—Ella nunca debió sobrevivir.
La voz de Helena Montenegro cayó sobre la capilla como una sentencia.
El tiempo se detuvo.
Gael sintió que el cuerpo entero se le tensaba mientras veía el arma apuntando directamente al pecho de Alma.
No.
Otra vez no.
Jamás otra vez.
El agua seguía entrando lentamente por debajo de las puertas destruidas.
Las velas titilaban.
El bebé lloraba desesperadamente en el suelo junto al altar.
Y en medio de aquella pesadilla…
Helena parecía completamente perdida.
Sus ojos ya no tenían claridad.
Ni miedo.
Ni culpa.
Solo oscuridad.
Lucien Voss observaba todo con una sonrisa enfermiza.
Disfrutando cada segundo.
Renata seguía herida en el suelo presionando su brazo ensangrentado.
Julián apenas respiraba.
Y Gael entendió algo terrible:
Todo estaba a segundos de explotar.
—Mamá… baja el arma —dijo con voz firme.
Helena ni siquiera lo miró.
Seguía observando a Alma.
Como si estuviera viendo un fantasma.
—Ella arruinó todo…
Alma sintió un escalofrío brutal.
—¿Qué está diciendo?
Lucien respondió suavemente:
—La culpa finalmente la alcanzó.
Gael endureció el rostro.
—Cállate.
Pero Helena comenzó a temblar.
Y las lágrimas aparecieron lentamente en sus ojos.
—Yo no quería hacerlo…
El corazón de Alma comenzó a latir violentamente.
Porque aquella mujer parecía al borde de un colapso total.
Lucien caminó lentamente alrededor de ella.
Como un demonio susurrando veneno.
—Cuéntales la verdad, Helena.
Gael apuntó inmediatamente a Lucien.
—Un paso más y te mato.
Lucien sonrió.
—Claro que no. Necesitas respuestas demasiado desesperadamente.
Y tenía razón.
Porque todos necesitaban respuestas.
Especialmente Alma.
Helena respiraba agitadamente.
—Tomás me obligó…
Gael frunció el ceño.
—¿A qué?
Helena cerró los ojos.
Y cuando volvió a abrirlos… estaban llenos de terror.
—A elegir.
Silencio absoluto.
El agua ya les llegaba a los tobillos.
Renata observaba la escena completamente inmóvil.
Incluso ella parecía afectada.
Helena comenzó a llorar.
—Valentina nació enferma… muy enferma…
Alma sintió un nudo en la garganta.
Lucien sonrió apenas.
Como alguien escuchando una historia conocida.
—Los médicos dijeron que no viviría mucho.
Gael tragó saliva lentamente.
—Entonces Tomás…
Helena soltó una risa quebrada.
—Tomás no quería una hija defectuosa.
El horror explotó en el ambiente.
Alma sintió ganas de vomitar.
Gael apretó los puños hasta hacerse daño.
Porque incluso después de todo…
Seguía descubriendo cosas peores sobre su padre.
Helena comenzó a temblar más fuerte.
—Yo intenté protegerla… juro que lo intenté…
Lucien la observó con fascinación cruel.
—Pero te enamoraste de Adrián y todo se volvió más complicado.
Gael giró violentamente hacia él.
—¿Qué tiene que ver Adrián con esto?
Helena respondió antes.
—Todo.
El silencio volvió a aplastarlos.
Helena bajó lentamente el arma.
Pero seguía apuntando hacia Alma sin darse cuenta.
Como atrapada dentro de sus propios recuerdos.
—Adrián quería huir conmigo… llevarse a los niños…
Gael abrió los ojos.
—¿Los niños?
Helena comenzó a llorar desesperadamente.
—Tú y Valentina.
El corazón de Alma se detuvo.
Lucien sonrió.
—Y allí empezó el verdadero desastre.
Helena asintió lentamente.
—Tomás descubrió lo nuestro… y dijo que si me iba con Adrián… jamás volvería a verlos.
Gael sintió rabia creciendo dentro suyo.
—Entonces te quedaste.
Helena soltó una risa rota.
—No. Intenté escapar igual.
El aire desapareció.
Alma sintió el cuerpo helarse.
Porque ya sabía que lo peor todavía no había llegado.
Helena levantó lentamente la mirada hacia ella.
Y sus labios comenzaron a temblar.
—Pero esa noche hubo un incendio…
Silencio.
Lucien cerró los ojos como si disfrutara el recuerdo.
—La noche que Elise Voss murió.
Helena negó violentamente.
—¡No debía morir nadie!
Entonces explotó.
Completamente.
—¡YO SOLO QUERÍA LLEVARME A MIS HIJOS!
La capilla tembló con el grito.
Gael quedó inmóvil.
Porque por primera vez veía a su madre sin máscaras.
Destrozada.
Consumida por décadas de culpa.
Helena respiró agitadamente.
—Tomás me siguió hasta el sanatorio… empezamos a pelear… hubo fuego… gritos…
Alma apenas podía respirar.
Y entonces Helena dijo las palabras que destruyeron todo:
—Y yo tomé a la niña equivocada.
Silencio absoluto.
Nadie se movió.
Nadie respiró.
El agua seguía entrando.
Pero el mundo parecía haberse detenido.
Gael sintió el corazón golpeando brutalmente.
—¿Qué…?
Helena comenzó a llorar histéricamente.
—Había humo… bebés llorando… sangre… yo pensé que eras Valentina…
Alma sintió las piernas débiles.
—¿Me llevaste por error…?
Helena asintió desesperadamente.
—Cuando salí del incendio… Tomás me encontró… y me arrebató a la niña de los brazos…
Lucien sonrió lentamente.
—Y allí comprendieron algo maravilloso.
Gael lo miró con odio puro.
Lucien abrió los brazos.
—Nadie sabía realmente quién era quién.
El horror cayó sobre todos.
Helena seguía llorando.
—Tomás dijo que podíamos arreglarlo… reemplazarla… desaparecer a Valentina…
Alma sintió que el pecho se le rompía.
Porque toda su vida había sido construida sobre un error.
Un accidente.
Una tragedia.
Gael observó a Alma.
Y verla así…
Destrozada…