Después de Nosotros

CAPÍTULO 4: LA ÚLTIMA FILA

Al fondo del salón, en la última fila, estaban sus amigas: Sofia, Helen, Dora, Victoria y Alejandra. Como siempre, ocupaban casi todo el espacio, inclinadas unas hacia otras, riendo en susurros y revisando sus celulares antes de que llegara el profesor.

Diana caminó hacia ellas intentando parecer tranquila, aunque por dentro todavía sentía el estrés de la mañana.

Dejó su mochila junto al pupitre de Sofia y se sentó a su lado. Detrás estaban Helen y Dora; delante, Victoria y Alejandra. Era su lugar habitual. Su pequeño territorio dentro del aula.

—Hola, chicas —saludó, acomodándose el cabello.

—Hola —respondieron casi al mismo tiempo.

Helen la observó con atención.

—¿Por qué llegaste tarde?

Diana suspiró y apoyó el mentón en la palma de su mano.

—Me dormí… no escuché mi alarma.

—Siempre lo mismo —bromeó Dora, sonriendo.

Pero Victoria no sonreía.

—¿Hiciste la tarea de física?

El corazón de Diana dio un pequeño salto.

La tarea.

Su mente se quedó en blanco unos segundos.

No.

No la había hecho.

—No… —murmuró—. Me olvidé. Por favor, háganme copiar.

Sofia soltó una pequeña risa.

—Nadie lo hizo.

—¿Qué? —susurró Diana alarmada.

El profesor de física no era precisamente comprensivo.

—Pero le diré a Noelia que nos haga copiar —añadió Sofia con seguridad.

Se levantó y caminó hacia la tercera fila. Noelia estaba sentada junto a Irene. Diana bajó la mirada, pero no pudo evitar observar de reojo.

Sofia era prima de Irene, por alguna razón Sofia odiaba a Irene.

Diana, ya sabía el por qué la odiaba, todas sabían, y por esa razón, se alejaron de Irene.

Antes de que Sofia entrara al colegio, Helen, Dora, Victoria, Alejandra y Diana, eran amigas de Irene. Muy unidas. Reían juntas, almorzaban juntas, se contaban secretos.

Desde entonces, Irene solo se juntaba con Noelia. Y ellas… eligieron a Sofia.

Diana sintió una leve incomodidad en el pecho. Había algo que la inquietaba. Algo que no le gustaba recordar. Sin querer, su pensamiento volvió a una persona en particular, Irene.

Durante mucho tiempo, ella y sus amigas la habían tratado mal. No había sido algo que ocurriera solo una vez; había sido constante. Comentarios en voz baja cuando Irene pasaba por el pasillo, risas que claramente iban dirigidas hacia ella, miradas de burla, bromas que para ellas parecían inofensivas… pero que, en el fondo, sabían que no lo eran.

Recordaba perfectamente cómo Irene solía caminar con la mirada baja, intentando ignorarlas. Y aun así, nunca respondía. Nunca discutía. Nunca buscaba problemas.

Diana tragó saliva. Lo que más le incomodaba no era solo lo que habían hecho… sino lo que Irene había hecho después. Porque, a pesar de todo, Irene jamás fue cruel con ellas.

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Sofia regresó minutos después, con una sonrisa satisfecha.

—Listo. Nos pasará la tarea.

En ese momento, el profesor entró al aula con su carpeta bajo el brazo.

—Buenos días, alumnos.

—Buenos días —respondieron en coro.

—Llamaré lista y, de manera ordenada, traen su tarea al escritorio.

El pánico silencioso comenzó. Entre susurros rápidos y hojas pasando de mano en mano, comenzaron a copiar a toda velocidad.

Diana escribía casi sin levantar el lápiz, intentando que su letra no delatara la prisa. Su corazón latía fuerte cada vez que escuchaba un nombre en la lista.

Cuando finalmente terminó, soltó el aire despacio.

Habían logrado entregar la tarea justo a tiempo.




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