Días después, Carla insistió en que la acompañara a una fiesta.
Diana no tenía muchas ganas de ir. Había tenido días pesados y lo único que quería era descansar. Pero su hermana no era de aceptar un “no” tan fácilmente.
—Solo un rato —había terminado diciendo Diana, casi resignada.
—Eso dices siempre —respondió Carla con una sonrisa—. Y siempre te quedas más tiempo.
Cuando llegaron, la música ya se escuchaba desde afuera. Las luces de colores iluminaban la entrada y el ambiente era exactamente lo que se esperaba de una fiesta así: risas, voces altas, gente entrando y saliendo, y ese aire de desorden que, de alguna forma, resultaba divertido.
Diana entró junto a su hermana, observando todo a su alrededor. No conocía a muchas personas ahí, pero eso no le incomodaba. Sabía adaptarse.
Se movía entre los grupos, saludando a algunos conocidos, hasta que Carla la tomó del brazo.
—Diana, ven —dijo—. Te voy a presentar a unos amigos.
Diana se acercó sin mucha expectativa. Carla comenzó a presentarla con naturalidad, nombrando a cada uno mientras ellos la saludaban con sonrisas y comentarios ligeros.
No era nada fuera de lo común.
Después de unos minutos, Carla se fue a bailar con uno de sus amigos, dejándola en el grupo.
No pasó mucho tiempo antes de que un chico se acercara a Diana.
—¿Bailas? —preguntó con una sonrisa confiada.
Diana dudó un segundo, pero luego asintió.
—Está bien.
Fueron a la pista. Bailaron un rato. Nada especial. Solo música, movimiento y ese ambiente típico que hacía que todo se sintiera más ligero.
Pero después de un tiempo, Diana empezó a cansarse.
—Voy al baño —dijo, apartándose un poco.
—Te acompaño —respondió el chico de inmediato.
Diana no le dio demasiada importancia. Asintió y, antes de irse, se acercó a Carla para avisarle.
—Voy al sanitario —le dijo cerca del oído.
Carla apenas asintió, concentrada en la música.
Diana caminó hacia el pasillo que llevaba a los baños. El ruido de la fiesta se hacía más lejano ahí, más apagado.
Entró, se miró al espejo unos segundos, acomodó su cabello y respiró profundo.
Necesitaba un momento.
Cuando salió…todo cambió.
El chico que la había acompañado estaba esperándola.
Al principio no le pareció extraño.
Pero cuando él se acercó demasiado, Diana sintió una incomodidad inmediata.
—Oye… —murmuró, dando un pequeño paso hacia atrás—. Ya está bien.
Pero él no se detuvo.
Intentó acercarse más.
Diana frunció el ceño.
—Aléjate —dijo, esta vez más firme.
El chico no hizo caso.
Intentó sujetarla del brazo.
—Te dije que te alejes —insistió, ahora claramente incómoda.
Pero él no se detenía.
Y eso hizo que su incomodidad se transformara en enojo.
—Vete —dijo, empujándolo ligeramente.
El chico solo sonrió, como si no tomara en serio sus palabras.
Y entonces
—Ya te dijo que la dejes en paz…
#5965 en Novela romántica
#1495 en Novela contemporánea
drama juvenil, colegio iluciones amorosas, triángulo amoroso”
Editado: 05.04.2026