Tiempo atrás.
Druso fue hacia la habitación donde Ally guardaba las cosas, puesto que ella le había pedido anteriormente que si podía ayudarle a empacar algunos recuerdos de sus padres para poder llevarlos a Minnesota durante la mudanza, por lo que era bastante bueno, por así decirlo, que ella estuviera recogiendo algunos recuerdos de sus padres.
Había una que otra caja en medio de todo ese lío, pero lo que más le llamó la atención eran unos cuadernos que no recordaba en lo absoluto que ella pudiera haber tenido en realidad. Fue sacando las cajas, y ya después le preguntaría a Ally qué era todo eso que ella tenía ahí, porque no recordaba y quizás eran cuadernos de escuela que nunca tiró a la basura.
Aun así, cuando estaba por recoger la caja con los cuadernos, esta se abrió desde abajo y todos cayeron al piso en un ruido sordo. Se agachó para recogerlos, pero antes fue viendo las páginas para preguntarle a su novia qué quería con esos cuadernos.
Aunque en las primeras páginas no había nada revelador, era una simple pantalla, ya que a la mitad del cuaderno que tomó, estaba escrito algo que nunca pensó ver. Escuchaba las risas de su hija y Ally en la sala, hablando de las cosas que harían ahora que iban a vivir juntas con su papá y que ella tendría muchas oportunidades de jugar hockey.
Sin embargo, eso que había encontrado por error o quizás no, lo dejó sin palabras.
“Todos hablan de lo maravilloso que es Druso, cómo ha podido salir adelante, y yo sigo aquí, sin trabajo, sin poder luchar por lo que quiero. Con una ficha que no se irá por más que quiera, mientras que él sigue disfrutando de todo.
Sé bien que sus cámaras de seguridad tienen un autoborrado de dos meses a lo mucho, tiempo suficiente que tendré para hacer lo que quiero. Iré a comprarme mi celular nuevo, junto con uno desechable y, como tengo el correo creado para esto, no se dará cuenta.
Todos van a conocer a Druso Lemann, el acosador que es, y también lo asquerosa que es su familia, y no me importa nada, solo que él sufra el desprecio de todos. Tuve que cerrar mis redes sociales, me acosaban, me tiraban odio y solo les quedaba investigar dónde vivía. Perdí amistades por esto, aunque pensándolo bien, no eran mis amigos. Solo me queda mi hija, pero ella está mejor con él.
Tomé fotos de su diario; las publicaré en su debido momento”.
Fue leyendo cada una de las palabras que decía o hacía. Nunca la vio con ese diario en la casa, aunque lo más seguro es que decidiera hacer eso cuando él no estaba ahí. Ya que recordó que la habitación de Ally no tenía cámaras de seguridad y jamás iba a saber que fue ella quien filtró esas fotos por los tiempos acordados que se vieron en las publicaciones en redes sociales.
Fue pasando página por página, hasta que llegó donde ella colocaba cada cosa que hizo para que la prensa en verdad lo detestara.
“El día que fui a comprar mi celular, le pedí un momento. Alariel para ir al baño, luego programé las publicaciones y tiré por el inodoro los pedazos del celular para que nadie supiera de eso. En unos meses, justamente en uno de sus partidos más importantes, todos verán la clase de persona que es, mientras que a mí me verán como una víctima que soy.
Me molestó que Druso nunca saliera a desmentir nada, porque mientras yo estaba sufriendo cada noche por esos mensajes, cartas y correos, él seguía jugando.
Supongo que es momento de darle una cucharada de su propia medicina”.
Niklas tuvo que dejar eso a un lado y marcar el número de su hermano Niklas rápidamente al leer eso, por el hecho de que él le había estado ayudando en eso. De paso, hizo una llamada también grupal con su hermano en el proceso, ya que de los nervios, ni cuenta se dio de lo que hacía.
—¿Por qué…? —Azriel comenzó a decir.
—Ya sé quién fue quien filtró las fotos —susurró dolido y con una presión en el pecho—. Fue… fue Ally —pudo articular—. Ella fue…
—¿Qué?
—Sí, fue ella, lo acabo de leer en su diario o lo que sea que haya usado para desahogo. —Cerró los ojos con fuerza—. No puedo creerlo.
—Oye…
Cortó las palabras de su hermano y le contó cómo había hecho las cosas. Únicamente bastó con un mensaje programado, una publicación en las redes y que todo explotara el mismo día que ella había ido a buscarlo.
Todos vieron a través de las pantallas a una mujer inocente, mientras que a él le cayeron encima durante meses, muchos más meses de los que a ella le había pasado, y todavía seguía recibiendo mensajes y comentarios de personas que le decían de todo.
Druso terminó de leer lo que ella había escrito, contándole a sus hermanos cada cosa, en lo que ellos escuchaban decir.
—¿Druso? —Ally lo llamó.
—Tengo que colgar —comentó—. Hablamos luego —guardó los cuadernos en la caja, fingiendo que todo estaba bien.
Ally entró unos pocos segundos después, con su vientre un poco abultado y con la pequeña agarrada de la mano.
—¿Ya terminaste de recoger las cajas? —preguntó mirando hacia todos lados.
—Estoy en eso. —Él le mostró la caja que se había roto—. Vi unos cuadernos ahí…
—Ah, no, vamos a quemarlos si gustas ahora —ella señaló el—. Vamos, es algo sin importancia.
Él asintió un poco ido, y ellas salieron primero de la habitación. Todavía con la caja en sus manos, no podía creer lo que estaba pasando; la mujer que amaba le había jugado realmente sucio en ese momento.
—¿Estás bien? —le preguntó su Ally—. Sí, estoy bien —le dio un beso en los labios—. Hoy vamos a tener visita.
—Lo sé, lo sé —Ally lo abrazó—. ¿Sabes que te amo?
—Yo también te amo, amor —dejó un pico en sus labios.
Druso escuchó a su hija reír mientras tiraban en un tanque de metal los cuadernos con todas las pruebas de las cosas que Ally hizo durante esos meses.
No dijo nada.
Jamás pudo hacerlo.
Dejó que el tiempo comenzara a pasar y ya no dolía esa traición.