Desde los ojos de Nicole

Capítulo 9

Había llegado el día en que íbamos a quedarnos en el hotel con Max, Elena y Daniel. Terminaba de subir algunas cosas al auto que los padres de Max nos habían prestado para el viaje cuando recibí una llamada de Elena. Su voz sonaba dudosa; me comentó que Daniel no podría acompañarnos y que no estaba segura de ir sola, ya que era un viaje en parejas. Le respondí que su compañía siempre sería bienvenida. Al fin y al cabo, ya habíamos compartido varias salidas los tres.

El trayecto desde mi casa hasta el hotel fue corto, apenas una hora. Por fuera, todo transcurría con calma: los paisajes de siempre, animales, cultivos y fábricas. Pero dentro de mí, la tranquilidad a veces se rompía; mi mente se llenaba de pequeños destellos de la discusión con Max y la lectura de tarot.

Al llegar, nos encontramos con un edificio de tres pisos, moderno y discreto. En la planta baja estaban la recepción y el comedor; en el segundo piso, la piscina temperada y la zona de spa; y en el tercero, las habitaciones. La de Elena era la número 10, y la nuestra, la 11. Cada una contaba con una cama de dos plazas, baño privado, escritorio, veladores y paredes gruesas que aseguraban total privacidad.

Mi intención era quedarme con Max en la habitación para retomar nuestra relación tal como era antes de la discusión, cerrar ese espacio de distancia que se había abierto entre nosotros. Pero Elena deseaba ir a la piscina. No quería que se sintiera incómoda por la cancelación de su cita, así que accedí, aunque una parte de mí anhelaba que ese momento fuera solo para nosotros dos.

En la piscina, todos tuvimos que usar gorros de baño, una norma estricta del hotel. Pero eso no evitaba que Max siguiera brillando ante mis ojos; su abdomen marcado y su mirada tranquila absorbían toda mi atención. Elena, por su parte, llevaba un bikini que realzaba sus curvas y, como siempre, atraía las miradas de los demás visitantes. Yo prefería los bañadores de una pieza, algo más reservado, más de mi estilo. La única atención que me importaba tener era la de Max, quien estaba especialmente cariñoso conmigo.

A pesar de estar disfrutando de las muestras de afecto de Max, sentía el deseo de ir a nadar, entrar en contacto con el agua, revitalizarme. Al estar nadando, vi que un joven rubio, bastante apuesto, se acercó a Elena. La conversación entre ellos parecía más que un simple saludo; para mí, era un coqueteo. Y, viendo la actitud de Elena, su sonrisa y el brillo en sus ojos, supuse que la ausencia de Daniel había sido más que un imprevisto de última hora.

Después de un par de horas, los tres nos reunimos para comer. Le pregunté a Elena por Daniel. Ella desvió la mirada y me comentó que lo suyo con él nunca había sido serio; solo era una diversión que duró más de lo que ambos pensaban, y por eso decidieron tomar distancia.

—Si eso es lo que quieres, ¿Quién soy yo para juzgar? Ahora puedes divertirte con el joven que te vi conversando en la piscina —dije, tratando de bromear para aligerar el momento.

—Quizás lo invite a mi habitación más tarde —respondió ella con una sonrisa coqueta.

—Me parece buena idea. Si necesitas algo, solo avísanos.

—Claro —comentó Max, un poco serio—. Cambiando de tema, ¿les está gustando el hotel?

—Sí, está todo muy lindo. ¿Crees que sería correcto que le agradeciera a tu madre personalmente? —pregunté.

—Creo que para ella ya fue un gran paso reconocer que se equivocó. Tal vez esto sea solo el inicio para aceptar que eres parte de mi vida. Deberíamos darle su espacio. Le agradeceré en tu nombre si quieres.

—Sí, creo que es lo mejor —respondí, intentando convencerme a mí misma.

No iba a complicar más la situación. Si antes me había juzgado por no pertenecer a su mundo, ahora estaba haciendo un esfuerzo por disculparse. No tenía sentido forzar nada más.

Estábamos terminando de comer cuando el joven que antes habíamos mencionado se acercó a Elena. Se susurraron algo que debió de ser interesante, porque en segundos ella ya no estaba con nosotros en la mesa.

—Bueno, por fin solos —solté—. ¿Quieres pasear un rato o prefieres descansar un momento?

Max se acercó, puso su mano sobre mi pierna y susurró al oído:

—Deberíamos aprovechar este tiempo a solas.

No pasó mucho antes de que estuviéramos en la habitación, besándonos con urgencia y desnudándonos casi sin pensarlo. Nuestras respiraciones se volvían cada vez más entrecortadas.

Justo en el punto más alto, entre suspiros y piel, a Max se le escapó un "te amo".

No era la primera vez que lo decía, pero después de la pelea, la inseguridad y la distancia ese "te amo" hizo que los fragmentos rotos dentro de mí se juntaran de nuevo.

—Yo también te amo —respondí con voz dulce, sintiendo que por fin estábamos volviendo a ser nosotros.




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