Sonrió de oreja a oreja cuando las fotografías de Ally embarazada aparecieron en su pantalla, por el hecho de que ella se tomó el tiempo de hacerle llegar dichas fotos y no se lo pensó dos veces antes de poner algunas en pantalla.
—Ella se ve muy bonita —Ally sonrió—. Se nota que su embarazo avanza más que bien.
—Sí, lo hace —asintió estando de acuerdo—. Se le nota cada vez y me temo que en cualquier momento me dirá que ya saldrán.
—Debe ser difícil para ti estar lejos —susurró—. Y siento que lo estás haciendo más por mí y no debe ser así… —Lys lo miró con pena—. Sé que soy tu hermana, pero tu vida está en Londres y no hablo de lo profesional.
—Ally está bien allá y yo…
—Aquí no tienes nada más que problemas —su hermana sonrió triste—. Puedes irte cuando gustes…
—Eres menor de edad todavía —le recordó—. No puedo dejarte aquí sola y no vas a regresar a la clínica.
—Bueno, las clases van a iniciar después del verano y hay internados buenos —le indicó su hermana—. Tú mereces ser feliz y conmigo aquí ya es difícil.
—No te dejaré y buscaré la forma de hacer que todo esto funcione como es debido —prometió—. Sé que ahora la prensa nos está carcomiendo la existencia, pero verás que voy a solucionar todo.
—Lo he visto en mi computadora —señaló el aparato—. Te siguen comiendo en vida y es un poco complicado en tu caso, ya que eres una estrella y la verdad es que no quiero estar en tus zapatos.
—Soy un acosador, narcisista, abusador de no sé qué cosa y el victimario de todo el lío —levantó ambas cejas—. Ally se está llevando el crédito de todo.
—Bueno, sabes que ella fue la chica que acosaste en tus vacaciones en Londres e hiciste muchas cosas cuestionables —Lys le pellizcó la mejilla—. La pobre no tuvo más opción que quedarse contigo.
—No sé cómo sentirme al respecto en este momento.
Druso asintió y, en entrada la tarde, Tracy llegó para hacerle compañía a su hermana, puesto que se le informó que tenía una reunión definitiva con la junta directiva del equipo. Incluso, él filtró información de que algunos jugadores hicieron cosas peores, desde alcoholismo hasta lo más espantoso que podía hacer cualquier ser humano, y se les permitía jugar. Con las manos sudándole por los nervios, entró de lleno a la sala de juntas donde se haría la reunión, sabiendo que en cualquier momento su puño iba a ir dirigido al nuevo entrenador.
—Buenas tardes. —Druso entró al lugar, llevándose la sorpresa de que también había al menos cinco jugadores—. Pensé que sería algo interno.
—Lo es. —El entrenador le indicó que se sentara—. Ellos han venido también porque veremos sus futuros después de una serie de declaraciones que están rondando los medios desde el día cero.
—¿Día cero? —tomó asiento—. Pensé que todo el chisme era conmigo.
—Aquí no hay ningún chisme —sentenció el director con voz irritada—. El comité nos tiene en la mira porque ahora ustedes seis han estado haciendo cosas que me tienen realmente irritada a más no poder y ni hablar de que estamos en un punto en que están viendo los partidos solo por un chisme nuevo.
—Al menos, pueden decir que ellos ven esos partidos debido a eso —se encogió de hombros—. No le veo el lío mayor —ladeó la cabeza—. ¿Qué es lo que quieren?
—Hemos decidido hacer una votación para inclinarnos por lo que haremos por ustedes —el entrenador decretó—. No todos los días se ven estos momentos tan deplorables.
—No son deplorables, por el simple hecho de que nos tienen un punto medio y no podemos defendernos —dijo uno de los jugadores—. Nos han dejado de lado por sus intereses, y nuestra dignidad por los suelos.
—Sus intereses nos están afectando a todos…
—No, nos afectan a nosotros, porque juegan con nuestro contrato —Druso intervino entrelazando sus dedos en la mesa—. El lavado de dinero se les acabó cuando su querido entrenador me hizo a un lado —ladeó la cabeza—. ¿O no es así?
—Tú…
—Sí, ese soy yo —se señaló a sí mismo—. Richard me usaba por eso, me quería todo el tiempo con él por esa misma razón.
Todos se quedaron en silencio en ese momento, puesto que no tenían cómo defenderse de lo que él les decía. Druso tocó un punto en que todos ahí eran conscientes de que todo se resumía a los patrocinadores que se fueron poco a poco.
—Vamos a dejarles saber si podremos negociar que vuelvan a jugar —el entrenador dijo al fin—. Estamos teniendo muchas bajas con ustedes seis y no me quiero imaginar lo que nos pasaría, ya que estamos bajando mucho de puestos y necesitamos llegar a la cima antes de la final.
—Vaya —sintió que su corazón iba a salirse de su pecho—. Nos dejarán jugar…
—No empieces —sentenció otro dirigente—. Estamos en este lío por tu culpa principalmente.
—Estamos en este lío porque nos dejaron solos —dijo otro jugador—. La vida personal de Druso no es comparada con las cosas que nos hacen y no es por minimizar. Nos usaban como moneda de cambio…
—Podían negarse…
—No, no podíamos negarnos en ningún momento —el que tenía a su lado golpeó la mesa sintiéndose enojado—. Era eso o quedarnos sin el contrato, contrato que nos daba el dinero para comer, y ustedes jugaron con el pan que nos sostiene a muchos de aquí.
Druso cruzó los brazos en su pecho al escuchar eso. Si pensaban que se quedarían de brazos cruzados, estaban muy equivocados.
La reunión terminó con cosas a medias, dejando todo a medias, y que sus contratos se iban a reevaluar, puesto que los cinco jugadores tenían que ir a los tribunales en los próximos días para unas declaraciones. Con el corazón latiéndole a mil por ahora, marcó el número de Ally rápidamente, sintiendo que todo en él se descontrolaba y necesitaba escucharla.
—¿Hola?
—Lamento llamarte tan tarde —Druso apoyó la frente en el volante—. Sé que allá es casi medianoche y que…
—No, estaba viendo una película porque no podía dormir. —Ally lo interrumpió—. ¿Pasó algo?