—Ahora sí voy a destruirte.
La voz de Gael Montenegro no sonó humana.
Sonó como algo nacido del dolor.
Oscuro.
Salvaje.
Irreversible.
La sangre de Helena seguía cubriéndole las manos mientras avanzaba lentamente hacia Renata Volkov.
Y por primera vez…
Renata tuvo miedo de verdad.
No miedo a morir.
Miedo a él.
Al agua ya le llegaba a las rodillas dentro de la capilla subterránea.
Las velas flotaban apagadas.
El bebé lloraba desconsoladamente sobre el altar.
Julián apenas seguía consciente.
Y Lucien Voss observaba la escena como un director contemplando el clímax de su obra más enferma.
Alma sintió el corazón acelerarse violentamente.
Porque conocía esa mirada en Gael.
La había visto antes.
La noche del sanatorio.
La noche en que casi mata a un hombre por tocarla.
Pero esto era distinto.
Mucho peor.
Ahora Gael había perdido algo irrecuperable.
Y eso lo volvía verdaderamente peligroso.
Renata retrocedió lentamente.
Temblando.
—Gael… yo…
Él siguió avanzando.
—La mataste.
Renata rompió en llanto.
—¡Ella iba a abandonarte otra vez!
Gael ni siquiera parpadeó.
Lucien sonrió apenas.
Disfrutando.
Siempre disfrutando.
—Qué fascinante se vuelve el amor cuando finalmente se rompe.
Alma reaccionó inmediatamente.
—Gael, mírame.
Pero él no apartó la vista de Renata.
Como un depredador acercándose a su presa.
El agua seguía subiendo.
El complejo entero crujía.
Y aun así, el verdadero peligro estaba frente a ellos.
Renata levantó el arma temblando.
—No te acerques más…
Gael continuó caminando.
—Dispara.
El silencio explotó.
Porque todos entendieron que hablaba en serio.
No le importaba morir.
No en ese momento.
No después de perder a Helena.
Renata comenzó a hiperventilar.
—¡No me obligues!
Gael soltó una risa baja.
Fría.
Terrible.
—Tú ya elegiste.
Alma sintió terror.
Porque algo dentro de Gael estaba cruzando una línea.
Y si la cruzaba completamente…
No volvería jamás.
Lucien observó a Alma discretamente.
Y sonrió.
Como si hubiera esperado exactamente aquello.
Entonces habló suavemente:
—Mátala, Gael.
Todos giraron hacia él.
Lucien parecía hipnotizado.
Fascinado.
—Hazlo por amor. Hazlo por dolor. Hazlo como Adrián habría hecho.
Gael endureció la mandíbula.
Y por un instante Alma creyó que realmente iba a disparar.
Entonces ella corrió hacia él.
Lo abrazó desde atrás.
Con fuerza.
Desesperadamente.
—No lo hagas…
Gael quedó inmóvil.
El cuerpo entero tenso.
Respirando agitadamente.
Alma apoyó la frente en su espalda mojada y ensangrentada.
—No te conviertas en ellos…
Las palabras atravesaron algo dentro de él.
Porque era Alma.
Siempre Alma.
La única capaz de alcanzarlo incluso cuando la oscuridad lo consumía.
Gael cerró lentamente los ojos.
Y el arma descendió apenas unos centímetros.
Renata comenzó a llorar más fuerte.
Porque entendió inmediatamente lo que acababa de pasar.
Incluso en el momento más monstruoso de su vida…
Gael seguía escuchando a Alma antes que a cualquier otra persona.
Y aquello terminó de destruirla.
—¡¿Por qué ella?! —gritó desesperadamente—. ¡¿Por qué siempre ella?!
El dolor en su voz era insoportable.
Real.
Humano.
Pero también completamente roto.
Alma soltó lentamente a Gael y la observó con lágrimas en los ojos.
—Porque el amor no se obliga, Renata…
Aquella frase cayó como un disparo.
Renata sonrió entre lágrimas.
Una sonrisa vacía.
—Claro… tú sí sabes amar de forma perfecta.
Alma negó lentamente.
—No. Solo sé que esto no es amor.
El silencio volvió a llenar la capilla.
Lucien comenzó a aplaudir lentamente.
Una vez.
Dos.
Tres.
—Magnífico.
Gael giró violentamente hacia él.
—Te juro que voy a matarte.
Lucien inclinó apenas la cabeza.
—Y aun así sigues siendo mi obra favorita.
El odio explotó en los ojos de Gael.
Pero antes de que pudiera moverse…
El suelo tembló violentamente.
Una explosión.
Muy cerca.
Parte del techo colapsó detrás del altar.
Agua entró con fuerza brutal.
El nivel subió de golpe hasta la cintura.
Julián gritó de dolor al caer parcialmente con la silla.
El bebé comenzó a llorar desesperadamente.
Y el caos volvió.
Gael reaccionó inmediatamente.
Corrió hacia el bebé.
Lo tomó en brazos.
Y aquella sola imagen golpeó algo dentro de Alma.
Porque incluso cubierto de sangre y destrucción…
Gael sostenía al niño con una delicadeza conmovedora.
Como si jamás permitiera que el horror lo tocara.
Lucien observó aquello atentamente.
Y sonrió.
—Habrías sido un padre extraordinario.
El comentario cayó como una bomba silenciosa.
Gael quedó inmóvil apenas un segundo.
Alma también.
Porque ambos habían pensado lo mismo demasiadas veces.
Un futuro.
Una familia.
Algo imposible dentro de aquella locura.
Renata vio la expresión entre ambos.
Y algo terminó de romperse definitivamente en ella.
—No…
Retrocedió lentamente.
Negando.
—No pueden mirarse así después de todo esto…
Gael ignoró completamente sus palabras.
Solo observaba el agua subir cada vez más.
—Tenemos que salir ya.
Lucien rio suavemente.
—No hay salida.
Dante apareció entonces en la entrada destruida de la capilla.
Empapado.
Herido.
Armado.
Y acompañado por Adrián Belmonte.
El aire cambió inmediatamente.