Druso recibió la llamada de su hija en el momento que su padre había encerrado a esa casa, así que no tuvo más remedio que llamar a su hermano, el cual apenas acababa de firmar unos documentos para ir con su esposa y tener unos días en calma en su casa después de trabajar tantos días seguidos sin ningún tipo de descanso aparente…
—¡Pues saca a tu maldito padre de la casa de mi mujer! —gritó Druso a su hermano Niklas—. ¡No lo quiero cerca de ella o de mis hijos!
—¿Puedes calmarte? —Niklas bramó al otro lado de la línea—. Estoy conduciendo hacia allá en este momento, dejando de lado a mi esposa, a mi hijo y a los que vienen en camino, solo para hacerte ese favor —gruñó—. Cálmate, que papá no le hará nada.
—Sí, cómo no —dijo con ironía—. No conoces los alcances de tu padre, mucho menos lo que hace para conseguir lo que quiere siempre y cuando nadie se interponga en su camino.
—Lo sé. —Niklas detuvo el auto frente a la casa de su hermano—. Ya llegué.
Druso colgó la llamada y Niklas se quitó la gorra del trabajo antes de entrar a la casa sin tocar. Lo primero que vio fue a su padre con una taza de té en sus manos, a Ally con los brazos cruzados en su pecho y a Astrid con un celular saliendo de la cocina, pero seguro era una videollamada con su padre.
Lo que sí sabía de antemano es que fue ella quien alertó a Druso de lo que pasaba, porque su hermano estaba ayudando a Lys con unas tareas. El hecho de que su padre hiciera acto de presencia era algo que Celia haría a través de otros.
—Buenas tardes —Niklas enarcó una ceja en su dirección—. ¿Puedo saber qué haces aquí?
—Vine a hablar con ella. —Aurel dejó la taza en la mesita del centro—. Me imagino que Druso te llamó.
—Tuve que decirle que no era necesario tomar un vuelo, pero sabes bien por quién lo hice. —Él ladeó la cabeza—. ¿Todo está bien, Ally?
—Sí, lo está —ella asintió—. Ya tu padre se retira —se levantó con cuidado del sofá—. Espero no verlo otra vez por aquí y lamento decirle que no verá a mis hijos por nada en el mundo y menos su esposa.
—Entiendo. —Aurel se levantó del sofá—. Lamento los inconvenientes.
—Druso te llamó. —Ally hizo una mueca—. Siento tanto eso y espero que Nancy no se ponga histérica.
—Ni que lo digas —Niklas sonrió—. Nos vemos, cuídate.
—Tú igual.
Aurel salió primero que su hijo, el cual se quedó en la casa para hablar un poco con Ally. Fue una conversación para nada amena, porque esa chica ni quería saber de él en lo más mínimo; más bien parecía tener deseos de querer matarlo en cualquier momento y con justa razón. No le echaba la culpa. Él no era la persona más sensata del universo en ese aspecto.
—No vuelvas a venir. —Niklas tomó del brazo a su padre—. Te lo resumiré para que lo entiendas.
—Hijo…
—La primera es que Druso no confía en ti, la segunda es tu esposa y la tercera es que voy a quitarte del mapa si me vuelve a llamar porque alguno de ustedes dos interrumpió mi camino a casa —sentenció—. No me importa que seas mi padre y lo sabes —se le plantó enfrente—. Nancy, Joshua y mis hijos que vienen en camino son mi familia y tenemos una rutina que se vio interrumpida por tu estupidez de venir a buscar algo que no te has ganado.
—Solo quería saber cómo estaban ellas. —Aurel levantó el mentón—. No le dije a tu madre ni a mi padre.
—Pues se lo dirás, porque no te callas con nada con esa mujer —siseó Niklas—. No vuelvas aquí, olvídate de esta casa y deja a esa chica en paz, porque bastantes cosas pasaron durante los últimos años y tú te ibas hacia otra acera para no ayudarla.
—Lo siento…
—Eso no arreglará nada en esta familia, ya que ahora tendrás que vivir sabiendo que ninguno de tus hijos soporta verte. —Niklas le abrió la puerta de su auto—. Lárgate.
Aurel asintió y subió a su auto, marchándose.
Niklas hizo lo mismo y eso fue todo lo que vio Druso a través de las cámaras, porque se le estaba complicando hasta respirar con su padre presente.
—¿Pasa algo? —Lys dejó sus apuntes a un lado—. Te ve enojado.
—Solo estaba hablando con Ally —respondió calmado—. Tracy vendrá a verte, porque tengo que hacer un par de cosas.
—Puedo quedarme aquí sola…
—No.
En ese momento, el timbre sonó y fue el indicador que necesitó para tomar su abrigo y sus cosas. Le dio un beso en la frente a su hermana y uno en la mejilla a Tracy. No tenía mucho tiempo antes de que se dieran cuenta de que él estaba rompiendo la propia orden que ejerció, pero quería ver con sus propios ojos cómo estaba Richard.
Cuando llegó a la prisión, lo llevaron hasta lo que parecía ser una sala de interrogatorios y minutos más tarde, Richard apareció en su campo de visión completamente golpeado y, por sus fachas, supo que no la estaba pasando para nada bien.
—Veo que no te han tratado bien tus nuevos amigos. —Druso sonrió de lado—. Supongo que al final del día, todos pagamos nuestros pecados de una forma u otra —se encogió de hombros—. Siéntate.
—Moviste tus hilos para una conversación privada…
—No es privada, porque hay personas mirándonos —señaló las cámaras—. Es una conversación amena.
Richard fue esposado a la mesa y los guardias salieron, dejándolo a solas con él. El hombre que por años impuso su voluntad, ahora estaba reducido a nada por sus malas decisiones y nadie iba a salvarlo, porque también sería contraproducente meterse en algo así. Sin embargo, no iba a quedarse tranquilo, eso sí que no. Haría que ellos también sufrieran por las cosas que les hicieron a sus compañeros y que, sobre todo, los traumas que dejaron en otros.
—Hace unas semanas hablé con la loquita de tu hija —Druso cruzó los brazos en su pecho—. Sí que le metiste en la cabeza que sería de ella.
—Hazel solo es un daño colateral…
—Un daño colateral que salió de ti —señaló—. Porque ella es idéntica a ti en todo lo que le pongas enfrente —le recordó—. Aun así, esa chica haría lo que fuera por mí.