Desastre en el hielo

68. Diario al descubierto

—Maldito Niklas —siseó marcando otro vuelo, pero también parecía ser cancelado—. Ahora resulta que tiene más poder que un presidente y a mí me anda cancelando los vuelos.

—¿Qué? —Alariel lo miró ceñudo—. ¿De qué estás hablando ahora?

—Quiero irme a Londres, pero cada vuelo parece estar odiándome seriamente en cada intento de reserva —bufó—. Cuando entro a mi cuenta a poner mis datos, dice que no hay vuelos disponibles, por lo que mi hermano tiene mucho que ver.

—Dijiste que es una simple piloto de avión…

—Créeme que hace muchas cosas si se lo propone —torció los labios—. ¿Crees que el entrenador se enojaría si me voy ahora?

—Sí, perderías más de lo que has logrado. —Alariel negó con la cabeza—. Estamos aquí porque fuimos elegidos para representar al país.

—Lo sé —suspiró—. Supongo que tienes razón en ese aspecto.

—Siempre tengo razón en todo —bromeó—. Ahora bien, será mejor que muevas tu trasero, porque tenemos que entrenar y el nuevo sujeto que ahora te tiene bien en la mira.

Druso levantó ambas cejas y se colocó el uniforme, guardando su celular. Ese hombre lo tenía en alerta desde siempre; parecía ser una cosa tremenda. Salieron al estadio y el hombre lo miró con cara de pocos amigos, puesto que Druso en sí era la causa de todos sus males. Al día siguiente, ese mismo estadio estaría lleno de fanáticos, personas que viajaron desde diferentes partes del mundo para verlo jugar, más por el morbo que por otra cosa.

Richard estaba en prisión, negándose a los tratos que sus abogados le brindaban, y él lo que menos deseaba era que Ally fuera a juicio, porque todo se iba a poner mediático. Hazel estaba en un psiquiátrico, porque tanto embrollo se convirtió en algo que no se podía salvar y, lamentablemente, él se encargaría de que jamás pudiera salir de ahí.

Pasó el entrenamiento con ellos, dándolo todo y con algunos arreglos que les tocaba. A Druso le tocó cambiar de posición en el siguiente juego y ya de por sí sería un problema, porque seguro que lo iba a suspender.

En el hotel, leyó los nombres de las personas que querían trabajar con él apenas terminara su contrato, pero ninguna lo convencía. No deseaba quedarse en Minnesota, ya no tenía caso hacerlo, aunque con su hermana era un problema. Lys, su pequeña hermanita, se quedó sola en la casa, y aunque la podía ver por las cámaras, la notaba feliz y poniéndose al día con muchas cosas del exterior.

—¿Cuándo vienes? —preguntó Lys—. Te extraño mucho.

—Volveré después del partido de mañana —Druso se dejó caer en la cama—. Tendré unas dos semanas si quiero de vacaciones, sin partidos, solo entrenamientos para mantener el calentamiento y podré viajar…

—¿Vas a dejarme? —su hermana sonaba asustada—. No quiero que me dejes.

—No, no —se sentó tan rápido como se acostó—. No te dejaré —frunció el ceño—. Es que Ally no me responde las llamadas y es preocupante todo esto.

—Entiendo —Lys respiró aliviada—. ¿Qué le hiciste a Ally para que no te quiera ni tomar las llamadas ahora?

—Digamos que me puse un poco intenso y por eso no me las toma —hizo una mueca—. Quería saber de ella, porque ahora va seguido al hospital, pero terminé peor que antes —ella no dijo nada al otro lado de la línea—. ¿Lys?

—Me di cuenta de que todos ustedes son unos hostigadores, absorbentes de energía y que no dejan en paz a las personas que les gustan de forma amorosa —Lys bufó—. Niklas no deja respirar a Nancy en ningún momento, porque tiene cámaras por todos lados —le fue enumerando—. Azriel anda por el mismo camino en este momento y no me quiero ni imaginar qué pasaría si Ally y tú en verdad iniciaran una relación ahora mismo.

—Eres mi hermana, tienes que estar de mi lado en todo momento —siseó—. Ally es la mujer que me gusta, la madre de mi hija y con quien quiero estar el resto de mi vida.

—Bueno, es lo de menos, porque ella no quiere verte —se burló—. Dale su espacio. Apenas han pasado dos meses desde que decidiste darle lo que ella quería desde el primer momento y tienes que tener en cuenta que Ally es una mujer capaz de tomar sus propias decisiones.

—Supongo que tienes razón —chasqueó la lengua—. Si no me responde, tomaré el primer vuelo mañana a primera hora e iré a Estados Unidos.

—Sí, harás que ella te mate en un parpadeo…

—Como sea —rodó los ojos—. ¿Cómo has estado tú?

—Me tomé mis medicamentos para la ansiedad y mis maestros virtuales me han dicho que aprendo rápido —Lys sonaba feliz—. Pensé que no iba a poder avanzar, pero me dijeron que si sigo así, tengo miedo de no dar lo mejor de mí durante mi último año en la escuela.

Druso puso el teléfono en altavoz para cambiarse por algo más cómodo que la ropa que ya tenía. Se quedó hablando con su hermana por una hora más hasta que le dijo que era hora de dormir porque tenía clases mañana temprano.

Por suerte, Tracy se estaba haciendo cargo de ella en lo que se quedaba en Canadá, porque no sabría qué haría sin su ayuda. Esa mujer era una buena alma que siempre lo sacaba de algún aprieto.

A la mañana siguiente, intentó marcar el número de Ally, pero otra vez estaba apagado. Estaba por marcarle otra vez cuando recibió una llamada de su bufete de abogados, así que no tuvo más remedio que contestarles.

—Richard intenta decir que sabía todo y que es el principal culpable en todo momento —su abogado le dijo sin anestesia—. Están intentando decir que usó sus nombres sin ningún tipo de remordimientos y que violó su privacidad…

—Yo nunca dije algo acerca de ellos —Druso apretó el puente de su nariz—. ¿Cómo es que están tan seguros de que soy yo quien está detrás de todo su lío?

—Bueno, porque está tranquilo respecto a lo de su novia…

—Hazel es una mujer trastornada y que su padre usó a su conveniencia —masculló irritado—. No voy a exponerla, porque al final de cuentas, su propio padre le hizo un lío en su cabeza, pero si tengo que salir a decir algo, lo haré sin remordimientos…




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