Llevó una de sus manos al vientre, sintiendo que esos bebés querían matarla en sí porque ella no quería moverse de la cama con su avanzado embarazo. No era que no quisiera, es que las complicaciones para estarse moviendo, subir y bajar escaleras ya eran demasiado. Hasta pensó en decirle a Druso que hiciera un pequeño cambio para ella y la dejara dormir en el primer piso, porque ya no podía ni con su propia vida.
—¿Todo bien? —preguntó Druso después de unos minutos al verla así—. Te noto muy tensa, mi amor.
—He intentado ponerme de pie por más de quince minutos —Ally gimoteó—. No puedo ni con mi vida.
—Lo lamento. —Druso le ayudó a sentarse—. Estaba haciéndote el desayuno.
—Me siento horrible —aprovechó para abrazarlo—. ¿Por qué no me dijiste que era tan difícil?
—Lo sé, lo sé —fue en busca de su calzado—. Vamos a ayudarte con el baño y bajaremos a desayunar.
—Está bien.
Druso la dejó sentada en la cama en lo que iba a preparar la tina con el agua caliente y algunos paños para su relajación. El desayuno podría calentarse luego de su baño. Le ayudó a quitarse la ropa, y aunque ella se mantenía haciendo caminatas, sin embargo, desde que su espalda chocaba contra la cama, ya se iban sus ejercicios.
—¿Todo bien contigo ahora?
—Sí, ya no me siento tan pegajosa ahora —cerró los ojos—. ¿Lys y Astrid?
—Ambas están desayunando. —Druso masajeó su cabello—. Han estado diciendo que se encuentran emocionadas por ir a comprar las cosas que faltan para los bebés —besó su mejilla—. Digamos que falta poco para tenerlos con nosotros y esperan tener todo listo.
—Me lo imagino —gimió feliz por la relación que estaba experimentando—. Me encanta esto.
—Claro, te encanta tenerme contigo así todos los días —siguió con los mensajes en su cabello—. Ser muy mimada.
—Que conste que la mudanza en parte fue por esto —suspiró—. Estos bebés se mueven bastante y no quiero imaginarme cuando salgan.
—Ya tengo todo solucionado —Druso aclaró—. Tracy me recomendó niñeras para tus descansos.
—¿Niñeras? —Ally abrió los ojos sorprendida.
—Dijiste que ibas a regresar a trabajar dentro de poco —le recordó—. Tenemos que buscar la forma de que los bebés estén bien y yo no estaré siempre en la casa.
—No lo sé…
—Aunque me retiré del hockey para ser un papá completo, sabes que no podré con todo —él suspiró—. Las cosas cambian con el tiempo y ten en cuenta que tenemos a una adolescente en casa, una niña de seis años también.
—Tienes razón —Ally asintió—. Lys ingresará a la escuela pronto para su último año y Astrid irá también a otra escuela.
Ally sabía que ese cambio que había tenido con su hija dos meses atrás ya era demasiado para ella y tenían que establecerse en un sitio que les sirviera a todos. Quedaron en que se quedarían con la casa de Ally en Londres para cuando quisiera vacacionar sin tener que molestar a los demás, únicamente para que contraten algún tipo de personal de limpieza. Niklas era el que se había quedado con las llaves de su hogar y tenía permiso de ir de vez en cuando a vigilar todo, puesto que ya no confiaba del todo en las cámaras de vigilancia siquiera.
Su hija había sido la persona que una noche le comentó por primera vez que quería a sus padres juntos, pero que entendía por qué su tía Lys no podía viajar a Londres por culpa de su abuela. Llegó un punto en el cual Celia intentó acercarse a su hija en una pequeña reunión que se hizo tiempo atrás y fue para mal. Ninguno de los tres niños deseaba tener algún tipo de contacto con esa mujer después de las atrocidades que escucharon en secreto y las que vieron también.
Ella pidió el traslado para Minnesota, y ahí le dijeron que podía tomarse el plazo acordado por la aerolínea de Londres que estaba en sus registros sin ningún problema. No había sabido nada de sus antiguos compañeros y ella no preguntó. No era que no le interesara; más bien le parecía un momento de ruinas en su pasado que no quería tener de nuevo.
Una hora ya más tarde, estaba sentada terminando de comerse su desayuno cuando su hija decidió que era momento de aparecer después de todo.
—Hola, mami. —Astrid subió a la silla—. Joshua y Yoman vendrán a pasar unos días aquí.
—¿En serio? —Ally entrecerró los ojos—. No me digas.
—Sí, sí te digo —su hija rio—. Es que quieren pasarse un tiempo conmigo y, como voy a ir a otra escuela, ya sabes.
—No, no sé nada —cortó un poco de carne en su plato—. Andas muy feliz en estos días y espero que no haya ningún chico por esa mente.
—No hay ningún chico, mamá. —Astrid se puso roja—. Es que, como ya estoy en una nueva escuela, muchas cosas están por cambiar.
—Espero que no vengas con más cosas de chicas. —Druso entró a la cocina, dejando la bolsa para su viaje a la ciudad—. No estoy preparado para que mi hija me diga que ahora tiene novio.
—Los niños son asquerosos…
—Concuerdo con mi sobrina. —Lys entró a la cocina.
Ella estaba radiante y estaba vestida con ropa deportiva. Se imaginaba que había estado dando un pequeño recorrido por los alrededores antes de salir. Desde hace un tiempo, había estado notando muchísimos cambios en ella y el hecho de que decidiera estudiar medicina y luego especializarse en algo más productivo deja claro que no necesitaba de nadie más que de ella misma para lograr lo que se proponía si quería.
—Me iré a dar un baño —anunció Lys—. Bajo en unos minutos.
—De acuerdo —Druso asintió—. Recuerda traer la lista de tus útiles escolares.
—Sí, señor.
Y mientras ella terminaba su desayuno, Druso organizaba todo en la casa sin dejar que ella pusiera un solo pie o mano en algún sitio desordenado. Tracy, aunque era de ayuda, ya no era la niñera personal de Druso. Este le pidió que se jubilara y que no se preocupara, que tenía un ahorro especial para ella y que podía hacer lo que quisiera con el dinero, puesto que la consideraba como una madre y parte de las personas que le ayudaron a recuperar a Ally, a su hija y a todos en el proceso.