Deseo Salvaje

Capítulo 6 - El hombre que volvió de la muerte

“¡DEVUÉLVEME A MI HIJA, GAEL MONTENEGRO!”

La voz retumbó en toda la mansión mientras los cristales seguían cayendo sobre el suelo.

Alma respiraba agitadamente debajo del cuerpo de Gael, atrapada entre el miedo y la intensidad brutal de tenerlo protegiéndola de aquella forma.

Él la cubría completamente.

Como si prefiriera recibir una bala antes que permitir que algo la tocara.

Otro disparo explotó afuera.

Los guardias comenzaron a responder inmediatamente.

—¡Cubran la entrada norte!

—¡Nadie sale!

Las alarmas teñían la mansión de rojo intermitente.

Caos.

Violencia.

Peligro.

Gael levantó apenas la cabeza, observando hacia los ventanales destruidos con una expresión oscura.

Mortal.

—Quédate aquí —ordenó.

Alma lo sujetó del brazo antes de que pudiera levantarse.

—¿Quién es ese hombre?

Gael sostuvo su mirada unos segundos.

Y lo que Alma vio en sus ojos la estremeció.

No era miedo.

Era odio.

—Alguien que arruinó mi vida.

Se incorporó rápidamente y tomó una pistola de uno de los guardias que acababan de entrar.

El corazón de Alma se detuvo.

—¿Tienes armas en tu casa?

Gael ni siquiera respondió.

Su atención estaba completamente afuera.

Dante apareció corriendo por el pasillo segundos después.

—Los francotiradores no tienen visión clara. El bosque está demasiado oscuro.

—¿Lo viste? —preguntó Gael.

Dante negó lentamente.

—Pero escuché la voz.

El silencio entre ambos hermanos fue inmediato.

Pesado.

Porque los dos pensaban exactamente lo mismo.

Imposible.

—Eso no puede estar pasando —murmuró Dante—. Julián Salvatore murió hace quince años.

El nombre cayó como un trueno.

Alma observó confundida.

—¿Quién es Julián Salvatore?

Gael apretó la mandíbula.

—El hombre que secuestró a mi madre.

El aire abandonó los pulmones de Alma.

—¿Qué…?

Otro disparo interrumpió todo.

Esta vez mucho más cerca.

Gael reaccionó inmediatamente.

—Lleven a Alma al cuarto seguro.

—¡No! —protestó ella—. No pienso esconderme mientras todos me mienten.

Gael giró hacia ella.

Y por primera vez perdió completamente la paciencia.

—¡Esto no es un juego!

El rugido de su voz paralizó el ambiente.

Alma sintió el impacto atravesándole el pecho.

Pero detrás de la furia había algo más fuerte.

Desesperación.

Gael estaba aterrado de que le ocurriera algo.

Y eso la confundía todavía más.

Dante intervino rápidamente.

—Gael, cálmate.

Pero él seguía mirando a Alma como si estuviera luchando contra sí mismo.

—No entiendes la clase de monstruo que es ese hombre.

—Entonces explícamelo.

El silencio cayó otra vez.

Afuera, la lluvia golpeaba violentamente los árboles.

Gael respiró hondo.

Luego tomó la mano de Alma y la arrastró por un largo pasillo hasta una oficina privada.

Cerró la puerta de golpe.

—Hace veinte años —comenzó con voz grave—, mi padre destruyó a muchas personas para construir el imperio Montenegro.

Alma permaneció inmóvil.

—¿Qué significa destruir?

Los ojos de Gael se oscurecieron.

—Negocios sucios. Extorsión. Traiciones.

El corazón de Alma comenzó a acelerarse.

—¿Tu familia es criminal?

Gael soltó una risa amarga.

—Las familias millonarias siempre esconden algo peor que dinero.

La frase le heló la sangre.

Gael se acercó lentamente al escritorio y abrió un cajón.

Sacó una fotografía antigua.

En ella aparecían dos hombres jóvenes.

Uno era claramente el padre de Gael.

El otro tenía ojos claros y una sonrisa peligrosa.

—Julián Salvatore era el mejor amigo de mi padre —dijo Gael—. Hasta que ambos se enamoraron de la misma mujer.

Alma observó la foto.

Y comprendió antes de que él lo dijera.

—Tu madre.

Gael asintió lentamente.

—Ella eligió a mi padre. Se casaron. Tuvieron dos hijos.

—¿Y luego?

El silencio se volvió pesado.

Doloroso.

—Luego desapareció.

Alma sintió un nudo en la garganta.

Gael jamás hablaba de emociones.

Pero ahora había algo roto dentro de su voz.

—La policía dijo que Julián la secuestró por obsesión —continuó él—. Hubo un incendio. Encontraron un cuerpo calcinado.

—Pero nunca supieron si era ella.

Gael levantó lentamente la vista.

—Exacto.

Alma comprendió entonces por qué todo aquello lo estaba destruyendo.

Porque si Julián Salvatore estaba vivo…

Entonces tal vez la madre de Gael también.

Y eso cambiaba absolutamente todo.

Horas después, la tormenta comenzó a disminuir.

Los guardias seguían revisando el bosque sin encontrar rastros del atacante.

Gael permanecía junto al ventanal roto observando la oscuridad.

Inquieto.

Peligrosamente silencioso.

Alma apareció detrás de él envuelta en una manta.

—No vas a dormir, ¿verdad?

—No.

Ella dudó unos segundos antes de acercarse.

—¿Crees que ese hombre tiene a mi familia?

Gael cerró los ojos apenas un instante.

—Sí.

La honestidad brutal de la respuesta la golpeó fuerte.

Alma sintió que las lágrimas amenazaban con salir.

—Mi sobrino es solo un bebé…

Gael giró inmediatamente hacia ella.

Y la expresión de Alma pareció romper algo dentro suyo.

Porque verla vulnerable lo afectaba demasiado.

Más de lo permitido.

Más de lo lógico.

Gael levantó lentamente una mano y acarició suavemente su mejilla.

—Voy a encontrarlos.

El contacto hizo que el corazón de Alma se acelerara otra vez.

Incluso en medio del miedo.

Incluso rodeados de peligro.

Ese hombre seguía provocándole cosas imposibles de controlar.

—¿Por qué haces esto por mí? —preguntó ella en voz baja.




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