Después de Nosotros

CAPÍTULO 1: CONOCIMIENTO

Diana Lennon Benson tenía diecisiete años y una personalidad imposible de ignorar. Diana tenía carácter: era directa, a veces demasiado, y nunca tenía miedo de decir lo que pensaba, incluso cuando sabía que sus palabras podían incomodar a alguien.

Tampoco se consideraba una estudiante perfecta. Cumplía con sus deberes y hacía sus tareas, pero estudiar no era precisamente su mayor interés. Prefería pasar el tiempo riendo con sus amigas, conversando en los recreos o simplemente disfrutando el momento sin preocuparse demasiado por las notas. Aún estaba en el colegio, y ese sería su último año antes de terminar.

Tenía dos hermanas. Carla, la mayor, tenía veintidós años y parecía tener siempre todo bajo control. Era responsable, daba buenos consejos y muchas veces terminaba regañando a Diana cuando hacía algo impulsivo. Luego estaba Karen, la pequeña de la familia, con apenas diez años. A pesar de sus diferencias, Diana quería mucho a sus hermanas, aunque eso no evitaba las discusiones típicas entre ellas.

Pero si había algo que realmente marcaba su vida… eran sus amigas. Tenía cinco amigas inseparables: Sofia, Helen, Dora, Victoria y Alejandra.

Con Helen, Dora, Victoria y Alejandra se conocía prácticamente desde siempre, desde el kínder. Habían crecido juntas compartiendo juegos, secretos, peleas tontas y reconciliaciones. Cuando estaban juntas, era imposible que pasaran desapercibidas. Reían fuerte, hablaban de todo y rara vez se tomaban algo demasiado en serio. No eran las alumnas más aplicadas del colegio. Sofia, en cambio, había llegado al colegio tres años atrás.

Leandro Brown Smith, un joven de dieciocho años. Era el tipo de chico que llamaba la atención sin necesidad de intentarlo. Alto, seguro de sí mismo y con una presencia que hacía que muchas miradas se volvieran hacia él cuando entraba a un lugar.

Tenía un carácter fuerte. No era de los que hablaban demasiado sobre lo que sentía. De hecho, rara vez mostraba sus emociones. Si alguien le gustaba, jamás lo diría abiertamente.

A pesar de su actitud algo distante, era un buen estudiante. Le gustaba destacar en clases y tenía facilidad para aprender. También era extrovertido, coqueto cuando quería serlo, y bastante terco cuando tomaba una decisión.

En su familia también tenía una hermana mayor: Camila, quien ya estaba en la universidad y solía molestarlo diciendo que pronto le tocaría enfrentar el mundo real.

Otro de los primos era, Jacob Johnson Brown, también de dieciocho años. Era muy diferente a Leandro.

Aunque también era atractivo y tenía una presencia agradable, su personalidad era mucho más reservada cuando se trataba de las chicas. Era un poco tímido en ese aspecto. No sabía muy bien qué decir cuando hablaba con alguien que le gustaba.

Sin embargo, en otros aspectos era bastante seguro. Era responsable, aplicado y uno de los estudiantes más constantes en el colegio. Sus profesores lo apreciaban porque siempre entregaba sus tareas y se esforzaba por hacer bien las cosas.

En su casa vivía con sus dos hermanos menores: David, de once años, y Abel, de seis. Muchas veces terminaba ayudándolos con sus tareas o jugando con ellos cuando tenía tiempo libre.

El último de los primos era Derek Jones Brown, tenía veintiún años y ya estaba en la universidad. A diferencia de sus primos, Derek tenía una personalidad más abierta y espontánea. Era extrovertido, carismático y divertido.

Le gustaba hablar con las personas, conocer gente nueva y disfrutar cada momento. Pero también tenía un pequeño problema. Se enamoraba demasiado rápido. Le bastaba una sonrisa, una conversación interesante o una mirada especial para comenzar a sentir algo más profundo. Aun así, también era una persona detallista, de esas que recuerdan fechas importantes y pequeños detalles que otros pasan por alto.

En su familia tenía dos hermanos menores: Josué, de doce años, y Antonio, de siete. Y también una hermana mayor, Mayra, de veintiocho años.

Pero lo que pocos sabían era que estos tres chicos tenían algo más en común. Eran primos de Sofia.

Aunque sus vidas parecían seguir caminos completamente distintos, el destino tenía una curiosa forma de cruzar historias. Muy pronto, todos ellos terminarían conectados de una manera que ninguno había imaginado. Y en el centro de todo… estaría Diana.




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