Todo había empezado semanas atrás.
Diana recordaba perfectamente ese día, como si su mente hubiera decidido guardarlo con más detalle del necesario. No era un recuerdo importante… o al menos no lo parecía en ese momento. Pero había algo en él que se había quedado, como una sensación difícil de explicar.
Había salido del colegio más tarde de lo normal. Se había quedado conversando con Helen y Dora cerca de la puerta, riéndose de cosas sin importancia, alargando la despedida como siempre.
—Ya, ahora sí me voy —había dicho Diana entre risas.
Pero no se fue de inmediato.
Nunca lo hacía.
Cuando finalmente decidió caminar hacia su casa, el sol ya comenzaba a bajar lentamente. El cielo estaba teñido de tonos anaranjados y dorados, y el aire tenía esa calma especial de las tardes que están por terminar.
Caminaba por la acera con su mochila colgando de un hombro, distraída en sus propios pensamientos.
Pensaba en las tareas que tenía pendientes.
En lo cansada que estaba.
En cualquier cosa… menos en lo que estaba a punto de pasar.
Y entonces…
**chocó con alguien.**
El impacto no fue fuerte, pero sí lo suficiente para sacarla completamente de su distracción. Sus manos se tensaron por reflejo, sujetando su mochila con más fuerza.
—Oye, cuidado —dijo una voz masculina.
Diana levantó la mirada de inmediato.
Y por un instante…
**se quedaron viendo.**
El chico frente a ella también parecía sorprendido. No estaba molesto, ni incómodo. Más bien… atento.
Su expresión era seria, pero no fría.
Sus ojos estaban fijos en los de ella, como si intentara entender algo.
Diana sintió un leve desconcierto.
No sabía exactamente por qué.
Tal vez era la forma en que la miraba. Tal vez era lo inesperado del momento.
O tal vez era esa sensación extraña de que algo, aunque pequeño, acababa de pasar. Pero ninguno de los dos dijo nada. El tiempo pareció detenerse por un segundo. Uno de esos segundos breves… pero intensos.
Hasta que una voz interrumpió el momento.
—Leandro, ¿vas a venir o qué?
Diana desvió la mirada.
Una chica estaba unos pasos más adelante, mirándolos con cierta impaciencia, pero también con una expresión divertida, como si la escena le resultara familiar.
Leandro reaccionó primero.
Se movió ligeramente hacia un lado, rompiendo esa conexión silenciosa.
—Lo siento —dijo, con un tono tranquilo.
Diana bajó un poco la mirada, sintiendo un leve calor en el rostro.
—Yo también —respondió rápidamente.
No sabía por qué se sentía así.
Solo había sido un choque.
Nada más.
Sin decir nada adicional, ambos siguieron su camino. Sin darse cuenta, giró ligeramente la cabeza.
Y, como si fuera un reflejo…
**él también lo hizo.**
Sus miradas se encontraron una vez más.
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Editado: 05.04.2026