Las discotecas no eran algo nuevo para Diana. Ya había salido antes, había tomado algunas veces, había estado en fiestas parecidas.
No era una santa.
Pero esa noche había sido distinta.
No sabía exactamente por qué.
Era una sensación extraña… como si algo fuera a pasar.
Como si ese lugar, esa noche, tuviera algo diferente a todas las demás.
Y entonces apareció aquel mensaje en su celular.
—¿Dónde estás?
Diana lo había leído mientras caminaba rápido por la vereda, mirando las luces del lugar al final de la calle.
—Ya estoy por llegar —respondió.
Cuando llegó al lugar, las luces de colores iluminaban la entrada y la música se escuchaba incluso desde afuera. Varias personas conversaban en la puerta mientras otras entraban y salían.
Diana se detuvo un momento frente a la entrada.
Respiró hondo.
Sacó su celular para revisar la hora.
Luego levantó la mirada hacia la puerta.
Y finalmente entró.
—¡Por aquí! —dijo Sofía, caminando con seguridad entre la gente.
El lugar estaba lleno, pero parecía que Sofía conocía a casi todos. Saludaba a algunas personas con la mano mientras avanzaban hacia una mesa grande cerca de la pista.
Allí había varios chicos y chicas conversando.
—Chicos, ella es mi amiga, Diana —anunció Sofía cuando llegaron.
Las miradas se dirigieron hacia ellas.
Algunos saludaron con una sonrisa o un gesto de cabeza.
Sofía comenzó a señalar a las personas de la mesa.
—Y ellos son mis primos.
Primero señaló a un chico alto de cabello oscuro.
—Él es Derek.
Derek levantó la mano con una sonrisa confiada.
—Mucho gusto.
Luego señaló a otro chico que estaba sentado un poco más atrás.
—Él es Jacob.
Jacob saludó con una pequeña sonrisa, algo más tímido que el resto.
Diana asintió educadamente mientras los observaba.
Pero entonces Sofía señaló al último.
—Y él es…
En el momento en que Diana levantó la mirada, su corazón se detuvo por un segundo.
—Leandro.
Por un instante, el ruido de la música pareció desaparecer.
Diana abrió ligeramente los ojos, sorprendida. Pero reaccionó rápido. Intentó disimularlo.
—Mucho gusto —dijo Leandro con una pequeña sonrisa.
Diana tardó apenas un segundo en responder.
—Igualmente.
Sofía no notó nada extraño.
Pero Diana sí. Porque ellos ya se conocían.
Y ninguno de los dos esperaba encontrarse allí.
Durante unos segundos, ambos mantuvieron la mirada.
Había sorpresa… pero también algo más.
Un recuerdo.
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Editado: 24.03.2026