“Tu madre apareció… pero vino sola.”
El aire desapareció de los pulmones de Alma.
—¿Qué… qué significa eso?
Dante evitó mirarla directamente.
Y ese pequeño gesto fue suficiente para llenarla de terror.
Gael reaccionó de inmediato.
—¿Dónde está Clara?
—En la clínica privada del puerto. La encontraron caminando desorientada bajo la lluvia.
Alma ya se estaba moviendo hacia la puerta.
—¡Voy ahora mismo!
Gael la sostuvo del brazo antes de que pudiera salir.
—No irás sola.
Ella levantó la vista hacia él con lágrimas acumulándose en sus ojos.
—Mi hermana y el bebé siguen desaparecidos…
La voz se le quebró completamente.
Y algo dentro de Gael se rompió al verla así.
Porque aquella mujer que había entrado orgullosa y fuerte a su oficina ahora estaba desmoronándose frente a él.
Y él odiaba no poder evitarlo.
—Los encontraré —dijo con firmeza.
Alma negó rápidamente.
—¿Y si les hicieron daño? ¿Y si…?
Gael tomó su rostro entre las manos.
—Mírame.
Ella obedeció apenas.
—No voy a permitir que nada les ocurra.
La intensidad de su voz le atravesó el pecho.
Porque no sonaba como una promesa vacía.
Sonaba como una obsesión.
Como si protegerla se hubiera convertido en algo personal.
Peligrosamente personal.
La clínica privada estaba casi vacía a esa hora de la madrugada.
La lluvia seguía golpeando las ventanas mientras Alma caminaba apresurada por los pasillos junto a Gael y Dante.
El miedo le hacía doler el pecho.
Cuando finalmente llegaron a la habitación, Alma se detuvo en seco.
Su madre estaba sentada en la cama.
Pálida.
Temblando.
Con los ojos perdidos.
—Mamá…
Clara Ferrer levantó lentamente la vista.
Y apenas vio a su hija, comenzó a llorar.
Alma corrió inmediatamente hacia ella abrazándola con desesperación.
—¿Dónde está Vera? ¿Dónde está el bebé?
Clara comenzó a negar rápidamente con la cabeza.
—No lo sé… no lo sé…
Gael observaba la escena desde la puerta.
Tenso.
Analizando cada detalle.
—¿Quién te llevó? —preguntó él finalmente.
Clara levantó la vista de golpe.
Y al verlo…
Palideció completamente.
El terror en sus ojos fue inmediato.
—No… no…
El cuerpo de la mujer comenzó a temblar violentamente.
—¡Aléjate de mi hija!
La habitación quedó en silencio absoluto.
Alma retrocedió confundida.
—¿Mamá?
Clara señalaba a Gael con auténtico pánico.
—¡Él no puede acercarse a ti! ¡No sabes quiénes son realmente los Montenegro!
El rostro de Gael se endureció lentamente.
Alma sintió el corazón descontrolarse.
—¿Qué estás diciendo?
Pero Clara seguía mirando a Gael como si estuviera viendo un fantasma.
—Tus ojos… eres igual a tu padre…
Gael avanzó apenas un paso.
—¿Dónde está Helena?
El nombre cayó como un disparo.
Clara cerró los ojos inmediatamente.
Y eso confirmó demasiado.
Gael lo notó también.
—Tú sabes dónde está mi madre.
El silencio fue insoportable.
Alma observó a su madre completamente paralizada.
—¿La conocías realmente?
Clara comenzó a llorar aún más.
—Yo intenté ayudarla…
Gael apretó la mandíbula.
—Entonces dime dónde está.
—¡No puedo!
La desesperación en su voz estremeció la habitación.
—Si él descubre que hablé… nos matará a todos.
El aire se congeló.
Gael dio un paso más cerca.
—¿Julián Salvatore?
Clara negó lentamente.
Y cuando respondió, el mundo de todos se derrumbó otra vez.
—No… Tomás Montenegro.
El silencio explotó brutalmente.
Alma sintió náuseas.
Gael quedó completamente inmóvil.
Porque una parte de él acababa de escuchar exactamente lo que más temía.
Su padre.
Siempre su padre.
Clara respiraba agitadamente.
—Helena quiso escapar hace veinte años… estaba embarazada… y Tomás perdió la cabeza.
Alma observó horrorizada a Gael.
Él ya no parecía respirar.
—¿Embarazada de Julián? —preguntó con voz fría.
Clara levantó lentamente la vista.
Y negó.
—No… embarazada de Tomás.
Todo se detuvo.
Incluso Gael pareció perder el equilibrio emocional por un instante.
—Entonces… ¿por qué desapareció?
Clara cerró los ojos con dolor.
—Porque Helena descubrió algo terrible sobre la familia Montenegro. Algo que podía destruirlos para siempre.
Gael avanzó abruptamente.
—¿Qué descubrió?
Pero antes de que Clara pudiera responder, las luces de la habitación parpadearon violentamente.
Dante reaccionó de inmediato.
—Eso no me gusta.
Entonces el televisor de la habitación se encendió solo.
Una imagen apareció en pantalla.
Oscura.
Movida.
Y el corazón de Alma dejó de latir.
Era Vera.
Su hermana.
Atada a una silla.
Llorando.
Con el bebé en brazos.
—¡DIOS MÍO!
Alma corrió hacia la pantalla desesperada.
—¡VERA!
Pero lo peor llegó segundos después.
Una figura masculina apareció lentamente detrás de ella.
Elegante.
Sonriendo.
Y demasiado conocida.
Julián Salvatore.
Vivo.
Real.
Más peligroso que nunca.
—Buenas noches, familia Montenegro —dijo con calma aterradora—. Espero que estén disfrutando la reunión.
Gael endureció completamente el rostro.
—Suéltalas.
Julián sonrió apenas.
—Tu padre me quitó a la mujer que amaba. Ahora yo voy a quitarle todo lo que ama a él.
El bebé comenzó a llorar en brazos de Vera.
Y Alma sintió que iba a quebrarse.
—¡Por favor no les hagas daño!
Julián observó fijamente la cámara.
Pero no a Alma.
A Gael.
—Dime algo… ¿ya descubriste quién es realmente Alma Ferrer?