Deseo Salvaje

Capítulo 15 - Entre las llamas

—¡GAEL!

El grito de Alma se perdió entre el estruendo brutal de la explosión.

El antiguo sanatorio Salvatore ardía como un monstruo devorando sus propios secretos.

Ventanas explotando.

Columnas derrumbándose.

Fuego iluminando la noche.

Y Gael Montenegro seguía adentro.

Alma intentó levantarse desesperadamente, todavía abrazando al bebé contra su pecho.

—¡Tengo que entrar!

Dante la sujetó con fuerza antes de que pudiera correr hacia las llamas.

—¡¿ESTÁS LOCA?!

—¡SUÉLTAME!

Las lágrimas descendían violentamente por su rostro.

El corazón le dolía de una forma insoportable.

Porque la sola idea de perder a Gael le arrancaba el aire.

Y eso la aterraba más que cualquier verdad descubierta hasta ahora.

Dante endureció el rostro.

—Gael me mataría si dejo que entres ahí.

—¡Y yo voy a morir si él no sale!

El silencio cayó apenas un segundo.

Y Dante la miró distinto.

Porque aquella frase había salido demasiado real.

Demasiado cargada de amor.

El bebé comenzó a llorar otra vez entre sus brazos mientras las llamas crecían detrás de ellos.

Entonces…

Una silueta emergió entre el humo.

Alma dejó de respirar.

Gael.

Cubierto de sangre y cenizas.

Pero vivo.

El alivio la golpeó tan fuerte que las piernas dejaron de sostenerla.

Gael avanzó tambaleándose fuera del edificio justo antes de que otra explosión hiciera colapsar parte del techo.

Y apenas sus ojos encontraron a Alma…

Todo lo demás dejó de importar.

Ella corrió hacia él.

Sin pensar.

Sin medir nada.

Y Gael la atrapó inmediatamente entre sus brazos.

Fuerte.

Desesperadamente fuerte.

Como si necesitara comprobar que seguía viva.

Alma se aferró a él temblando.

—Pensé que habías muerto…

Gael enterró el rostro en su cuello apenas un instante.

Su respiración estaba agitada.

El cuerpo caliente por el fuego.

Y aun así… el único temblor real parecía venir de otra parte.

Miedo.

Había tenido miedo de perderla.

—Estoy aquí —murmuró contra su piel.

La intensidad de su voz hizo que el corazón de Alma se rompiera todavía más.

Porque aquel hombre dominante e inalcanzable comenzaba a mostrarse vulnerable solo con ella.

Y eso era peligrosamente adictivo.

Pero el momento murió rápido.

Porque Dante observó algo detrás de Gael.

—¿Qué es eso?

Gael soltó lentamente a Alma.

Y entonces ella vio la carpeta metálica que él sostenía entre las manos.

Quemada en los bordes.

Protegida contra el pecho como si valiera más que su propia vida.

—Los archivos del sanatorio —dijo Gael con voz grave—. Alcancé a sacar esto antes de la explosión.

Tomás Montenegro apareció segundos después junto a varios hombres de seguridad.

Y apenas vio la carpeta…

Palideció.

Eso no pasó desapercibido para nadie.

Gael lo notó inmediatamente.

Y una oscuridad peligrosa cruzó por sus ojos.

—Así que sí sabes qué hay aquí.

Tomás permaneció en silencio.

Demasiado silencio.

Gael avanzó lentamente hacia él.

Todavía cubierto de sangre y humo.

Parecía más peligroso que nunca.

—Habla.

Tomás sostuvo la mirada de su hijo.

Y por primera vez… parecía viejo.

Cansado.

Derrotado.

—No aquí.

Gael sonrió apenas.

Pero fue una sonrisa fría.

Aterradora.

—Ya no decides nada.

Horas después, la mansión Montenegro estaba sumida en una tensión asfixiante.

Guardias en cada entrada.

Médicos revisando al bebé y a Vera.

Y en el despacho principal…

La verdad esperaba dentro de aquella carpeta metálica.

Alma permanecía junto a la ventana intentando controlar el temblor de sus manos.

Gael estaba frente al escritorio revisando lentamente los documentos rescatados del incendio.

Su expresión empeoraba con cada página.

Hasta que finalmente encontró algo.

Y el color abandonó su rostro.

Alma se acercó lentamente.

—¿Qué pasa?

Gael levantó apenas la vista.

Y por primera vez ella vio verdadero horror en sus ojos.

—Aquí hay registros de nacimientos falsificados.

Tomás cerró los ojos lentamente desde el otro lado de la habitación.

Como un hombre esperando su sentencia.

Gael continuó leyendo.

—Bebés entregados a familias poderosas… hijos desaparecidos… nombres cambiados…

Dante maldijo en voz baja.

Pero Alma solo podía observar una hoja específica que Gael sostenía entre las manos.

Porque allí estaba escrito su nombre.

ALMA FERRER.

Su corazón comenzó a golpear violentamente.

—¿Qué dice?

Gael tardó demasiado en responder.

Y eso la aterró.

—Gael…

Él levantó lentamente la mirada hacia ella.

Oscura.

Dolorosa.

—Fuiste entregada a Clara Ferrer tres días después de nacer.

El mundo volvió a romperse.

Alma retrocedió apenas.

—No…

Gael tragó saliva.

—Tu nombre original no era Alma.

La habitación quedó completamente en silencio.

—¿Entonces cómo me llamo realmente?

Gael observó nuevamente el documento.

Y cuando habló… la sangre abandonó el cuerpo de todos.

—Valentina Montenegro.”

El aire desapareció.

Tomás bajó lentamente la cabeza.

Y Dante quedó completamente inmóvil.

Pero Alma…

Alma simplemente dejó de respirar.

—¿Qué dijiste…?

Gael dio un paso hacia ella.

—Según estos documentos… tú eres hija biológica de Tomás Montenegro y Helena Montenegro.

El horror explotó en la habitación.

Alma sintió náuseas inmediatas.

—No…

Tomás finalmente habló.

Con la voz rota.

—Helena dio a luz mellizos aquella noche.

El corazón de Gael se detuvo.

Mellizos.

No.




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