Wendholy
Las palabras se quedaron atoradas en mi garganta.
¿Era normal que un desconocido pudiera hacerme temblar? ¿O siquiera hacerme dudar de si mi cuerpo seguía funcionando con normalidad? Porque no encontraba una forma de describir las descargas que recorrían cada rincón de mi cuerpo.
—Ya… pero él no lo ve así. —Bajé la mirada, incapaz de ocultar el dolor en mi voz—. Siempre va a verme como una hermana.
Lo último hizo que el rubio soltara una carcajada.
Fruncí el ceño.
Hasta me sentí un poco insultada de que no pudiera tomarme en serio.
—Créeme, el tiempo terminará dándome la razón. —Su mirada me recorrió de arriba abajo con una seguridad desconcertante—. No tengo la menor duda.
Estuve a punto de decirle lo equivocado que estaba cuando un chirrido de neumáticos nos hizo volver la cabeza.
Un Ferrari negro apareció a toda velocidad, haciendo destellar las luces. Di un paso hacia atrás por puro instinto cuando frenó de golpe justo frente a nosotros.
Miré de reojo al rubio.
Ni siquiera se había inmutado.
Al contrario.
Sonreía con una diversión exasperante.
Del coche bajó el pelirrojo de la carrera. El mismo chico con el que Bethani había tenido un rollo. Por la expresión de su rostro, estaba furioso.
Se acercó a grandes zancadas hasta quedar frente al rubio.
—¿¡Desde cuándo te crees un puto héroe!? —bramó a escasos centímetros de su cara—. ¿Siquiera sabes toda la puta mierda que tuve que hacer para que dejaran de seguirte?
—Vale, lo siento, Landon. —Se encogió de hombros como si no tuviera importancia.
—Y una mierda. Me la vas a pagar. —Le dio la espalda mientras encendía un cigarro, pero volvió a girarse casi de inmediato—. Al menos sabes cómo se llama.
—Por supuesto. —Sonrió con arrogancia—. Se llama…
Alzó una ceja, esperando que él terminara la frase.
—Wendy Markle.
—Landon, te presento a Wendholy. —Sonrió mientras su amigo lo fulminaba con la mirada—. Te dije que sabía su nombre. Y ella ya sabe que yo soy Leonardo Alcazar. ¿No es cierto, amor?
Asentí antes siquiera de pensarlo.
Casi hipnotizada por su voz.
—No tienes remedio. —Landon expulsó una bocanada de humo mientras negaba con la cabeza.
Solté una risa baja.
Pero se apagó en cuanto descubrí que Leonardo seguía mirándome.
Fijamente.
¿Por qué me observaba así?
Me incomodaba o quizá solo me ponía nerviosa.
Deje lado eso cuándo vi que una camioneta negra se estacionaba al otro lado de la calle. Quise soltar una risa irónica.
¿Había tenido tiempo de cambiar de vehículo y no de rescatarme?. Es genial, simplemente genial.
—Parece que te buscan, amor—Dijo Leonardo con la atención puesta en la camioneta.
—Si… yo—me armé de valor y me acerqué dejando un beso en su mejilla—. Gracias. De verdad.
Me había salvado más de lo que parecía y más de lo que podía admitir.
—Cuando quieras, linda—Se acercó a mi oido y susurro—Recuerda lo que te dije.
Le sonreí y me despedí con la mano de Landon, que me respondió con un guiño.
Trote hacia la camioneta y abrí la puerta. Al entrar el calor de la calefacción envolvió mi cuerpo haciendo que se relajara por completo.
Lo peor ya lo había evitado, pero lo que estaba por suceder… Si eso no podía hacerlo.
—Ponte el cinturón—Ordenó sin mirarme.
Arrancó el coche de una forma rápida y brusca. A penas había tenido tiempo para mirar por última vez a Leonardo.
Si no hubiese sido por su repentino ataque de conducir como un animal lo más seguro que es que me hubiera quedado mejor vista del chico que había salvado mi trasero hoy.
Bethani se haría un fiesta cuando se lo cuente.
—Te dije que te pongas el cinturón—Dijo entre dientes al ver que había ignorado su exigencia.
Mojé los labios. Éramos dos los enfadados.
—¿Donde estabas?—Dije controlandome porque realmente no quería perder el control tan rápido.
Tristán se mantuvo en silencio y eso me hizo sonreír con amargura.
—Casi me llevan— digo con vehemencia—. Aunque eso no te importe ya que me dejaste tirada.
La vena de su cuello empezaba a marcarse y se aferró con fuerza al volante.
—No haré esto, Wendholy. Solo ponte el puto cinturón de una maldita vez.
—Oh si que lo haremos. ¡Casi voy a la cárcel por tu causa, Tristán!—Dije alzando la voz.
Al parecer mis palabras debieron esconder algún chiste muy bueno porque se larga reír de una forma despectiva.
—No se notó que necesitaste mi ayuda.
—¿De qué demonios hablas?.
—¿Piensas que no los vi?—Ladro furioso—. Estabas muy cómoda con esos idiotas, en especial con el imbecil que me gano.
—¿ Esto es por tu orgullo?— digo indignándome a cada palabra— ¿Eso es lo que te molesta? Eres un chiste.
Me molestó aún más su silencio. Que no me respondiera cuando en este momento lo que yo me merecía era que bese el suelo, que se disculpe y ruegue que lo perdone después del infierno que pase.
Y me enojaba peor porque en vez de estar ganándome lo que hacía era reprocharme cosas que no venían al lugar
—¿Que esperabas, Tristán?—Brame peor que antes—Ellos me salvaron. ¡Él me salvó!. Supéralo de una puta vez, tú vida no termina porqué te hayan ganado una estúpida carrera.
—No tienes la menor idea de nada—me gritó en respuesta—. ¡Te busqué!.
Negué con la cabeza.
—Actúas como un niño y eso ya está perdiendo la gracia. Madura.
Esas últimas palabras hicieron que frenara el coche de golpe.
Salí despedida hacia delante y, de no haber apoyado la mano a tiempo contra el tablero, me habría dado un buen golpe.
—¿¡Estás demente!? —espeté, más furiosa que asustada—. ¡Primero me dejas tirada en un campo minado de policías y ahora quieres matarme!
Tristán me sujetó del brazo y tiró de mí hasta dejarme a escasos centímetros de él.
—¡No me importa la puta carrera, Wendholy! —rugió.
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Editado: 06.10.2026