Cuando hablaban del apocalipsis zombi jamás evité reír. Hasta que todo empezó y todos estábamos siendo infectados. Con un simple aparato que nos implantaron sin tener que ser forzados. Lo adoptamos en nuestras vidas y como ameba nos consumió el cerebro y parte de nuestras almas.
Hoy como zombis moramos en un mundo digital, hambrientos de aceptación frente a nuestra nueva irrealidad.