creer que soy su esposa y haga todo.
—Claro.
La mujer le explicó un par de cosas, inició con el procedimiento básico y le hizo un par de preguntas acerca de su dieta. Ella respondió con naturalidad cada una de las preguntas que le hizo. Luego le indicó que si quería, podía hacerle en ese momento la ecografía que tanto necesitaba, porque la última vez, al parecer, había tenido inconvenientes con la máquina.
La doctora le aplicó el gel correspondiente en su abdomen y encendió la máquina en el momento que comenzó a mostrarse un tanto nerviosa.
—Vaya —la mujer movió el transductor en varias direcciones—. Ahora entiendo todo —la mujer dejó salir una risita—. Aquí tenemos las razones por las cuales la otra vez el ultrasonido no funcionó correctamente.
—¿Hay algo malo? —Ally se asustó y luego miró a Yilda, quien se rio—. Oye…
—No, no es eso. —Yilda negó divertida—. Ella te lo explicará.
—Mira el monitor —indicó—. Aquí tenemos al bebé uno —dijo la mujer y la sonrisa de Ally se borró cuando la escuchó decir eso así—. El bebé número dos —apuntó en la pantalla—. Y el bebé número tres… —Hizo una pausa antes de moverlo hacia otro lado—. Sí, son tres bebés.
—¿Qué dijo?
—Estás embarazada de trillizos —la mujer le explicó—. Y por lo que veo de primer plano, es un embarazo que avanza bien, porque tu presión arterial está estable, tu peso y tú te ves bastante bien en tus resultados del laboratorio que te hice —movió nuevamente el sensor sobre su vientre—. ¿Quieres escuchar sus latidos?
—Sí, por favor —asintió rápidamente.
La mujer le dijo que se preparara con otras instrucciones en lo que ajustaba bien todo. Ella le fue diciendo que podía grabarlo si quería, pero Yilda fue mucho más rápido y sacó su celular aprovechando el silencio de la habitación. Los tres latidos se escuchaban bastante bien, demasiado, por así decirlo.
Ella le explicó que no había ningún inconveniente y que podía enviar esa ecografía con un acta que él daría hacia su lugar de trabajo para posibles problemas futuros, porque hoy en día muchas tomaban el embarazo como algo para no trabajar.
—Voy a preparar tu recetario médico para que puedas tomarte tus medicamentos prenatales.
—Sí, muchas gracias.
Ally tuvo que limpiarse con la ayuda de Yilda porque sus manos no dejaban de temblar ante la noticia que acababa de recibir. Tres bebés de un solo golpe y no sabía qué hacer ni con su vida como para tener esa responsabilidad tan grande.
—¿Estás bien…?
—Apenas acabo de remodelar la casa de mis padres —susurró—. Solo queda una habitación vacía y…
—Oye…
—No tengo dinero, no tengo trabajo y hasta hace unos pocos meses es que pude recuperar a mi hija —susurró con voz cortada—. Y…
—Los bebés también son de Druso —siseó mirándola fijamente—. No puedes echarte la culpa de todo solo porque sí y hacerte cargo en el proceso.