Deseo Salvaje

CAPÍTULO 33 — LA MUJER DETRÁS DE LA PUERTA

La voz salió de la oscuridad como un susurro venido desde una tumba.

Y aun así…

Todos la reconocieron.

Alma sintió que el cuerpo entero se le paralizaba.

Gael apretó su mano instintivamente mientras el agua seguía subiendo alrededor de ellos y las alarmas convertían el túnel en un infierno rojo.

No podía ser.

Era imposible.

Porque esa voz pertenecía a una mujer muerta.

—No… —murmuró Adrián Belmonte con el rostro completamente pálido.

La puerta metálica terminó de abrirse lentamente con un chirrido profundo.

El aire que salió de allí era distinto.

Más frío.

Más seco.

Como si detrás de esa compuerta existiera otro mundo enterrado bajo la mansión Montenegro.

Entonces apareció ella.

Tacones negros.

Vestido oscuro pegado al cuerpo.

Cabello húmedo cayendo sobre un rostro elegante y aterradoramente familiar.

Alma retrocedió un paso.

Gael sintió que el corazón le explotaba en el pecho.

Porque la mujer que emergía desde las sombras tenía los mismos ojos que Alma.

Los mismos.

Exactamente los mismos.

Renata dejó escapar una carcajada nerviosa.

—Oh, esto sí que es hermoso…

Valentina bajó lentamente el arma, completamente aturdida.

Lucien Voss observó a la mujer como si hubiera visto regresar un fantasma del infierno.

Y Tomás Montenegro…

Sonrió.

—Sabía… que vendrías…

La mujer caminó lentamente hacia ellos mientras el agua golpeaba sus piernas.

No parecía preocupada por las explosiones.

Ni por el derrumbe.

Ni por las armas.

Parecía alguien acostumbrada a caminar entre cadáveres.

—Helena Montenegro murió esta noche —dijo con una calma escalofriante—. Pero Helena nunca fue la verdadera dueña de esta familia.

Alma tragó saliva.

—¿Quién eres?

La mujer la miró fijamente.

Y por un segundo, el mundo desapareció.

Porque Alma sintió algo imposible.

Conexión.

Dolor.

Miedo.

Como si una parte olvidada de su alma reconociera a esa mujer antes que su memoria.

—Mi nombre… —susurró ella—… es Eva Ferretti.

El apellido golpeó el túnel como otra explosión.

Valentina abrió los ojos horrorizada.

Lucien quedó inmóvil.

Gael miró rápidamente a Alma.

Ferretti otra vez.

Todo volvía a esa familia.

Eva sonrió apenas al ver la reacción de Valentina.

—Sí… querida. Soy hermana de Elisa Ferretti.

El rostro de Valentina perdió todo color.

—Mi madre…

—Tu verdadera madre.

Lucien dio un paso hacia Eva lentamente.

Peligrosamente.

—Tú desapareciste hace veinte años.

Eva lo miró sin miedo.

—No. Tú me hiciste desaparecer.

El silencio se volvió insoportable.

Adrián cerró los ojos unos segundos.

Como si acabara de comprender algo que llevaba décadas enterrado.

Tomás empezó a toser sangre otra vez.

—Eva… —murmuró—. Diles la verdad…

Ella lo ignoró.

Sus ojos estaban clavados únicamente en Alma.

Y aquello comenzó a aterrarla más que las bombas.

Gael se puso ligeramente delante de ella.

Protegiéndola.

Eva observó ese gesto.

Y sonrió con tristeza.

—Siempre fue igual a él…

Gael frunció el ceño.

—¿A quién?

Pero Eva no respondió.

Otra explosión sacudió el túnel.

Parte del techo colapsó detrás de Renata y Julián.

Dante alcanzó a apartarlos antes de que toneladas de concreto aplastaran el lugar donde estaban segundos antes.

El agua ya les llegaba casi al pecho.

El bebé lloraba desesperadamente.

Alma reaccionó primero.

—¡Tenemos que salir de aquí!

—Todavía no —dijo Eva.

La forma en que lo dijo hizo que todos se congelaran.

Porque no sonó como una sugerencia.

Sonó como una orden.

Lucien la observaba con odio contenido.

—Sigues manipulando a todos…

Eva soltó una risa baja.

—¿Manipular? Tú traficabas niñas, Lucien. No uses palabras elegantes para sentirte mejor.

Eso golpeó incluso a Gael.

Lucien apretó la mandíbula.

Valentina lo miró horrorizada.

—¿Eso es verdad…?

Lucien no respondió.

Y ese silencio fue suficiente.

Valentina retrocedió lentamente, rota por dentro.

Eva avanzó hasta quedar frente a Alma.

Muy cerca.

Demasiado.

—Tú… —susurró Alma—. ¿Por qué tienes mis ojos?

Eva levantó una mano lentamente.

Rozó el rostro de Alma.

Gael reaccionó de inmediato agarrándole el brazo.

—No la toques.

Los ojos de Eva se clavaron en él.

Y por primera vez algo se quebró en su expresión.

Emoción.

Profunda.

Peligrosa.

—Ahora entiendo por qué ella te eligió…

Gael sintió un escalofrío.

—¿Quién?

Eva miró nuevamente a Alma.

Y finalmente dijo las palabras que destruyeron el poco equilibrio que quedaba.

—Porque yo soy tu madre.

El mundo se detuvo.

Literalmente.

El agua.

Las explosiones.

Los gritos.

Todo desapareció para Alma.

Su respiración se quebró.

—No…

Gael la sostuvo antes de que cayera.

Alma comenzó a negar desesperadamente con la cabeza.

—No. Mi madre murió cuando yo era niña…

Eva sonrió tristemente.

—Eso fue lo que Helena quiso que creyeras.

Alma sintió náuseas.

Toda su vida comenzó a desmoronarse delante de sus ojos.

Los recuerdos.

Las fotos.

Los documentos.

Todo podía haber sido falso.

Gael miró a Tomás con furia salvaje.

—¿Qué mierda hicieron?

Tomás cerró los ojos.

—Intentamos sobrevivir…

—¡DESTROZANDO VIDAS!

Otra explosión.

Más fuerte.

La estructura crujió violentamente.

Agua helada irrumpió desde una grieta superior.

Dante gritó:

—¡EL TÚNEL NO VA A RESISTIR MUCHO MÁS!

Pero nadie podía moverse.




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