Desastre en el hielo

70. Contigo

La vio irse al día siguiente, con la misma maleta con la que vino, y no pudo acercarse más porque ella se lo pidió. Sintió que su corazón se rompía con cada paso que ella daba alejándose de él. Sus compañeros lo miraban de lejos cuando les pasaba por el lado y el único que se le quiso acercar para ayudarle fue Alariel, el mismo sujeto que lo ponía celoso cuando Ally hablaba seguido con él.

Su entrenador lo llamó y le dijo todas las faltas que había estado incumpliendo en su contrato, lo cual estaba manchando notablemente las condiciones del equipo. Ya sabía lo que pasaría, suspendido y se encontraba culpable de los cargos, pues fuera de la temporada o del equipo.

—Quedarás suspendido hasta que todo se esclarezca —le dijo su entrenador—. No quiero ver tu cara y, si esto llega a más, no formarás…

—Puede decirme si yo estaré fuera de la temporada —Druso lo interrumpió—. Mi contrato finaliza en junio, así que la burocracia déjela de lado, porque ninguno de los dos nos caemos bien.

—Es bueno que lo sepas —el hombre se cruzó de brazos—. Nos dejaste a todos…

—Okey.

Druso se puso de pie y no esperó que el hombre dijera algo más. Mucho menos sus compañeros; fue hacia su habitación para recoger la ropa que tenía pendiente por arreglar y volvió a marcar el número de Ally. Ese hombre, aparte de que lo dejó media hora esperando por su llegada, tuvo la osadía de enumerar algo que ya sabía de antemano.

Se aseguró de que todo su equipaje estuviera en la maleta y procedió a llamar a un servicio de taxi que lo llevara al aeropuerto. No se quedaría a ver el final de los juegos; le daba lo mismo. Aunque era el mismo entrenador de su equipo en Minnesota, estaba seguro de que ese hombre también allá lo mandaría al demonio desde que tuviera oportunidad.

Las personas se dieron cuenta de que era él en el momento en que pasó por el control del aeropuerto. Tuvieron que llevarlo directamente hacia el avión para poder abordarlo, ya que ni a su hermano le pidió algún favor; quería que toda la mierda le cayera encima de ser necesario. Ally estaba seguro en Londres, y él solo quería saber si su hermana se encontraba bien o si ya vio las noticias.

Marcó el número de su hermano, y como ahí en esa parte del avión no había muchas personas, a decir verdad.

—¿Sabes ya algo? —fue lo primero que él preguntó a su hermano—. Mi rostro está en todos lados y el de Ally también.

—Buenas tardes o buenos días para ti también. —Niklas chasqueó la lengua—. No hay nada, porque la publicación fue enviada desde Minnesota o algo así.

—¿Minnesota? —Druso sonaba confundido—. ¿Desde mi casa?

—No sé si fue de tu casa, pero es todo lo que hay, porque al parecer el teléfono fue apagado o algo así —su hermano comentó con pesar—. No se pudo rastrear absolutamente nada.

—Debes estar bromeando —él murmuró sintiendo que toda la adrenalina se le subía hasta la cabeza—. En Minnesota están Lys y Tracy, nadie más tiene acceso…

—El perfil que subió las publicaciones sigue ahí —Niklas lo interrumpió—. Solo que es complicado en sí buscarlo con la dirección IP.

—Es decir, que las personas que me hicieron esto se quedarán impunes —rio carente de humor—. Lo que me faltaba.

—Lo lamento, seguiré buscando más información.

—Está bien, no te preocupes —masculló.

Colgó la llamada y no pasó mucho tiempo antes de que otra vez los mensajes y las llamadas comenzaran a entrar. Su número de teléfono fue filtrado y no le quedó de otra más que apagarlo, porque tendría que comprarse otro número de teléfono, cambiar de correo y cerrar sus cuentas de forma definitiva en las redes sociales.

El avión despegó y ni siquiera pudo enviarle un mensaje a Tracy para que le dijera a su hermana que iría de camino y, si lo hacía, posiblemente cometería el error de ponerse a llorar otra vez porque Ally lo abandonó.

Las horas de vuelo fueron algo tranquilas, omitiendo el hecho de que quizás ya alguien avisó que él estaría llegando a su país a un momento determinado y lo estarían esperando para hacerle preguntas que no iba a responder por nada en el mundo.

Y sí, la prensa lo esperaba cuando bajó y se filtró con las otras personas para poder llegar al estacionamiento. Por suerte, su auto estaba ahí sin ser vandalizado, aunque con las llantas un poco vacías debido al tiempo que estuvo su auto sin ser utilizado. Chasqueó la lengua cuando al fin pudo encontrar una gasolinera sin tantas personas que pudieran reconocerlo y se aseguró de que todo en su auto estuviera en completo orden.

Ya en su casa una hora más tarde, vio que las luces estaban encendidas y que el sol estaba en su momento más bajo. Tuvo que tomar varias bocanadas de aire antes de entrar a su casa y prepararse mentalmente para hablar con su hermana.

—¿Hermano? —Lys levantó la mirada de sus cuadernos—. Hola.

—Hola —Druso dejó la maleta junto a la pared—. ¿Cómo estás?

—Estoy bien —señaló los libros—. Me dejaron mucha tarea para ir avanzando.

—Comprendo. —Él tomó una bocanada de aire—. ¿Has visto las noticias?

—¿Noticias? —Lys preguntó confundida—. No he visto nada. Tampoco es que me interese mucho lo que pase en tu vida deportiva, al igual que la de Azriel.

—Mucho mejor. —Druso se sentó a su lado—. ¿Estás segura de que todo va bien?

—Sí… —Ella frunció el ceño confundida—. ¿No vas a saludar a…?

—Iré a Tracy en un momento, porque debe estar experimentando en la cocina si no salió…

—No, Tracy se fue anoche, hablo de Ally —señaló hacia el pasillo que daba a la cocina.

Druso se giró como si nada; posiblemente tendría algún tipo de dolor en el cuello, pero no le importó en lo absoluto. Ally estaba ahí de pie, sosteniendo una toalla de cocina en las manos mientras lo miraba con ojos brillosos de la emoción por verlo.

—Ally —su pecho se apretó—. Estás aquí…




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