Desastre en el hielo

77.

Estaba comiéndose unos dulces que consiguió en una farmacia cuando fue a comprarse sus medicamentos prenatales y lo mejor de todo es que estaban a un buen precio y le llamaron mucho la atención. Su embarazo iba muy bien; no podía estar más feliz de que sus hijos no hicieran berrinches en su vientre como le pasaba de vez en cuando con Astrid, aunque en sí eran muy pequeños.

Vio la hora y supo que su hija estaba todavía en clases, así que se acomodó en el sofá, no sin antes poner una alarma de veinte minutos antes de su llegada. Sin embargo, el padre de sus hijos tenía otros planes de los cuales ella no tenía idea, puesto que la estaba llamando como si su vida dependiera de eso.

—Hmm —cerró los ojos acomodándose bien—. ¿Qué quieres?

—Hablar contigo —Druso gimoteó—. ¿Qué tal la cita médica?

—Te envié todo por correo desde el segundo cero —contestó—. Bueno, lo hizo la doctora porque Yilda se lo comentó y es obvio que vas a querer saber —sonrió—. Adivinaré lo que quieres preguntarme…

—¿Cuándo vamos a saber el sexo de los bebés?

—Cuando se cumplan los meses estipulados o en el momento que ellos decidan que quieren eso —acarició su vientre—. Ya comienza a notarse más que la última vez que fui y me dijeron que los tres se comportan como buenos niños.

—Es bueno saberlo —Druso se aclaró la garganta—. ¿Con Astrid…?

—Te dije que fue un embarazo con muchas consecuencias y ni yo misma, si me pongo a pensar, pensé que quedaría embarazada otra vez —confesó—. Ahora, voy bien…

—De acuerdo —él se aclaró la garganta—. ¿De qué tienes antojos ahora?

—Vi unos dulces de no sé qué en una farmacia y ahora me los estoy comiendo con mucho gusto —se metió un pequeño bocado—. Aunque ahora tengo más antojos de fruta del dragón, así que…

—Mandaré a alguien que te las lleve ahora —prometió—. Vi que enviaron más o menos la fecha de parto.

—Sí, nacerán en verano, un mes demasiado caliente —hizo un puchero—. Quería que fuera en otro momento, pero también es lo más normal, supongo.

—Podemos hacerlo bien la próxima vez…

—¿Hacerlo bien la próxima vez? —Ally abrió y cerró la boca sin poder creerlo—. No vamos a tener más hijos, ¿te volviste loco o qué?

—Es una conversación que podemos tener más adelante, no es necesario que sea ahora. —Druso sonrió—. Ya sabes…

—¿Y los vas a cuidar tú? —siseó—. Ya que yo volveré a trabajar una vez que culmine mi año de maternidad.

—Sí, los cuidaré a los tres…

—Ya te quiero ver cuidando de tres niños, sumándole que tenemos a una de casi seis años —bromeó—. Imagínate a una adolescente…

—Ally…

—Es la verdad —ella cerró los ojos un momento—. ¿Has sabido algo de Richard?

—Solo que está muy cómodo. —Druso se aclaró la garganta—. Le pasaron una que otra cosa, es todo.

—¿Todo?

—Le propuse un trato hace un mes más o menos —le confesó—. Me daba lo que quería y todos en la industria caerían —aclaró—. Es un buen trato.

—Le diste lo que quería —Ally se sentó—. ¿Cuándo pensabas decírmelo?

—Te lo estoy diciendo —Druso trató de hacer que no se enojara—. Necesito su ayuda, porque en todo esto, muchísimos chicos están metidos en ese intercambio íntimo.

—¿Qué?

—Sí —dijo él, todavía asustado—. Durante este mes, han surgido una que otra cosa aparte de que pensábamos que eran algunos chicos del equipo, y están todas las miradas sobre mí.

—¿Por qué tendrías que estar en el ojo público otra vez?

—Ya que por mí, después de mi salida del equipo, se han mostrado más baches y eso es otra razón para que el entrenador me siga manteniendo en pausa por el resto de la temporada y también la junta —le explicó—. Nadie quiere contratarme si quiere por una temporada más, así que me toca quedarme en Minnesota por un tiempo más.

—Lo lamento…

—Ya no importa. —Druso mintió; ella lo supo por su tono de voz—. Sé que por mi edad no podría llegar más lejos, pero…

—Tu manera nunca fue treinta y cinco, siempre fue cuarenta —completó—. Es complicado, por el hecho de que, aunque tienes dinero para gastar todo lo que quieras, siempre querrás hacer algo que te guste como tus hermanos.

—Supongo que tienes razón. —Él rio, pero no fue algo sincero—. Esta vez solo me queda agachar la cabeza, porque la persona que filtró ese diario es como una sombra que nadie puede atrapar en cierto modo.

—Bueno, mirándolo desde otro punto de vista, es mejor que se quede en el pasado —propuso mordiendo el pulgar—. Quizás es una buena señal para que seas un amo de casa después de todo.

—Sí, un amo de casa…

—Lo siento, no debí decirlo así y menos ahora que estás pasando por un mal momento.

—No, está bien —la interrumpió—. Es obvio que no lo dijiste con mala intención; es que yo solo estoy ahora tratando de tomar un buen rumbo en mi vida.

Ally trató de decirle que quizás era el karma, pero prefirió no hacerlo. Druso no necesitaba que ella estuviera en su contra en ese momento y no quería una discusión fuera de lugar como pensaba que ocurriría si se quejaba con él. La llamada duró un poco más y luego ambos decidieron darle fin.

Su hija llegó de la escuela vistiendo su uniforme de educación física, notablemente cansada por las prácticas que estaba tomando, y se preguntó si en verdad sería una amante de los deportes, porque se iba a preparar para romperle la cara a cualquier persona que dijera que era una marimacho por querer esa clase de cosas más que otras.

—Tenemos que hablar de algo importante —Ally se sentó con ella en el piso para secarle el cabello—. Como estás notando, ya tengo casi los cuatro meses de embarazo.

—Sí…

—Bueno, la razón de esto es que estuve hablando con tu padre y él me preguntó si deberíamos regresar con él en Minnesota —secó su cabello con cuidado—. Le dije que hablaría contigo, porque aquí te sientes muy cómoda y no quiero que sientas que es una obligación aparente…

—No sé qué significa aparente, pero me gusta estar aquí. —Astrid colocó ambas manos en sus rodillas—. Mis primos son muy buenos, aunque la maestra dijo que tengo que estar con niñas, pero es que no me gustan.




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