Desde los ojos de Nicole

Capítulo 10

El 7 de octubre era mi cumpleaños. Max y Elena estaban planeando algo, aunque no tenía idea de qué exactamente. ¿Una fiesta? ¿Un regalo? ¿Una cena entre los tres? Solo sabía que debía llegar a las 9 p. m. a casa de Elena... y decidí dejarme sorprender por las dos personas que más importaban en mi vida: mi amor y mi mejor amiga.

Mamá y Samuel irrumpieron en mi habitación cantando "Feliz cumpleaños", con una torta de chocolate en las manos y veintidós velas encendidas brillando sobre ella.

Me emocioné mucho con aquel gesto. Tal vez, para otros, podría parecer algo pequeño, pero para mí tener a mi mamá y a mi hermano saludándome en mi cumpleaños lo era todo.

En medio de nuestra pequeña celebración, alguien tocó la puerta. Mamá rápidamente fue a ver quién era, Samuel volvió a su cuarto y yo me fui a la ducha.

Mientras el agua se deslizaba por mi cuerpo, no podía evitar pensar en lo rápido que había pasado el año. En un instante, estaba viviendo el primer día de clases y, de repente, ya era octubre. Había logrado equilibrar bastante bien mi relación con los estudios; estaba siendo un buen año. Entonces mamá volvió para avisarme que Andrés me estaba esperando abajo para hablar.

¿Por qué se le ocurrió a Andrés venir a mi casa? ¿Justo hoy? No hablábamos desde hacía meses, casi un año. Y no encontró mejor momento para aparecer que en mi cumpleaños.

—Ok, mamá. Avísale que iré en cuanto pueda —respondí.

Intentaba vestirme, pero todo me salía torpe: la blusa se enredaba, el calcetín no entraba bien y el pantalón no quería subir por mis piernas. No sabía qué esperar de Andrés, y solo imaginarlo me tensaba el estómago hasta convertirlo en un nudo.

Cuando me acerqué a la sala de estar, lo vi, sentado en el sofá, esperándome. Estaba exactamente igual que siempre: pelo negro estilo low fade, delgado, ojos azules y con un piercing en la oreja derecha. De hecho, llevaba puesta una polera roja que yo misma le había regalado en uno de sus cumpleaños.

—Hola

—Hola —respondí de forma algo apática.

—Te traje un regalo.

Verlo sostener aquel regalo despertó en mí una mezcla de nostalgia y rechazo. ¿Por qué estaba aquí? ¿Qué esperaba conseguir realmente con esta conversación? ¿No le bastaba con todo lo que ya habíamos compartido en el pasado?

—Qué lindo tu gesto, aunque no era necesario.

—Sí, ya lo sé. Pero quería verte... y no podía llegar con las manos vacías —comentó, encogiéndose de hombros.

—¿De qué quieres hablar?

—Sé que terminamos hace tiempo, pero me di cuenta de que nunca dejé de amarte. Soy consciente de que en el pasado te dije que ya no te amaba; fui inmaduro. Sé que ahora tienes pareja, pero no podía seguir guardando esto. Tal vez una parte de ti también me sigue queriendo... ¿Recuerdas nuestras risas, nuestras charlas? Quisiera recuperar, aunque sea un poco, de eso.

Los recuerdos de nuestras discusiones, los momentos felices y las heridas que nos separaron inundaron mi mente. A veces dudaba si lograría cerrar ese capítulo de una vez o si él siempre seguiría removiendo lo que tanto me esforcé en enterrar.

—Sí, pero también están todos los motivos por los que terminamos... No olvides que fuiste tú quien me dijo que ya no me amaba, entre otras cosas.

—Estaba confundido... ahora tengo todo completamente claro.

—Te recuerdo que tengo pareja. Y ya no siento amor por ti —respondí con firmeza.

—Ya ... eso lo dices ahora. Tal vez necesitas tiempo para pensarlo.

—No. No necesito tiempo.

—Bueno... ¿podemos ser amigos? Realmente extraño compartir contigo —confesó, jugando con sus pies.

—Mmm, no creo que sea buena idea.

—Por favor... tengo problemas. Necesito a una amiga —suplicó.

—Seguro tienes más amigos.

—Puede ser, aunque ninguno es como tú. Realmente necesito hablar de cosas que solo contigo puedo.

Solté una risa.

—Sigues igual que siempre —dije, moviendo la cabeza.

—Entonces, ¿podemos ser amigos?

—Si por algún motivo considerara aceptar eso, debes entender que habría reglas: nada de contacto físico, ni insinuaciones y mucho menos vernos a solas.

—Sí, sí, sí, prometo todo eso —afirmó, poniendo la mano en su pecho.

—Bueno... agradezco el regalo, pero ahora necesito que te vayas. Debo arreglarme.

—¿Planes de cumpleaños?

—Solo tengo algo en la noche. Iré a casa de Elena.

—Ah, qué bien. Yo estaré solo... He estado realmente mal. Me vendría bien participar de alguna celebración.

No sabía cuál era el plan exactamente. Pensé que era una pésima idea invitarlo; sin embargo, me sentí mal de dejarlo afuera.

—Si quieres, puedes venir. La celebración es a las nueve —sugerí, rascándome la nuca

—Allí estaré. Aún recuerdo dónde queda su casa.

Apenas cerré la puerta, mamá se acercó para hablarme.

—Escuché todo. ¿De verdad crees que es buena idea?

—No... pero ¿Qué iba a hacer? Quizás si me ve de la mano con Max, se le pasa la idea de "ser amigos". Además... ¿y si realmente tiene problemas? No puedo simplemente fingir que no lo conozco —respondí, evitando su mirada.

—Tú ya eres grande. Tú sabrás... aunque, si fuera tú, le avisaría a Max y a Elena.

—Ni me lo digas. Espero que no se enojen tanto —comenté, llevándome una mano a la frente.

Me tomé unos minutos antes de reunir el valor para llamar a Max e informarle del nuevo invitado. Me sorprendió que, aunque por unos segundos su tono de voz fue algo más frío, entendió la situación. Aun así, fue bastante claro al decirme que no le gustaba la idea, pero que confiaba en mí.




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