Desastre en el hielo

69. Alejamiento

Ally mordió su pulgar mientras leía todo lo que las personas comentaban a más no poder de ella y Druso. Estaba en su hotel, para desgracia, el mismo que el equipo estaba. Había cosas que ella no leyó en su momento, pero que sí había visto por encima. Druso la había estado llamando, pero no respondió a ninguna de sus llamadas.

Tuvo que pedirle a Nancy, como si fuera una loca, que no le diera en ningún momento a su hija algún dispositivo para que no hiciera preguntas y que alguien verificara si la noticia llegó a la escuela. Vio en la cama la prueba de embarazo que se hizo, más lo del laboratorio y las ecografías, y todas en una cajita para que Druso pudiera tener esa sorpresa.

“Acaba de salir a la luz que nunca fue Ally Cooper la acosadora. Más bien, era Druso Lemann, quien se enamoró perdidamente o se obsesionó con ella desde que era una chiquilla de dieciocho años o menos trabajando en una cafetería en Londres”.

Ally pasó esa noticia con el corazón latiéndole a mil por horas. Las personas estaban dejando comentarios en las cuentas de Druso, compartiendo dichas cosas por todas las vías posibles y aunque no se mencionaba en ningún momento a su hija, lo que más temía era que saliera su nombre en alguna parte de esa noticia.

“¿Será cierto que el gran jugador de hockey acosa a sus novias?” era un titular que literalmente brillaba con la fotografía de Druso.

“¿Desde cuándo las personas famosas son tan vulgares?”.

“Como ya saben que salió la noticia. Se dio a conocer que Ally Cooper no es más que la víctima que cayó en las manos equivocadas, desde conocer a un sujeto que estuvo obsesionado con ella desde hace años, hasta dejarla embarazada; ahora se dio a conocer que la pobre mujer también fue víctima de acoso laboral por su culpa”, dijo una presentadora a las cámaras. “Esto nos demuestra una vez más que, mientras eres famoso, jamás serás puesto en evidencia y que las víctimas siempre serán otras personas. Es lamentable ver cómo Cooper tuvo que soportar por meses ser acusada injustamente de cosas que jamás hizo y se quedó callada por amor a su hija”.

“Estamos esperando la queja formal por parte de Lemann”, dijo otro presentador. “Pero es imposible que salga librado de esto, porque esas pruebas en donde se beneficiaba de que ella fuera su niñera personal para tenerla cerca sabiendo lo que tenía que hacer para comer, dejan mucho que desear de alguien como él”.

Estaba por leer otra noticia, cuando apareció el número de Druso y sin querer tomó la llamada.

—Por favor, no cierres —pidió en un susurro—. Por favor.

—Druso… —Ally cerró los ojos con fuerza—. No es un buen momento ahora y la verdad es que…

—Te juro que nada de lo que dice ahí es real —él sonaba desesperado—. Fueron solo pensamientos, no maté a nadie, no quise que esto te pasara o que…

—Estoy altamente decepcionada y lo único que quiero ahora es no hablar con nadie —tomó un paño que había en la cama—. Fue una idea terrible regresar a este país por ti. Sabía que algo así podía pasar, pero no quise entenderlo.

—Por favor, dime dónde estás e iré por ti —él suplicó—. No me apartes.

—Las personas dicen muchas cosas…

—No creo que sea buena idea —miró la caja en la cama—. Fue lo peor que pude hacer al venir hasta aquí… Debí quedarme en mi casa, con nuestra hija, en donde no molestamos a nadie.

—No, no —Druso volvió a sonar todavía más desesperado que antes—. Te juro que arreglaré todo, pero dame la oportunidad de verte.

—Estoy en la habitación 2025 del hotel en el que se está quedando el equipo —confesó al fin—. Por favor, que nadie te vea venir hasta aquí.

—Sí, gracias.

Ally acabó la llamada cuando sintió que llegaba otra notificación a su celular. Era Nancy, la cual le escribió que Niklas buscaría la forma de que todo fuera eliminado si su hermano así lo quería.

Los chismes con los Lemann eran una cosa tremenda, pero nada comparado con esto. Ni siquiera supo cuánto tiempo pasó cuando la puerta de su habitación fue tocada con algo de fuerza. Se había quedado leyendo los chismes de la prensa, como su foto era sacada de alguna página antigua y del rostro de sus antiguas compañeras.

—Ally —la llamó alguien al otro lado—. Soy Druso, por favor, abre. Tenemos que hablar.

Ella no se lo pensó dos veces antes de abrirle la puerta antes de que entrara rápidamente. Él todavía tenía puesto el traje del partido, estaba descalzo y aunque no había nadie en el pasillo, tuvo que cerrar la puerta para que nadie lo viera en ese estado.

—Gracias. —Este la abrazó en cuanto la puerta se cerró—. Yo no sé cómo esos diarios…

—Y todo lo que hay ahí es verdad —Ally lo interrumpió—. Hiciste muchas cosas y dejaste que otras me pasaran para que yo fuera la niñera de Astrid —afirmó—. ¿Es eso cierto? ¿Escribiste eso después de la vez que yo leí tu diario?

—Solo… yo —él pasó saliva—. Fue un pensamiento, te lo juro. —Tomó sus manos—. Jamás te haría daño… sabes que te amo y que he hecho tantas cosas por nosotros que quien sea que haya filtrado esos diarios merece morir.

—¿Y tú mereces morir? —preguntó de regreso—. ¿Mereces la muerte por tus pecados?

—Merezco todo lo que quieras decirme ahora, pero no me apartes de tu lado, por favor —besó sus manos con ahínco—. No soy nada sin ti y si viniste hasta aquí, es porque me perdonas…

—Vine hasta aquí porque sí te había perdonado —Ally tomó una bocanada de aire—. Pensé en darte una sorpresa, pero en tu diario salió que me querías embarazar para amarrarme como Niklas lo hizo con Nancy, aunque sabías que yo no quería tener más hijos.

—Yo… no, eso fue antes —Druso negó con la cabeza—. No es lo que pensaba después de que nos reconciliamos, te lo…

—¿Y la parte donde decías que en cada trabajo buscarías la forma de hacerme renunciar? —cuestionó con los ojos cristalizados—. ¿Tenías todo esto en un plan del que yo no sabía?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.