Rodó un poco en la cama sintiéndose todavía peor que antes. Se sentía tan pesada que solo quería quedarse en la cama todos los días. Estaba en su mes de vagancia en todo el sentido de la palabra, por así decirlo. Por suerte, su casa tenía una buena ventilación. Había leído la noticia que subieron y Druso iba a poder jugar en el inicio de la postemporada.
Druso le había llamado primero antes de cualquier cosa y ella lo felicitó. Incluso, lo había visto en los entrenamientos con los otros jugadores, aunque la verdad le sorprendió bastante que las personas continuaran con sus ataques después de tanto tiempo.
Lys se disculpó por la decisión de su hermano de no irse del país para buscarla, y ella no tenía corazón para echarle la culpa a una chica que pasó por tantos traumas en Londres.
—Mami —Astrid subió a sus piernas—. ¿Ya veremos a papá?
—Sí, ya casi inicia —encendió el televisor—. ¿Emocionada?
—Sí, y sin sueño. —Astrid tomó la manta y tomó asiento a su lado—. Papá está de regreso y estoy demasiado feliz de que lo hayan aceptado en el equipo.
—Yo también.
Ally acarició su vientre un poco abultado y su corazón comenzó a latir con fuerza al escuchar el nombre del equipo de Druso entrar a la pista de hielo. Todo el estadio estaba gritando el nombre del equipo y el hecho de que la fanaticada estuviera al pendiente de él le daba la sensación de que todo estaba regresando como antes.
El timbre de su casa sonó varias veces y tanto su hija como ella se miraron fijamente, porque ni se dieron cuenta de qué autos se estacionaron frente a su casa.
—¿Ally? —Nancy la llamó—. Somos nosotros, no llames a la policía.
La tensión que tenía encima se disipó al escuchar la voz de su amiga. Con algo de dificultad se puso de pie y caminó descalza hasta la puerta, encontrándose con los hermanos de Druso: Niklas y Azriel, al igual que sus amigos y los niños.
—Pijamada sorpresa —Joshua se adelantó con su almohada—. ¿Y Astrid?
—Estoy aquí. —Astrid se metió detrás de las piernas de su madre—. Vinieron todos.
—Sí, hemos venido todos a ver a tu padre —Niklas asintió—. ¿Nos permites entrar?
—Sí, sí —ella asintió todavía conmocionada por verlos ahí.
Todos entraron; hasta Sariel con su prometido estaba presente y, aunque eran literalmente las tres de la mañana, todos se veían demasiado despiertos para ese partido.
—Voy a mover un par de cosas —Azriel informó—. Es para que nos podamos sentar todos a ver el partido.
—No hay problema.
—Toma asiento —pidió Yilda—. Estás redonda.
—Es que todavía no lo creo —se sentó con algo de dificultad—. ¿No tienen que trabajar en unas horas?
—No, que va —Nancy tomó asiento a su lado—. Yo tengo todavía unos buenos meses de reposo para mí —rio entre dientes—. Hicimos un hueco para el regreso de Druso y esperamos verlo dándolo todo.
Ally los vio colocar unos bocadillos en unos platos, también comida que al parecer compraron en algún autoservicio. El himno nacional de los Estados Unidos pasó, al igual que el de los estados que estaban participando.
Llevó ambas manos a su vientre con cuidado y lo acarició. En lo que todos se acomodaban en su sala, ella no pudo apartar la vista de la pantalla cuando de la nada Druso apareció ante las cámaras como uno de los jugadores que estarían de inmediato.
El partido inició en poco tiempo y sus nervios estaban a más no poder. Había visto que a duras penas el equipo de Minnesota se estaba manteniendo a flote debido a todas las controversias, y muchos medios de comunicación estaban en el estadio, los cuales querían saber si fue buena idea volver a meter al gran Lemann en el hielo y a los otros jugadores.
Lo vio moverse por la pista de hielo, siendo el capitán esa noche entre todos los jugadores, dando así el mejor inicio de la temporada. En un punto determinado de la noche, Niklas les dijo que tomaría un par de fotos para subirlas a las redes sociales y ella asintió colocándose con su pequeña a su lado sonriendo a la cámara.
Aunque la que menos usaba redes era Nancy.
Durante el partido, hubo uno que otro choque con jugadores, un Druso que no se dejaba por nada del mundo y otros sujetos que solo querían provocarlo para sacarlo de quicio.
—No estés tan nerviosa. —Sariel tocó su brazo—. Verás que sí gana.
—Estoy nerviosa, es todo —secó sus manos en la bata—. Es como verlo por primera vez después de tantos meses.
—Bueno, la liga no podía dejar su mejor inversión de lado y más cuando a Druso le quedan tres años más o menos de retiro —su amiga le dio un pequeño apretón de manos—. Descuida, él sabrá cómo hará sus cosas contigo y, si decide alejarse del hockey después de esta temporada, es su única decisión.
—Lo sé, gracias.
El partido continuó con cambios tanto buenos como malos. Druso era el mejor de su área, pero muchos de los que estaban ahí era solo por él.
En un punto determinado del partido, con un empate de por medio, Druso tenía el disco, pasándolo entre Alariel y un par de jugadores más que eran como un escudo humano. Su corazón latía a mil por segundo.
Hasta que todos gritaron cuando el disco fue insertado en el lado contrario y desempatar el marcador a solo unos pocos minutos de finalizar el juego. Ally se quedó por unos segundos en silencio antes de abrazar a su hija por eso.
El partido terminó con el equipo de Minnesota ganando, dando el reinicio a todo entre ellos.
—¡Mi papi ganó! —gritó feliz de la vida Astrid—. ¡Ganó mi papi!
—Sí, él ganó cariño —le dio muchos besos en el rostro—. Nuestro hombre ganó.
—Y lo grabé todo —Greg, el prometido de su amiga, levantó su celular—. Todo quedó aquí, bien grabado.
Ni tiempo les dio de decir algo; subió el video a todas sus redes sociales, etiquetándolos. Era cuestión de tiempo para que muchos supieran de su nueva red social y comenzara otra vez la ola de fanáticos detrás de ella. En la pantalla vieron las felicitaciones, los festejos entre los jugadores y el apoyo del público; en las redes y los medios de comunicación estaban eufóricos por el regreso del hombre más mediático del año; incluso habían sido más mediáticos que los mismos Azriel y Yilda en cierto modo.