Desastre en el hielo

74.

Druso se dio por vencido cuando el paquete de videos que tenía no arrojó nada para decir que alguien se metió en su habitación, y tampoco su hermano Azriel o Niklas encontraron algo. Solo le queda enviar los videos a alguien que pudiera ayudarlo con su pequeño problema por si se le pasó hasta la mínima sombra en el reflejo.

Lys estaba dando una pequeña exposición en la sala, moviendo sus manos de un lado con tanta fluidez que la sonrisa en sus labios era el claro ejemplo de que estaba orgulloso de su hermana.

Tenía entendido que estaba tomando uno de sus exámenes orales de forma virtual, pero que tendría clase de idiomas más adelante, porque quería aprender español y francés lo antes posible.

—Muchas gracias —Lys se despidió de la maestra—. ¡Sí! —aplaudió—. Acabo de pasar con una A —se giró hacia su hermano—. Mi regalo.

—¿Lo compraré?

—Dijiste que ya lo tenías —Lys frunció los labios—. Estás haciendo trampa otra vez y lo odio.

—Ya lo tengo, puedes verlo en la parte de abajo de tu closet, dentro de una caja de zapatos que sabía que no verías. —Druso le dio un beso en la mejilla—. Tiene bastante tiempo ahí, así que…

—Oye…

—No vas a revisar jamás la parte de los tacones que me hiciste comprar antes —le pellizcó la nariz—. Soy tu hermano mayor…

—Tienes treinta y dos años. —Lys arrugó la frente—. Y apenas tienes una pequeña familia…

—Una familia que crecerá bastante —Druso se recostó en el sofá—. Porque Lys espera tres bebés y por primera vez le ganaré en algo a Niklas.

—¿Vas a tener tu propia tribu de hijos? —Lys enarcó una ceja en su dirección—. Por favor, no lo hagas.

—Créeme que si fuera por mí, tendría muchos hijos —sacó su celular—. Total, tengo acciones en la empresa de papá que anualmente me dan millones de euros sin trabajar todo el tiempo que así yo lo quiera.

—No me digas…

—Solo piénsalo…

—Te estás tomando muy en broma el hecho de que tu nombre quedaría manchado de por vida por culpa de esos locos —su hermana sonaba bastante seria—. Escucha, puedo ser la hija no deseada en la familia, pero…

—Deja eso —Druso chasqueó la lengua—. Eres tan deseada que puedes decirme papá cuando gustes.

—No te voy a decir, papá. —Lys lo miró mal—. Volviendo al tema, tienes que sacar de la prensa eso de que eres un acosador si quieres que Ally y Astrid vengan a vivir contigo —le recordó—. Mi recomendación es que lo hagas lo antes posible, porque, como tendrás tres hijos más, necesitarás remodelar un par de cosas en esta casa.

—¿Remodelar?

—Hombre, vienen tres niños más y solo queda una habitación de invitados. —Lys lo miró como si tuviera varias cabezas—. ¿Vas a quedarte aquí?

Druso frunció el ceño en ese momento, porque algo hizo clic. Su casa era grande, pero tenía que expandirla más o comprarse una casa. Lo único malo de ese residencial era el robo de su diario para hacerle daño, pero nada del otro mundo. Sin embargo, tenía que hablar con Ally de si quería mudarse ahí con él, pero también estaba la promesa que le hizo a su hermana, a la cual no podía abandonar por nada del mundo.

Lys no quería quedarse a vivir en Londres y él no la obligaría a retroceder en eso. Druso movió el cuello de un lado a otro y asintió, dándole la razón en lo que decía.

El timbre de su casa fue tocado, y supo que Tracy había llegado para quedarse con su hermana el resto del día. Subió las escaleras para darse un baño y ponerse ropa más formal para poder visitar a Hazel en el psiquiátrico y luego ir con su abogado a firmar unos documentos.

Se despidió de ambas con un beso en la mejilla y les prometió traerles la cena de cualquier lugar que quisieran. Condujo hasta el psiquiátrico, un lugar espantoso para alguien que quería salir adelante y que era lo que se merecía esa chica al final de cuentas. Pensó en enviarla hacia el centro de rehabilitación donde estaba su hermana, pero sería demasiado bueno para esa mujer y su padre.

Una vez que llegó al lugar, dejó su nombre en la ficha que se le dio para llenar. Fue hacia un área para esperarla y que el personal le indicara cuándo podrían hablar sin que estuvieran vigilados del todo.

—Amor… —Hazel lo saludó en cuanto entró al pequeño cuarto—. Sabía… sabía que ibas a venir a verme.

—No te muevas —le ordenó el guardia colocando el seguro a las esposas en la mesa—. Cualquier cosa, grite.

—Está bien —Druso tomó asiento frente a Hazel—. No te veo con mucha energía…

—No me tratan bien —Hazel entrelazó sus dedos—. Les dije que ibas a venir a buscarme, pero ellos dijeron que tú…

—¿Qué yo qué?

—Que tú no me querías, pero sé que es mentira todo eso, ya que viniste hasta mí. —Ella pestañeó varias veces—. Ally no te ama, no te quiere como yo sí lo hago.

—Hazel, Hazel, Hazel… —Dijo su nombre despacio y con pausas dramáticas en el proceso—. Eres una mujer tan estúpida que no se da cuenta de que nunca te voy a querer —se burló—. Tan vacía y que presiento que papi tampoco te quería ni cuando tu mami estaba con vida.

—¿Por qué me dices todo eso? —Hazel la miró sin poder creerlo—. Hice todo por ti…

—¿Quién te habló de mi existencia?

—Mi padre —ella respondió con seguridad—. Me mostró una foto tuya, me dijo que si me portaba bien aquí… podría quedarme contigo e hice todo lo que me pidió —movió su cabeza como si estuviera negando—. Luego un enfermero me decía que si me quedaba tranquila… podría imaginar que eras tú y así lo hice…

—¿Qué más?

—Había una bebé nuestra… pero que después no era tuya y yo no la podía tener. —Hazel se limpió la nariz con el dorso de la mano y él le hizo una mueca—. Entonces papá me trajo otra vez y me ayudó… pero otra vez esa mujer se metió en nuestro camino y tenía que quitarla…

—Ally nunca te hizo algo para que te metieras con ella por las estupideces de tu padre —siseó—. Y no vine hasta aquí para que me digas de una u otra manera que ella es la culpable de todos tus males y lamento decirte que…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.