“Porque ella no llegó a tu vida por casualidad… ella nació para destruir a tu familia.”
La imagen de Julián Salvatore desapareció de la pantalla.
Pero sus palabras quedaron clavadas en el pecho de todos.
Alma sintió que el mundo comenzaba a girar demasiado rápido.
—¿Qué quiso decir con eso…?
Nadie respondió.
Porque el silencio de los Montenegro era peor que cualquier confesión.
Clara Ferrer comenzó a llorar desesperadamente desde la cama de la clínica.
—Yo quería contarte la verdad… pero nunca encontré el momento…
Alma giró lentamente hacia su madre.
—¿Qué verdad?
Clara temblaba.
Y entonces Tomás Montenegro apareció en la puerta de la habitación.
Su presencia congeló el aire.
Gael endureció el cuerpo inmediatamente al verlo.
—No deberías estar aquí.
Tomás ignoró a su hijo.
Toda su atención estaba puesta en Alma.
Una mirada extraña.
Pesada.
Como si estuviera viendo el pasado regresar para destruirlo.
—Julián siempre fue un hombre obsesivo —dijo finalmente—. Haría cualquier cosa para vengarse.
—¡Dejen de hablar como si yo no estuviera aquí! —gritó Alma con lágrimas acumulándose—. ¡Quiero saber qué está pasando!
Gael avanzó inmediatamente hacia ella.
—Alma…
—¡No!
Ella retrocedió.
Porque de pronto todos parecían saber algo sobre su vida… excepto ella.
Y eso comenzaba a destruirla.
Clara cubrió su rostro llorando.
—Perdóname…
El corazón de Alma se tensó violentamente.
—Mamá…
La mujer levantó lentamente la vista.
Y pronunció las palabras que cambiaron todo.
—Tu padre no murió cuando eras niña.
El silencio explotó en la habitación.
Alma sintió que las piernas dejaban de responderle.
—¿Qué…?
Su voz salió apenas como un susurro.
—Eso es imposible.
Clara negó lentamente entre lágrimas.
—Te mentí para protegerte.
El aire desapareció.
Toda su infancia pasó por su mente de golpe.
El funeral.
Las flores.
La tristeza de su madre.
Todo había sido mentira.
—¿Quién es? —preguntó Alma con la voz quebrada.
Pero nadie respondió inmediatamente.
Gael cerró los ojos apenas un segundo.
Como si ya supiera lo que venía.
Y entonces Clara destruyó el mundo de su hija.
—Tu verdadero padre… es Julián Salvatore.
El tiempo se detuvo.
Alma dejó de respirar.
Gael quedó completamente inmóvil.
Tomás bajó lentamente la mirada.
Y Dante soltó una maldición en voz baja.
Porque aquello significaba algo aterrador.
Alma no solo estaba relacionada con esta historia.
Ella era parte de ella.
Desde el principio.
—No… —susurró Alma retrocediendo—. No… eso no puede ser verdad…
Clara comenzó a llorar aún más.
—Julián desapareció antes de que nacieras. Yo intenté empezar de nuevo. Quise darte una vida normal…
—¡ME MENTISTE TODA MI VIDA!
La desesperación explotó dentro de la habitación.
Alma sentía náuseas.
Dolor.
Humillación.
Y algo peor.
Miedo.
Porque ahora entendía por qué Julián había dicho que ella nació para destruir a los Montenegro.
Gael permanecía inmóvil observándola.
Pero Alma ya no podía soportar su mirada.
Porque ahora todo era distinto.
Todo.
Ella era hija del enemigo de su familia.
Y aun así…
Lo había besado.
Lo había deseado.
Dios…
Se estaba enamorando de él.
Gael dio un paso hacia ella.
—Alma, escúchame…
—¿Tú lo sabías?
La pregunta lo atravesó.
Gael tardó demasiado en responder.
Y eso fue suficiente.
Alma sintió que algo dentro suyo se rompía.
—Lo descubrí hace unos días —admitió finalmente.
El dolor en los ojos de Alma fue devastador.
—Y aun así seguiste acercándote a mí.
Gael tragó saliva lentamente.
—Intenté alejarme.
—Pero no pudiste.
La tensión entre ambos se volvió insoportable.
Porque era verdad.
No había podido.
Ni ella tampoco.
Tomás observaba todo en silencio.
Analizando.
Calculando.
Hasta que finalmente habló.
—Esto cambia las cosas.
Gael giró bruscamente hacia él.
—No te atrevas.
Pero Tomás continuó.
—Julián quiere usarla contra nosotros.
Alma sintió rabia inmediata.
—¡No soy un arma!
Tomás la observó fijamente.
—Tal vez no para ti.
Pero sí para él.
Aquella frase le heló la sangre.
Porque en el fondo… comenzaba a preguntarse si Julián realmente la veía como una hija.
O solo como una herramienta de venganza.
Horas después, Alma permanecía sola en una habitación privada de la mansión Montenegro.
No podía llorar.
Ni pensar.
Todo dolía demasiado.
Su verdadero padre era un criminal obsesionado con destruir a la familia del hombre que comenzaba a amar.
Era grotesco.
Imposible.
Se abrazó a sí misma intentando contener el temblor.
Entonces escuchó la puerta abrirse.
Gael.
Alma no levantó la vista.
—Vete.
Él cerró la puerta lentamente detrás de sí.
—No puedo.
—Claro que puedes. Llevas días ocultándome cosas.
Gael permaneció en silencio unos segundos.
Luego se acercó lentamente.
—Nunca quise lastimarte.
Alma soltó una risa amarga.
—Pues felicidades. Lo lograste.
Gael se detuvo frente a ella.
Y por primera vez parecía realmente vulnerable.
—Cuando descubrí quién era tu padre… intenté convencerme de que debía alejarme.
Alma levantó finalmente la vista.
Los ojos oscuros de Gael estaban llenos de algo peligroso.
Necesidad.
Obsesión.
—Pero cada vez que te veía… simplemente no podía.
El corazón de Alma dolió aún más.
Porque ella entendía perfectamente esa sensación.