Chocó los puños con sus compañeros de equipo cuando fue el turno de al fin llegar a los vestidores. Ganar el primer partido era mucho; después de casi quedar por fuera y tener de regreso a Druso ya era una enorme ventaja. Fue hacia su casillero para sacar su ropa y meterse en las regaderas para una ducha rápida y no hacer esperar a su hermana.
La dejó con su celular para que hablara un poco con sus hermanos, los cuales no tenían planes de irse de la casa de Ally después de todo. Aunque en Londres posiblemente ya eran casi las seis de la mañana, sus energías estaban a tope. Sintió una punzada en el pecho al ver a su hija tan feliz con sus primos, algo que aquí, durante sus años en la escuela, jamás obtuvo un pedacito de esa felicidad debido a que solo la buscaban por él y nada más.
Unos minutos más tarde, se despidió de sus compañeros, diciéndoles que tenía a su hermana menor en el estadio y que no podía estar con ellos para celebrar ese triunfo, pero la verdad es que ya le había prometido a Lys que irían a un restaurante para cenar.
—Ally me dijo que dijera que no tomes mucho alcohol. —Lys lo abrazó por el brazo—. Que te portes bien y que no hagas nada malo.
—Sí, ella dijo eso —movió los labios de un lado a otro—. Estoy por considerar seriamente las cosas que hablas con ella.
—Es que es inevitable…
Druso se detuvo en seco al ver algunas sombras en el estacionamiento, algo que le alertó bastante. Se quitó la chaqueta, colocándosela a Lys por encima de la cabeza y la abrazó todavía más para que su rostro no quedara al descubierto. Y como presentía, la prensa lo estaba esperando, omitiendo el hecho de que era un lugar reservado para los jugadores.
Le abrió la puerta del copiloto, ayudándole a sentarse con cuidado y luego rodeó el auto del mismo modo para evitar cualquier eventualidad en ese momento. Su hermana tenía la belleza oculta de alguien que no necesitaba ser el centro de atención y no podía verla en los medios de comunicación, atrasando sus avances.
Emprendió su marcha hacia el restaurante donde tenía reservación con una hermosa vista frente a un lago. Lys estaba emocionada, ya que siempre había querido ir a ese lugar y las veces que había visto algo referente, era debido a su trabajo de clases.
—Es tan hermoso —Lys se quedó unos segundos en silencio—. Me encanta.
—Lo sé, sabía que te gustaría —Druso sacó la silla para que se sentara—. Hay unos cortes de carnes muy buenos, así que puedes tomar lo que gustes.
—Sí, muchas gracias. —Lys tomó el menú en la mesa—. Mamá no me dejaba comer carne y tampoco las niñeras —recordó con una mueca triste—. Mejor dicho, si probaba un bocado, era un milagro.
—Hey, ya es algo del pasado y has estado conmigo por casi un año comiendo todo lo que gustas —le recordó—. Olvidalo todo, pensemos mejor en el futuro.
—Sí, lo siento —ella asintió—. Es que todavía no puedo creer que ya no esté bajo el yugo de mamá.
—Ni que lo digas —asintió—. Tampoco tienes que darle cuentas a alguien, solo a mí —bromeó—. Por algo soy tu niñero.
—Y por mi culpa, tienes que estar apartado de tu novia e hija —se disculpó—. Yo…
—Es una decisión que tomamos los dos como adultos —la interrumpió—. La vida de Ally está en Londres, con sus amigos y trabajo —dijo con pesar—. La mía está aquí, dos mundos opuestos que en cierto modo se unen en algún momento de sus vidas.
—Pero tú…
—No voy a renovar mi contrato con el equipo. —Druso negó con la cabeza—. Lo estuve meditando desde hace un tiempo, y es lo mejor para mí, mi novia e hijos —pasó saliva—. Aunque me duela no poder llegar a mi meta, no me siento preparado para perderme del nacimiento de mis hijos o de que Ally se vaya de mi lado de forma sentimental.
—¿Estás seguro de eso?
—Sí, estoy seguro —tomó sus manos y las apretó—. Estoy seguro —asintió—. Así tendré tiempo de viajar algunos días a la semana para verlos.
—No, eso no… —Lys se sintió todavía peor—. No lo hagas… Sé que tengo mis cosas, pero no es lo mejor para ninguno.
—Lys… hemos hablado de esto muchas veces. —Druso le dio otro pequeño apretón de manos—. Eres mi hermana y me siento mal por lo que te hicieron…
—Es mi culpa.
—Nunca será culpa de la víctima —le dijo con serenidad—. El hecho de que hayas sido objeto de abuso para cerrar un contrato, que hayas pasado por un proceso de anorexia debido a eso y que ahora estés saliendo poco a poco adelante…
—Es que yo…
—Shh, yo me haré cargo de todo ahora —besó sus nudillos—. Encontraremos alguna forma de hacer que esto funcione.
Lys asintió, pero en su mirada estaba el autorreproche que quería dejar salir. Su hermana había sido una moneda de cambio en el pasado; le hicieron tantas cosas que la pobre ni recuerda debido a las sustancias suministradas, o eso quieren creer todos, porque hay momentos en los cuales ella se queda mirando a la nada o se despierta teniendo pesadillas.
De solo pensar que hasta su padre era partícipe de eso le daba un asco tremendo. Usar a su hija, aunque en realidad Lys no era su hija biológica, únicamente para complacer a la nefasta de su esposa, ya era mucho más de lo que cualquier persona podía imaginarse.
La cena de celebración transcurrió en una charla amena entre ellos; en fotos subidas a las redes sociales del deportista, las cuales estaban con los comentarios desactivados, pero los mensajes directos eran mucho más recurrentes.
Druso vio las fotos que subieron etiquetando el perfil de Ally, el cual ella había mantenido como algo oculto por el momento, pero ya no tanto, porque algunos fanáticos se dieron cuenta de que hasta el corredor de Fórmula 1 estaba ahí en la sala de la casa de su novia.
Con razón había sido interceptado en el estacionamiento antes de la cena con su hermanita.
Y de ese modo, Druso vio cómo al día siguiente estaba en entrenamientos constantes para ponerse al día con sus otros compañeros; la forma en la que se movía en la pista parecía ser que no había estado unos buenos meses sin pisarla.