—Te quiere a ti.
El agua helada seguía subiendo alrededor de ellos.
Valentina Montenegro yacía herida entre el caos, respirando con dificultad mientras la sangre se mezclaba con el agua oscura del túnel.
Alma sintió el corazón descontrolarse.
—¿Qué significa eso? —gritó desesperada.
Pero Valentina apenas logró sonreír.
Una sonrisa rota.
Triste.
Y después cerró los ojos.
—¡Valentina! —Alma cayó de rodillas junto a ella.
Gael observó rápidamente la herida.
El disparo había atravesado el abdomen.
Demasiada sangre.
Demasiado daño.
Lucien seguía de pie al otro lado del túnel, sosteniéndose el hombro herido mientras sus hombres disparaban.
El agua ya llegaba a la cintura.
Las alarmas ensordecían el lugar.
Los sobrevivientes corrían aterrorizados.
Y aun así, lo único que Alma escuchaba era aquella frase.
“Renata te quiere a ti.”
Gael disparó nuevamente cubriéndolas.
—¡Alma, tenemos que movernos ahora!
Pero ella negó desesperadamente.
—No voy a dejarla.
Valentina abrió apenas los ojos.
Y por primera vez ya no parecía peligrosa.
Solo cansada.
Muy cansada.
—Escúchame…
Alma se inclinó rápidamente hacia ella.
Valentina tosió sangre.
—Renata… siempre estuvo obsesionada contigo…
Gael frunció el ceño mientras seguía disparando.
—¡Habla rápido!
Valentina levantó apenas la mirada hacia él.
Y sonrió con una mezcla extraña de dolor y resignación.
—No me dispares más así… todavía me duele que nunca me hayas amado.
Gael quedó inmóvil apenas un segundo.
Y eso bastó para que Lucien disparara.
La bala impactó cerca de Alma.
Gael reaccionó inmediatamente cubriéndola con su cuerpo.
El agua explotó alrededor.
—¡MALDITO HIJO DE PUTA! —rugió Gael disparando de vuelta.
Lucien sonrió desde el otro extremo del túnel.
—Cada vez te pareces más a Adrián.
Entonces el techo volvió a crujir.
Más fuerte.
Parte de la estructura colapsó detrás de Lucien separándolo momentáneamente de ellos.
El túnel se partía en dos.
Gael tomó la oportunidad inmediatamente.
—¡Nos vamos!
Pero Valentina agarró débilmente la muñeca de Alma.
—Todavía no…
Alma sintió lágrimas arder en sus ojos.
—No hables. Vamos a sacarte de aquí.
Valentina negó lentamente.
—No hay tiempo.
El agua seguía subiendo.
El muchacho de la cicatriz gritó desde uno de los corredores:
—¡El nivel cuatro ya se inundó!
Eva lloraba abrazada a los niños más pequeños.
Y en medio del horror, Valentina comenzó a hablar.
Como alguien que llevaba años esperando confesarlo todo.
—Renata creció aquí abajo conmigo…
Alma sintió el cuerpo helarse.
—¿Por qué yo?
Valentina cerró los ojos un instante.
—Porque tú eras perfecta.
Silencio.
Gael apretó la mandíbula.
Valentina continuó con dificultad:
—Tomás te eligió. Lucien te protegió. Julián te amó. Y Gael…
La mirada de Valentina se quebró.
—Gael se volvió loco por ti.
El corazón de Alma latió brutalmente.
Valentina sonrió apenas.
—Renata te odiaba por eso.
Gael observó el agua subir cada vez más.
—Alma…
Pero ella seguía escuchando.
Necesitaba entender.
Necesitaba saber por qué todo aquello estaba destruyendo sus vidas.
Valentina respiró agitadamente.
—Cuando éramos niñas… Renata me decía que algún día te quitaría todo. Tu rostro. Tu vida. Tu lugar.
Un escalofrío monstruoso recorrió a Alma.
—¿Qué…?
Valentina comenzó a temblar.
—Ella no quería al bebé. El bebé era la llave para llegar a ti.
Gael sintió el peligro explotando dentro de él.
Porque Renata estaba completamente desequilibrada.
Y eso la volvía impredecible.
Entonces Valentina dijo algo peor.
—Renata mató a alguien por ti.
El túnel entero pareció congelarse.
Alma abrió los ojos.
—¿Qué estás diciendo?
Valentina apenas pudo sostener la mirada.
—La verdadera Elise Voss no murió en un accidente.
Silencio absoluto.
Incluso Gael dejó de moverse un segundo.
—No… —susurró Alma.
Valentina comenzó a llorar.
—Renata la empujó a las llamas.
El mundo se detuvo.
El agua seguía subiendo.
Pero ya nadie parecía sentirlo.
Gael miró a Valentina fijamente.
—¿Renata asesinó a una niña?
Valentina asintió lentamente.
—Lucien nunca lo supo. Pensó que Elise murió atrapada en el incendio… pero Renata la dejó encerrada.
Alma sintió náuseas.
Porque comenzaba a entender el origen de toda aquella locura.
La obsesión de Lucien.
La sustitución.
La necesidad enfermiza de recuperar una hija perdida.
Todo había nacido de un asesinato.
Y Renata estaba en el centro.
Entonces Gael reaccionó.
—¿Dónde está Renata ahora?
Valentina levantó lentamente una mano temblorosa.
Y señaló hacia el fondo del túnel.
—En la capilla.
Alma frunció el ceño.
—¿Qué capilla?
Valentina sonrió con tristeza.
—El lugar donde Lucien hacía los rituales de adopción.
El horror atravesó el ambiente.
Gael tomó inmediatamente a Alma.
—Nos vamos ya.
Pero antes de levantarse, Valentina volvió a hablar.
—Gael…
Él se detuvo apenas.
Valentina lo observó con lágrimas silenciosas.
—Prométeme algo.
Gael sostuvo su mirada.
Y por primera vez sintió compasión verdadera por ella.
Porque aquella mujer había sido destruida desde niña.
—¿Qué quieres?
Valentina miró a Alma.
Y respondió con la voz quebrada:
—No dejes que ella se convierta en nosotros.
El silencio fue devastador.
Alma comenzó a llorar.
Porque entendió exactamente lo que quería decir.