Desde los ojos de Nicole

Capítulo 1

Eran las seis de la mañana del lunes 11 de marzo de 2024 y la alarma sonaba para avisarme que era hora de comenzar mi penúltimo año de universidad. Luché contra las sábanas hasta lograr sacar un pie, luego el otro y, finalmente, estar completamente fuera de la cama. Con los ojos semiabiertos, el siguiente desafío era intentar llegar al baño sin caerme.

Bajo la ducha, el agua tibia resbalaba lentamente por mi piel, despertando cada fibra de mi cuerpo. Cerré los ojos para saborear ese instante de calma, hasta que un grito de mi mamá rompió la burbuja y anunció que el desayuno estaba listo. Me apresuré en vestirme para bajar a comer.

Disfrutaba de unas tostadas crujientes con palta, jamón y queso, junto a una caliente taza de café y, sin darme cuenta, el reloj marcaba las siete y media. No podía llegar tarde el primer día, así que le di un beso rápido a mamá antes de salir corriendo al paradero. Al acercarme a este, vi cómo el transporte se alejaba sin mí. Por suerte, dos minutos después apareció otro, casi vacío. Subí rápido y me acomodé al fondo, en uno de los asientos junto a la ventana, con la esperanza de que nadie se sentara a mi lado. Treinta minutos después llegaba a la universidad, llena de ilusiones, pero también con miedo por no saber lo que me traería este nuevo año.

Caminaba por el campus en busca de alguna amiga y todo parecía estar igual; los mismos edificios, árboles y bancas estaban ahí. Incluso el señor que vendía sándwiches estaba en el mismo lugar con su típica sonrisa genuina. Sin embargo, había algo en el ambiente, una vibra que hacía que todo se sintiera diferente.

De repente, escuché una voz masculina a mis espaldas. No era de ningún amigo ni compañero; no podía reconocer a quién pertenecía, aunque de alguna forma su tono me resultaba familiar.

—He visto que se te cayó tu documento —dijo, sosteniéndolo en la mano.

—Oh, gracias, no me había dado cuenta —respondí, sintiendo un leve rubor.

Guardé el documento torpemente.

—No quiero sonar raro, pero te he visto antes en la universidad —agregó, jugueteando con el cierre de su mochila.

—Ahora que lo dices, tu cara también me resulta familiar. ¿Qué estudias?

—Voy en mi penúltimo año de kinesiología. ¿Y tú?

—También voy en el mismo año, pero de nutrición.

—Qué bien. Quizás por eso te he visto seguido; ambos estamos en la facultad de salud.

Justo cuando la conversación comenzaba a tomar otro ritmo, el sonido insistente de su celular la interrumpió.

—Me gustaría seguir conversando, pero ya debo irme. ¿Podrías darme tu usuario para agregarte?

—Claro, anota: Nicole_López.

—Dame un segundo... ya te encontré —comentó mientras tecleaba en su celular.

—¿Y cuál es tu nombre? —pregunté.

—Max. Creo que seré el único Max que recién te ha agregado —finalizó con una sonrisa confiada.

Después de esa conversación inesperada, me descubrí sonriendo al caminar, como si el mundo mágicamente se hubiera vuelto un lugar un poco más amable. Todo en Max me parecía encantador: su pelo castaño, su voz, que sonaba natural y amable, y esos ojos cafés tan cálidos en los que podría perderme durante horas.

¿Qué estaba haciendo? ¿Fantaseando con un chico que quizás solo fue amable?

Estaba por llegar al salón cuando vi a Elena conversando con algunos compañeros. Justo en ese momento, sentí la vibración de mi celular. Al ver quién me había escrito, un calor recorrió todo mi cuerpo.

Mensaje en el celular:

—Hola. Me gustaría continuar la conversación... ¿Qué te parece si nos saltamos las clases? Solo por hoy. Si no puedes, lo comprenderé.

Le hice un gesto a Elena con la mano para que se acercara y así pedirle su opinión. Por un lado, quería aceptar; por otro, las dudas me nublaban la mente. ¿Cómo iba a evadir clases por un hombre? ¿Salir con alguien que apenas conocía por su nombre y carrera? Eso no era normal en mí.

Elena, con su entusiasmo contagioso, me dio el empujón que necesitaba.

—Acepta, pero quédate dentro de la universidad. Yo estaré pendiente por si necesitas ayuda —dijo, regalándome una sonrisa cómplice.

Respondí el mensaje:

—Aceptaré tu invitación. ¿Nos juntamos en el casino en diez minutos?

—Ahí estaré —contestó él.

No sabía qué esperar, pero una parte de mí sentía que ese encuentro sería el inicio de algo importante.




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