Después de nosotros

CAPITULO 4 -La fiesta y la graduación

Y entonces llegó el día de la fiesta de graduación.

La euforia, el ruido y las emociones flotaban en el aire. Vestidos brillantes, risas constantes, abrazos interminables y algunas lágrimas —por coincidencias incómodas y despedidas inevitables— se mezclaban en el ambiente.

Elegí sentarme con mi círculo íntimo de amigas, aunque solo dos estaban presentes; la tercera había decidido no asistir. Jóvenes decisiones. Observé el salón mientras llegaban los estudiantes de ciencias y humanidades de sexto año. Era una celebración que cerraba un ciclo y abría otro completamente desconocido.

La elección de la reina fue interesante, aunque no estuve de acuerdo con la forma en que se llevó a cabo. Aun así, sabía que para la reina y el rey sería una experiencia inolvidable.

De pronto, alguien se colocó a mi lado. Al alzar la vista, la reconocí de inmediato: la chica que durante todo el año se había encargado de capturar nuestros momentos en fotografías. Su presencia siempre alborotaba el ambiente. Sonreí. Anna tenía esa energía contagiosa.

—Alaia, vamos a tomarnos unas fotos.

Antes de que pudiera responder, tomó una foto de nuestra mesa. Luego me levanté y caminé por el salón buscando a Raúl, pero no lo vi. En cambio, mis ojos se detuvieron en Luis y Jannette. Sus atuendos combinaban, y la cercanía entre ellos era evidente. Algo estaba pasando. ¿Me dolió? No. Al contrario, no pude evitar notar lo compatibles que parecían.

Regresé a mi mesa.

—No puedo creer que María decidiera no venir —dijo Vanesa, picando la comida con desgano.
—Yo tampoco, pero fue su decisión —respondió Lily con suavidad—.

Yo bebí de mi soda en silencio; entendía a María.
—Solo espero que vaya a la graduación —añadió Vanesa, irritada—. Le escribiré ahora mismo.

Reí al verla enviarle un audio amenazante.

—¿De qué te ríes? —preguntó Lily—. Más te vale que tú sí vayas a la graduación o te recuerdo lo que pasó en tercer año.

Vanesa me miró fijamente.

—Alaia…

Suspiré, resignada.

—Iré, claro que iré. Solo falté aquella vez porque pensamos que nos veríamos en cuarto año.
—Eso espero —dijo Vanesa—. Quiero mi foto de las cuatro.

Mientras hablaban, sentí la silla a mi lado moverse. Al girar, ahí estaba él, sonriendo con su esmoquin azul navy.

—¿Me extrañaste?

Escuché las risas de mis amigas de fondo y, sin saber por qué, fruncí el ceño.

—¿Tenía que extrañarte? —repliqué, cruzándome de brazos—.
—Claro que sí —respondió, pasando su brazo por detrás de mi silla—. Cuando llegué fui al baño y luego vine directo aquí.

Y así comenzó una larga noche de conversaciones. Anna nos hizo levantarnos para tomarnos una foto juntos, y mientras nuestros compañeros dejaban el alma en la pista de baile, nosotros permanecimos allí, sentados en aquella mesa redonda de mantel blanco, hablando de todo y de nada.

Pasamos la noche juntos, tranquilos, como si el ruido del mundo no existiera.

El día de la graduación llegó más rápido de lo que había imaginado. Mientras escuchaba el discurso de la estudiante con el primer puesto de toda la escuela, los recuerdos construidos durante el año desfilaron frente a mis ojos. Aplaudíamos, lanzábamos los birretes al aire y, aunque sonreía, las lágrimas luchaban por salir. Sabía que, a partir de ese momento, cada uno de nosotros tomaría caminos distintos. Algunos conservarían la amistad; otros, inevitablemente, se irían alejando.

Al observar a mis compañeros y amigos, ver la felicidad reflejada en sus rostros —una felicidad que también era mía— me hizo pensar: fue bueno haber venido.

Cuando el protocolo llegó a su fin, el lugar se llenó de movimiento. Los familiares se acercaban con emoción a sus acudientes, se formaban grupos para las fotos, los amigos se abrazaban entre risas y lágrimas. La algarabía era intensa, apenas contenida.

Lo busqué con la mirada.

Y supe que él hacía lo mismo, porque lo vi mover la cabeza de un lado a otro hasta que, finalmente, nuestros ojos se encontraron. Sonreímos. Sin embargo, él estaba rodeado de sus amistades y yo me encontraba con mi familia, lista para salir del lugar. Nunca me han gustado los espacios llenos de gente; me abruman.

Fue la última vez que nos vimos en persona.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.