Wendholy.
—¿La playa?.
Realmente esperaba que me llevara a un lugar más extremo, algo más... ¿peligroso?. Aunque de hecho me gustaba más este plan.
—Sígueme.
Unió nuestras manos, su tacto se sintió caliente y agradable, lo suficiente como que me encendiera las mejillas y evitara su mirada.
Un bullicio de voces y risas fue lo que me alertó, no muy lejos empecé a divisar a unas figuras masculinas en ronda.
Un largo y estruendoso silbido se escuchó haciendo que Adrián sonriera, que de alguna forma había servido para anunciar nuestra llegada.
—¡Miren quién decidió aparecer!.
Unos vitoreos fueron más que suficiente para que calor en mis mejillas se intensificara.
Adrián se abrazó con un chico de cabellera blanca y ojos negros. No pude oír que le susurró, pero Adrián terminó por empujarlo mientras negaba con una expresión divertida en el rostro.
—Te preguntaría como te ha ido, pero se ve que muy bien—me dio una sonrisa grande, que hacía lucir más el piercing de su labio. Es como un gótico sexy, muy sexy—. Hace tiempo que no te veía, Whendoly.
Hundo mis cejas, algo despistada:—Oh, si. Por supuesto, em...
Se llevó la mano al pecho, mientras Adrián rompía a carcajadas. Le clavé las uñas en su mano así parara, la vergüenza me teñía todo el rostro.
—Declan, cielo. Mi mejor amigo—explicó después de un rato—. El que mató al conejo de Beth.
¡Ah! Si. Él.
—En verdad estás muy... cambiado—Por no decir enorme e imponente. Tengo un vago recuerdo suyo cuando era más adolescente y definitivamente enterró por completo esa versión antigua.
En mi defensa he tenido pocos y fugaces encuentros con él. Sé que es uno más en los Coleman, más no sabía que ese más uno estuviera tan bueno.
Beth jodidamente se estaba haciendo una fiesta en su casa y yo no lo sabía. Maldita egoísta.
—¡Deja de acaparar a tu permitido gay!
—Sabes que no puedo quitarle las manos de encima—Adrián me da un pequeño empujón—. Chicos, ella es Wendy.
Apreté los labios antes de sonreír algo rígida. Si Beth estuviera aquí se estaría riendo de lo mal que se me da socializar.
—Siempre es un placer conocer a chicas ardiente—Me dijo el moreno, con un guiño—. Mi nombre es Ashton y mi clon menos sexy es Ayax.
Es como una sucia fantasía de gemelos tentadores. Dos morenos, exactamente iguales. Grandes, con enormes músculos y sonrisa deslumbrante.
Ese color de piel... Madre mía.
Me equivoqué antes, con estos dos sí que Beth debe montárselo a lo grande cuando le cae a su casa.
—Hola...— moví la mano torpemente.
Declan me pasó una botella de jugo. Me senté entre medio de Adrián y uno de los morenos.
Me sentía una especie de acosadora porque no le podía quitar los ojos de encima.
—Eres un encanto—me apretó una mejilla uno de los gemelos.
Si, soy encanto, por favor.
Esa nube de fascinación se esfumó cuando el pelinegro me quitó el tacto golpeando con fuerza la mano de su amigo. Adrián torció su boca, desprovisto de cualquier diversión.
—Sin tocar.
—Mira eso, alguien es territorial—los ojos de Ayax o Ashton brillaron con picardía.
—¿No les suena?—Declan sonríe con la cerveza en los labios—. Es su vecina de al lado, la mejor amiga de Bethani.
El entendimiento que muestran de pronto sus rostros me tiene integrada. ¿Acaso les hablo de mi ?.
Adrián entrecierra los ojos dándole una cruda mirada a su mejor amigo, quien no parece ni un poco afectado.
—Tengo que aprovechar este momento que te tenemos aquí—me dijo uno de los gemelos—. ¿Crees que puedes hacerme un pequeño favor, dulzura?.
—Claro, supongo...
Se rio, notando que no tomó el riesgo de llamarlo por su nombre.
—¿Muy difícil diferenciarlos?—me dice Declan—. Ashton es estúpidamente egocéntrico, devoto de las mujeres y muy bueno para las artes. Ayax no solo se llevó la inteligencia al ser un súper cerebrito fanático obsesivo de la tecnología, sino que también tiene le gusta la carne madura.
Tengo realmente que juntar todas mis fuerzas para no preguntarle más sobre el gusto por lo maduro. Y me cuesta un montón porque admito que tenga esa espina chismosa.
—O simplemente es que Ashton es un poco más alto y tiene un lunar cerca de la ceja, y yo un tatuaje en la muñeca—Ayax levanta las cejas y Declan rueda los ojos murmurando algo de que es un aburrido.
El moreno me extiende la mano, dejándome ver el tatuaje: una coma y un punto. Es pequeño; tendría que prestarle atención para notarlo a simple vista, porque no llama demasiado la atención.
—¿Es invasivo si pregunto por qué?
—Me gusta creer que las cosas difícilmente tienen un final definitivo —se encoge de hombros—. Que lo malo, mis errores, el dolor... no son algo fijo. Que siempre existe la posibilidad de cambiar el rumbo, de reivindicarse.
—Me gusta.
—Te digo, hermano, que tenemos que hacer esa mierda filosófica. Mira de bien como funciona con las chicas—Ashton molesta, haciendo que Adrián lo empuje con una corta sonrisa en los labios—Anda principito, dile a mi hermanito que te enseñe un poco.
—¿Principito?—me atrevo a preguntar.
—¿Lo es, cierto?—Ashton lo abraza por el cuello—. Estrella de hockey, notas perfectas, amable y caballeroso, jodidamente ardiente y malditamente bien equipado. Es el príncipe de sangre azul de cualquier mujer.
—Para ya.
—¿Y lo de bien equipado lo sabes por qué...?—no pienso dejar pasar la oportunidad de molestar a Adrián.
Ashton no tardó ni un segundo en ver mis intenciones, el brillo juguetón en su mirada lo hace aún brillante. Es como si tuviera un sol aparte.
—Ya sabes, dulzura. A veces las concentraciones pre partidos son duras y tenemos que bajar el estrés—mueve sus cejas y escucho como Adrián se ahoga con la bebida—. Un pom pom, y luego la aspiradora.
Declan estalla al igual que Ayax, y yo no me quedo atrás. Siento las lágrimas precipitarme en mis ojos.
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Editado: 06.10.2026