—Por fin he despertado.
La voz de Lyren salió de los labios del niño.
Y la existencia entera se inclinó.
No fue una metáfora.
No fue una sensación.
Fue real.
Las estrellas visibles a través de las grietas del cielo comenzaron a girar.
Los símbolos antiguos de la montaña reaparecieron.
Las corrientes de energía que atravesaban los mundos cambiaron de dirección.
Y en algún lugar lejano, más allá de las dimensiones conocidas, algo que había permanecido dormido durante eternidades abrió los ojos.
Gael sintió la piel erizarse.
Porque aquella voz no era poderosa.
Era algo mucho más aterrador.
Era familiar.
Como si hubiera estado presente en cada momento importante de la historia.
Como si todas las cosas vivas la recordaran.
Aunque jamás la hubieran escuchado.
El niño descendió lentamente al suelo.
Pero ya no parecía un niño.
Seguía teniendo el mismo cuerpo.
Las mismas pequeñas manos.
El mismo rostro inocente.
Y aun así…
algo había cambiado.
La luz que lo rodeaba no brillaba.
Respiraba.
Como si estuviera viva.
Como si fuera consciente.
Como si reconociera a todos los presentes.
El Primigenio temblaba.
Las lágrimas continuaban cayendo.
Pero ahora no eran lágrimas de dolor.
Eran lágrimas de incredulidad.
—Lyren…
susurró.
La pequeña figura giró hacia él.
Y sonrió.
Aquella sonrisa.
Aquella sonrisa que había perseguido durante una eternidad.
Aquella sonrisa por la que había destruido mundos.
Por la que había cometido errores imposibles.
Por la que había sacrificado todo.
—Hola.
dijo Lyren.
El Primigenio se quebró.
Simplemente se quebró.
Cayó de rodillas.
Y lloró.
Como nunca había llorado.
Como un hombre que acababa de recuperar aquello que consideraba perdido para siempre.
Nadie habló.
Nadie se atrevió.
Porque estaban contemplando algo sagrado.
Algo que trascendía la guerra.
La profecía.
La creación.
La destrucción.
Estaban contemplando un reencuentro.
Pero Gael sintió que algo no encajaba.
Algo importante.
Algo peligroso.
Porque si Lyren nunca había muerto…
entonces había una pregunta inevitable.
Una pregunta que nadie parecía dispuesto a formular.
Excepto él.
—¿Dónde estuviste?
El silencio cayó nuevamente.
Lyren giró lentamente.
Y por primera vez la tristeza apareció en sus ojos.
—En todas partes.
respondió.
La montaña vibró.
Las memorias comenzaron a despertar.
Y nuevas imágenes aparecieron alrededor.
Imágenes que nadie esperaba.
Mostraban cada momento importante de la historia.
La caída de Elyon.
La división.
El nacimiento de Astrael.
La corrupción de Caelum.
El encierro de Seraphine.
Las guerras.
Las pérdidas.
Las tragedias.
Y en cada una de ellas…
había una presencia invisible.
Una luz apenas perceptible.
Observando.
Guiando.
Protegiendo.
—No…
susurró Seraphine.
Porque comprendía.
Finalmente comprendía.
Lyren nunca había desaparecido.
Nunca.
Había estado allí.
Siempre.
Como una corriente silenciosa.
Como una mano invisible.
Como una voz que nadie escuchaba conscientemente.
Pero que todos sentían.
—Fuiste tú.
murmuró Gael.
Las piezas encajaban.
—Los sueños.
Las visiones.
Las coincidencias.
Las decisiones imposibles.
Lyren asintió.
—No podía intervenir directamente.
La luz vibró suavemente.
—Pero podía acompañarlos.
El Primigenio cerró los ojos.
Porque aquella verdad resultaba hermosa.
Y devastadora.
Al mismo tiempo.
Entonces ocurrió algo inesperado.
El Testigo comenzó a reír.
Una risa suave.
Triste.
Cansada.
Todos giraron hacia él.
La gigantesca entidad observaba a Lyren.
Y por primera vez desde que apareció…
no parecía peligrosa.
Parecía derrotada.
—Claro.
murmuró.
—Por supuesto.
Las lágrimas descendían por su rostro.
—Siempre fuiste más inteligente que nosotros.
Lyren sonrió.
—Nunca se trató de inteligencia.
—Entonces ¿de qué se trató?
preguntó el Testigo.
La respuesta tardó apenas un segundo.
Pero cambió todo.
—De confianza.
El silencio fue absoluto.
Porque aquella palabra golpeó cada una de sus almas.
El Testigo bajó la cabeza.
Y comprendió.
Finalmente comprendió.
El Primigenio había intentado controlar.
Él había intentado manipular.
Caelum había intentado salvar.
Todos habían intentado imponer soluciones.
Forzar resultados.
Dominar el destino.
Y mientras ellos hacían eso…
Lyren simplemente había confiado.
Confiado en que encontrarían el camino.
Confiado en que aprenderían.
Confiado en que el amor sobreviviría.
Confiado en que la historia podía sanar.
Gael sintió un nudo en la garganta.
Porque aquella era la lección que había estado escondida desde el principio.
La lección detrás de todas las tragedias.
Pero entonces el suelo comenzó a temblar.
Otra vez.
Más fuerte.
Mucho más fuerte.
Lyren se quedó inmóvil.
La sonrisa desapareció.
Y por primera vez…
pareció preocupada.
El Primigenio lo notó inmediatamente.
—¿Qué ocurre?
La respuesta llegó en forma de un susurro.
Un susurro tan bajo que apenas parecía audible.
—Es demasiado tarde.
La temperatura descendió.
Las estrellas comenzaron a apagarse.
Una por una.
Lentamente.
Inexorablemente.
Gael sintió que el corazón se aceleraba.